martes, 25 de julio de 2017

Alibert (IV): Aportaciones clínicas





Jean-Louis Alibert

Clinique de l'Hôpital de Saint-Louis ou Traitement Complet des Maladies de la Peau

Grabado. Biblioteca Henri Feulard. 
Hospital de Saint-Louis, París. 



En 1833, Alibert publicó su "Clinique de l'Hôpital de SaintLouis ou Traitement Complet des Maladies de la Peau", obra que fue traducida al alemán y al italiano. En ella se contiene la definitiva exposición de la "nosología natural", debidamente perfeccionada.

Su experiencia clínica era realmente sorprendente. Describió por vez primera el queloide verdadero, del que nos ha dejado una descripción realmente clásica:

       "Si nos representamos un cangrejo, o cualquier otro crustáceo, implantado bajo la piel con sus patas extendidas, tendremos una idea exacta de esta excrecencia singular"

Otra de sus aportaciones fue la primera descripción de la micosis fungoide, que pudo observar en un paciente llamado Lucas, del que describió que sus tumores:

       "...tienen el aspecto y la consistencia de tomates maduros..."

La forma tumoral se conoce aún hoy en todo el mundo bajo el nombre de variedad de Alibert-Bazin. Su nombre ha quedado vinculado a muchas otras afecciones, como en el caso de la falsa tiña amiantácea. También se debe a él la primera descripción detallada de la seborrea, como recordó Darier. Louis Brocq, releyendo las obras de Alibert, descubrió una descripción de neurodermitis aguda aparecida en un criado mientras esperaba que guillotinasen a su amo. En 1929, Saboureaud afirmaba que la descripción que hizo Alibert del impétigo del cuero cabelludo que acompaña típicamente a la pediculosis capitis, "era tan exacta que nadie ha podido mejorarla". Incluso se puede atribuir a Alibert la primera descripción de botón de Oriente, que podemos reconocer bajo el nombre de pyrophyctilide. Asimismo fueron destacables sus aportaciones en materia de lupus vulgar, esclerodermia y acrodinia. En cuanto a la sífilis, debemos recordar que a él debemos la acuñación del término sifílide.

Alibert se interesó mucho por la idea de contagio, practicando inoculaciones con carácter experimental para probar la transmisibilidad del favus. No dudó en muchas ocasiones a prestarse personalmente a tales experiencias. Así, en 1808, tanto él como Biett se inocularon material biológico procedente de un carcinoma de mama.

En la obra de Alibert, publicada en 1806-1814, podemos 
observar junto a una imagen de una mano sarnosa, unos diminutos ácaros, que pudieran interpretarse como el agente causal. Se dice que en el momento de la impresión del libro este hecho no pasaba de ser una mera suposición, puesto que Alibert no conocía en realidad el ácaro, a pesar de que había sido repetidamente demostrado por varios autores, como Cestoni y Bonomo (1687); Linneo, quien lo clasificó como Acarus humanus subcutaneous (1735) y Wichmann (1786). Al parecer, fue un estudiante corso asistente a la clínica de Alibert, Renucci, quien el 14 de agosto de 1834, extrajo una hembra de Sarcoptes scabiei de su surco y lo demostró microscópicamente, fijando para siempre el origen parasitario de la sarna.

Alibert murió el 9 de noviembre de 1837, a consecuencia de un carcinoma gástrico, tras una breve enfermedad. Consciente de que había iniciado un camino casi virgen y que estaba ya siendo perfeccionado por los que le seguían comentó:

       "Me basta con haber abierto la puerta.  ¿Que importa ser superado por mis sucesores?".







    [1] "Lors des fauxbourgs du costé de la ville de Saint-Dénis..."
    [2] "...des maladies chroniques, soit contagieuses comme la gale, soit rebelles et cachectiques, comme les dartres, le scorbut, les ulcères, les écrouelles..." (Dogny, M. "Histoire de l'hôpital de Saint-Louis depuis sa fondation jusqu'au XIX siècle." Ed. B. Baillière, Paris 1911)
    [3] Debido a que en muchos casos no hay un paralelismo exacto con los diagnósticos modernos, hemos optado por conservar la grafía original de Alibert.

lunes, 24 de julio de 2017

Alibert (III):El árbol de las dermatosis





Jean-Louis Alibert 

Arbre des Dermatosis
(versión 1833)

 Litografía.


Clinique de l’Hôpital Saint Louis, ou Traité complet des maladies de la Peau, contenant la description de ces maladies et leurs meilleurs modes de traitement. 
París, 1833

Biblioteca Henri Feulard. Hospital Saint-Louis. París.




En efecto, la clasificación de las enfermedades cutáneas en el hospital de Saint-Louis era extremadamente confusa. Para gran parte de ellas, se seguía un criterio exageradamente simplista, denominando "tinea" a las dermatosis de la cabeza y "herpes" a las que afectaban el resto de la superficie corporal. Pero aparte de éstas, existía un variado y prolijo número de otros calificativos, tales como plica, ictiosis, escrófula, psórides, efélides, cáncer y lepra, cuyo ambiguo significado no parecía preocupar mucho a los médicos de la época. Muchos de estos términos, acuñados por la tradición, habían caído en desuso, aunque otros conservaban una vaga vigencia. La dermatología era una especialidad desierta, inexplorada. Años más tarde, Alibert comentaría:

       "Entro en una profesión que está casi desierta, donde muy pocos hombres han penetrado antes que yo, en la que ningún trabajo anterior no me ha servido de guía, en la que todo es nuevo para la observación, en la que todo constituye un problema para el pensamiento. Yo mismo he trazado el camino que estoy recorriendo. Que se consideren los numerosos obstáculos que he debido sortear!"
      
Alfaric divide la vida de Alibert en 3 períodos bien diferenciados. El primer período comprende de 1801 a 1815, y en el mismo lleva a cabo sus actividades asistenciales y docentes en el Hôpital de Saint-Louis, intentando diferenciar y clasificar las distintas dermatosis. En 1815, tras la batalla de Waterloo, Napoleón es deportado a Santa Elena y se restaura la monarquía en Francia en la persona de Luis XVIII. Este hecho marca el comienzo de la segunda etapa: Alibert es nombrado médico personal del rey y abandona por algún tiempo el hospital, para dedicarse a sus actividades cortesanas. Durante este tiempo, su discípulo Biett ocupará su lugar, creando la segunda escuela dermatológica de Francia. Finalmente, la tercera etapa, en la que se reincorporó a las actividades del Hospital Saint-Louis, abarca desde 1829 hasta su muerte en 1837.

Garnier Hyppolite Ducarme 
J.L. Alibert, medico jefe del hopital St. Louis 
Durante el primer período, que podríamos denominar el período descriptivo, Alibert se dedica febrilmente a la dermatología, poniendo especial énfasis en la descripción de las enfermedades cutáneas. Compagina la observación de las dermatosis con la docencia dermatológica, que inicia en 1803. Al éxito de sus clases contribuyó poderosamente su especial facilidad oratoria, consiguiendo atraer a médicos de todo el mundo, a pesar de que el hospital de Saint-Louis estaba bastante alejado de la ciudad. Sus lecciones, que primero se realizaron en el pabellón Gabrielle, pronto fueron tan multitudinarias que debieron organizarse posteriormente al aire libre, en un estrado bajo los árboles del patio (al estilo de los filósofos griegos), durante la primavera y el verano, tres veces a la semana.

Consecuencia del éxito de sus lecciones fue la publicación de su obra maestra Description des maladies de la peau, que se publicó en fascículos entre 1806 y 1814, comenzando a aparecer antes de la culminación del libro de Willan. Se trata de una obra profusamente ilustrada, con 53 láminas a todo color, realizadas por prestigiosos artistas y sin reparar en ningún género de gastos editoriales. Es esta la primera obra que se conoce sobre dermatología en lengua francesa, ya que la obra de su compatriota A.C. Lorry fue redactada en latín. Alibert se consideraba a sí mismo el primer autor que publicaba un libro ilustrado de dermatología, lo que hace pensar que probablemente desconocía la obra de Willan. En la obra de Alibert, los dibujos de los enfermos están didácticamente distorsionados, llegando en algunos casos a la caricatura. La primera edición fue dedicada a Alejandro I de Rusia, en las fechas que Napoleón iniciaba su exilio en Elba, lo que es una prueba patente del conocido monarquismo de Alibert.

Alibert. Detalle del Árbol de las dermatosis (1829)

En esta suntuosa obra, Alibert agrupa vagamente las enfermedades cutáneas, cuidando más de describirlas que de clasificarlas. Él mismo reconoce:

        "...yo no he querido realizar todavía una clasificación. Yo me contento con agrupar las enfermedades a medida que han parecido ofrecerme puntos de afinidad o los rasgos más sorprendentes de su analogía y similitud"

En cuanto a la patogenia, esta obra está todavía imbuída de las ideas  tradicionales hipocráticas. Las enfermedades cutáneas son inseparables de las de otros órganos, con los que la piel mantiene relaciones de simpatía, de tipo humoral:

       "...la piel es una especie de emuntorio universal destinada a purgar el cuerpo de una multitud de partículas salinas, glutinosas, aceitosas, etc.. Cuando estas materias excrementicias se amontonan bajo la epidermis forman puntos de irritación que interrumpen más o menos en su ejercicio la función tan necesaria de las exhalaciones cutáneas"

Así, las enfermedades cutáneas serían la expresión exterior conveniente y necesaria para liberar al organismo de sus problemas internos. La actuación terapéutica sobre algunas erupciones puede resultar inconveniente, pues al evitar la expresividad cutánea se podría ocasionar el funesto acantonamiento de los humores mórbidos en otros órganos vitales del organismo.

En lo que se refiere a la etiología, aparece en esta obra la idea embrionaria y poco definida de principio morbífico, como el virus herpético, sifilítico, escrofuloso... que son intuiciones de etiologías vagas. El organismo presenta predisposición a determinadas enfermedades, que se adquieren bien por contagio, bien por constitución o incluso por herencia. Las enfermedades trascienden pues de sus síntomas para esbozarse la idea de especie morbosa, que está condicionada por la supuesta naturaleza del virus, aunque dependiendo en su morfología del terreno en la que se desarrolle. Como veremos, esta idea alibertiana será recogida años más tarde por Bazin, para ampliarla y elaborar su teoría de las diátesis y de las enfermedades constitucionales.

La segunda etapa de la vida de Alibert es el período cortesano. En la Corte, Alibert acompaña frecuentemente al rey, dedicándose al mismo tiempo a la consulta médica privada, así como a frecuentar cenáculos, recitales poéticos y musicales y veladas teatrales. Le son concedidas distinciones como la Orden de San Miguel (1817) y la Legión de Honor (1821). A la muerte de Luis XVIII, el nuevo rey Carlos X, lo retiene en la Corte, y le concede en 1827 el título de barón. Durante la coronación de este Borbón, se realizó por última vez la imposición de las manos a los escrofulosos, que fueron presentados al rey nada menos que por el célebre cirujano Dupuytren. Alibert, que estaba presente, reconoció que esta ceremonia, aunque tradicional, no estaba muy de acuerdo con "las ideas del siglo"    

Alibert vuelve por fin a trabajar en el hospital de Saint-Louis en 1829, tras 14 años de ausencia, cuando ya contaba más de 60 años de edad. Comparte entonces su quehacer con sus colegas Biett y Lugol. Este último, que trabajaba en Saint-Louis desde 1819, había sido médico de Napoleón, y se ocupó fundamentalmente de la escrófula tratando esta enfermedad mediante la higiene, los tónicos, los ioduros, aire puro y una buena nutrición, contrariamente a los errores de la época inspirados en la doctrina absolutista de Broussais, según la cual todo era tratado con dieta y sangrías. En este sentido, Lugol puede considerarse un precursor de la terapéutica de la tuberculosis. Durante este período ya habían germinado entre los seguidores de Biett las ideas nosológicas de la escuela sajona. Alibert se ve pues forzado a defender su prestigio frente a las ideas willanistas, que se quedan en una superficial y localista observación de las lesiones de la piel. A este criterio, Alibert opone la clasificación que había iniciado, su "método natural", como gustaba de llamarlo, basándose en el concepto de "especies morbosas", que considera con realidad ontológica propia:

        "La especie morbosa se reproduce con una invariabilidad tan absoluta en la economía de los seres animados, que para que esto ocurriera de otro modo sería preciso que el Creador modificara la organización, cambiara las leyes, o los elementos de la Humanidad"

La similitud de las enfermedades con las plantas es evidente para él:

     "Las enfermedades son como las plantas; conviene relacionarlas y compararlas, ya que no forman una serie continua en el sistema de la naturaleza"

El método natural, por lo tanto, propone la observación de las enfermedades como quien contempla un paisaje:
       "yo me he consagrado a describir el hospital de Saint-Louis como los botánicos describen un país o un jardín"

       Aquel mismo año, presenta su "árbol de las dermatosis", inspirado en el árbol de las fiebres de Torti (1709). En el mismo, el tronco representaba la piel, las ramas las diversas enfermedades cutáneas y los vástagos las clases. Había 12 ramas, que representaban otros tantos grupos de enfermedades de la piel:

    1.Dermatosis eccematosas: erithema, erysipela, pemphygus, zoster.[3]
    2.Dermatosis exantematosas: variola, vaccinia, varicella, roseola, rubeola, scarlatina, miliaria.
       3.Dermatosis tiñosas: Achore, porrigine, favus, trichoma.
       4.Dermatosis dartrosas: herpese, varus, melitagra, esthiomene.
       5.Dermatosis cancerosas: carcinoma, keloid.
       6.Dermatosis leprosas: leucé, spiloplaxis, elephantiasis.
       7.Dermatosis verolosas: syphilis, mycosis.
       8.Dermatosis estrumosas: escrófula, malleus.
       9.Dermatosis escabiosas: scabies, prurigo.
     10.Dermatosis hematosas: peliosis, petechiae.
     11.Dermatosis discromatosas: pannus, achroma.
     12.Dermatosis heteromorfas: ichtyosis, tylosis, verruca, onychosis, dermatolysis, nevus, aphtae.
                            
Esta fantasiosa clasificación, propia del temperamento brillante y meridional de Alibert y de su gran afición de naturalista, es probablemente más inexacta que la de Willan . Tal como precisó en su presentación, estaba destinado a

       "derramar sobre los estudiantes la sombra de su follaje y los frutos de su 
           instrucción"
      
A  pesar de que introdujo continuos cambios en la estructura de su árbol, Alibert defendió siempre a ultranza su validez. En el árbol de las dermatosis, las ramas, correspondían a las familias de especies morbosas. Su emplazamiento no era fruto de la casualidad, sino que estaban situadas atendiendo a la afinidad con las familias colindantes. Las familias, por otra parte, se establecen con criterios de selección variados, sin homogeneidad alguna. Así, algunas veces es el color, o la topografía, o la causa, o algún síntoma los que determinan la agrupación de las diversas especies morbosas. El resultado es una mezcolanza heterogénea, en la que se aúnan enfermedades tan dispares por ejemplo, como la sífilis y la micosis fungoide en el epígrafe de las dermatosis verolosas. Además, fruto de su afición por los clásicos, y probablemente para enmascarar una discutible agrupación nosológica, Alibert creó una gran cantidad de neologismos griegos para designar diversas afecciones. Sin embargo, la mayoría de los complicados términos acuñados por él no lograron sobrevivirle.

La fantasiosa clasificación alibertiana, propia de su temperamento meridional y brillante y de su gran afición de naturalista, es probablemente más inexacta que la de Willan. En ningún momento aflora en ella la noción de lesión elemental, en la que se basaba la obra del inglés, y que tan útil se demostró para la descripción y diferenciación de las enfermedades cutáneas.

Su clasificación se distingue de las anteriormente ensayadas en dermatología, tipo more botanico, porque a diferencia de éstas no se basa en una descripción de los síntomas o lesiones, sino que se apoya en la esencia de las enfermedades consideradas como entes propios. En este sentido se puede  considerar a Alibert como el último representante de las ideas medievales, de las concepciones humorales y galénicas que consideraban los síntomas como simples accidentes de la esencia de la enfermedad. Por esto combatió con todas sus fuerzas a la doctrina de Willan, que clasificaba las enfermedades atendiendo sólo a las lesiones elementales cutáneas, cosa que Alibert consideraba superficial y engañosa.

La pintoresca clasificación del árbol de las dermatosis y del método natural, proporcionó al barón de Alibert serios disgustos y hasta un cierto desprestigio. Sin embargo, su método didáctico, unido a la gran oratoria de Alibert, llena de fogosidad y de exhuberante imaginación, y salpicada de continuas citas de autores griegos y latinos, siguieron atrayendo a gran número de alumnos.

domingo, 23 de julio de 2017

Alibert (II): el Hospital de Saint-Louis de París





Claude Chastillon

Hôpital Saint-Louis 
(1608)

Grabado
Biblioteca Henri Feulard. Hospital de Saint-Louis, París. 



En el momento de llegar Alibert al Hospital de Saint-Louis, éste era el segundo centro hospitalario de Francia. El viejo hospital se había fundado en 1607. Había sido concebido en sus inicios como hospital de apestados, con el fin de aislar a estos enfermos de los afectados por otras dolencias, que permanecían en el Hôtel-Dieu de París. Su mismo nombre hacía alusión al santo rey francés muerto de peste ante el sitio de Túnez, en 1270. Por este motivo, su decreto fundacional, firmado por Enrique IV, había previsto su construcción en un paraje situado en las afueras de la capital, "lejos de las barriadas del lado de Saint-Denis".


Patio central del hospital Saint-Louis. Bajo uno de estos árboles, Alibert impartía sus lecciones a sus discípulos , a los que él llamaba los "hijos del método natural"

Tras el fin de las epidemias de peste del s.XVII, el hospital alojó en varias ocasiones enfermos de escorbuto y otras dolencias crónicas. En efecto su lejanía fue motivo de que sólo esporádicamente fuera visitado por los médicos, lo que hizo que poco a poco tomase un aspecto similar al de un asilo de incurables.

En 1801, el Consejo de Administración de los Hospicios oficializó esta situación, haciendo de Saint-Louis un reducto de afecciones cutáneas:

       "...enfermedades crónicas, sea contagiosas como la sarna y la tiña, sea rebeldes y caquécticas como los dartros, el escorbuto, las úlceras, las escrófulas" 

Los médicos parisinos lo conocían como "hospital de los ulcerosos", en donde se atendían las enfermedades crónicas: escorbuto, sarna, lupus vulgar, escrófulas, micosis, sífilis, lepra, etc... En el París de los años del terror y de la revolución, con una población acosada por el hambre y la miseria, eran frecuentes estas dermatosis, no bien diferenciadas entre sí, y consideradas incurables. La extraordinaria abundancia de afecciones cutáneas provocaba una gran escasez de camas, asignándose con frecuencia un sólo lecho para cada dos pacientes. En estas circunstancias no es de extrañar pues que el pueblo conociera el hospital como "la casa de los horrores" o "la cámara del terror"  El propio Alibert la juzgó como "la cloaca de todos los países del mundo".

Durante el "Antiguo Régimen", los hospitales se entendían como instituciones de caridad, que tenían más de asilos de menesterosos que de centros de diagnóstico y tratamiento. Considerados como último recurso, nadie esperaba de ellos ni tratamiento ni curación. La muerte era el fin lógico de todo internamiento. Las visitas de los médicos, escasas, y consideradas "acciones caritativas" se alternaban con la de los clérigos. La comida era escasísima y menos del 3 % del presupuesto se dedicaba a la compra de medicamentos. La ideología de la Revolución cambió de raíz estos planteamientos otorgando a la salud rango de derecho ciudadano. En 1790, tras la Restauración se encomendó a la profesión médica la tarea de velar por la salud ciudadana. Es en esta etapa donde se asiste a un gran florecimiento de los hospitales y escuelas de Medicina, intentando por vez primera la especialización.

En el París de la época, Corvisart creaba por aquel entonces la primera clínica de Medicina Interna en el hospital de la Charité, y Desault, en el Hôtel-Dieu, la de Cirugía. Jean Louis Alibert llega a Saint-Louis en el momento de la reorganización, dedicándose concienzudamente a la difícil empresa de la clasificación y diferenciación de las dermatosis, haciendo gala de un espíritu de observación poco común.


Bibliografía

Dogny, M. "Histoire de l'hôpital de Saint-Louis depuis sa fondation jusqu'au XIX siècle." Ed. B. Baillière, Paris 1911

Sierra X. Historia de la Dermatología. Mra ed. Barcelona 1994
    

viernes, 21 de julio de 2017

Alibert (I): un maestro frustrado




Constant-Joseph Desbordes

El barón J.L. Alibert, practicando 
la vacunación contra la viruela 
en el castillo de Liancourt 
(1820)

Oleo sobre lienzo
Museo de Asistencia Pública. Hospital de París. 



Jean-Louis Alibert (1768-1837) es considerado el Padre de la Dermatología Francesa y en cierto modo, universal. En todo caso fue uno de los primeros dermatólogos y autor de una de las primeras clasificaciones de las enfermedades cutáneas. 

Nació el 2 de mayo de 1768 en Villefranche-d'Aveyron, en el Midi francés. Era el cuarto hijo de ocho hermanos. 

Jean-Louis se escolarizó en el colegio de Villefranche, donde los Hermanos de las Escuelas Cristianas impartían una formación religiosa y una educación fundamentalmente literaria. 

Influído por esta educación, Alibert creyó sentir la vocación religiosa por lo que ingresó en el noviciado de los Hermanos de la Doctrina Cristiana de Toulouse, adquiriendo una sólida formación en latín y en griego. Tras terminar sus estudios regresó a la escuela de Villefranche para enseñar en el mismo colegio en el que había iniciado sus estudios. Pero la irrupción de la Revolución Francesa, al abolir todas las órdenes religiosas, truncó su incipiente carrera eclesiástica. 

Alibert se reintegró entonces a la vida civil. Poco después se dirigió a Burdeos, donde es seleccionado para ir a estudiar a la nueva Escuela Normal que se acababa de crear en París (decreto del 9 Brumario del año III, es decir 30 de octubre de 1794). 

En 1795 pues, Alibert llegó a París. Tenía 25 años. La Escuela contaba con destacados profesores ( Laplace, Lagrange, Monge, Daubenton, Berthollet). Alibert tuvo pues una notable y sólida formación en ciencias. 

Durante este período, conoce a Cabanis, que influyó considerablemente sobre el pensamiento del joven estudiante. Cabanis lo introduce  en los ambientes intelectuales de la capital, especialmente en el salon de Mme. Hélvetius en Auteuil, donde conocerá a Sieyès y a Pinel, su futuro profesor de Medicina. 

La Escuela Normal se clausuraba poco después. Las perspectivas de dedicarse a la enseñanza volvieron a quebrarse una vez más. Tal vez influído por Pinel decide estudiar Medicina. Sin embargo, las facultades y otras organizaciones médicas vinculadas al antiguo régimen habían sido clausuradas en 1792. La urgente necesidad de disponer de cirujanos en los ejércitos revolucionarios obliga a reanudar la enseñanza de la medicina tres años más tarde. Así, Alibert pudo matricularse en la facultad parisina, donde pronto se destacó entre sus compañeros. Asiste en el Hôpital de la Charité a las lecciones de clínica médica de Corvisart, y a la clínica quirúrgica de Alexis Boyer. Pero sobre todo sigue las enseñanzas de Philippe Pinel en el Hospice de Bicêtre y más tarde en la Salpêtrière.

Los intereses médicos de Alibert eran múltiples: investigación terapéutica, investigación botánica, trabajos sobre electricidad. A esto se añadía su afición por traducir poemas latinos: Alibert no abandonó nunca del todo a las Letras. A título anecdótico, cabe reseñar que la única calificación baja que obtuvo fue precisamente en la asignatura de Patología externa. En 1800 se licenció y bajo la dirección de Pinel preparó intensamente su tesis, sobre fiebres perniciosas intermitentes. 

En 1801 llega al Hospital de Saint-Louis como médico adjunto. Un año más tarde será nombrado médico titular. Allí va a desarrollar toda su carrera hospitalaria.


jueves, 20 de julio de 2017

Experimentos japoneses en humanos durante la II Guerra Mundial






Shiro Ishii realizando
 una vivisección

Fotografía de archivo



Durante la II Guerra Chino-Japonesa (1937-1945) Japón desarrolló un ambicioso programa de armas químicas y biológicas (a pesar de que tras la I Guerra Mundial habían sido expresamente prohibidas por el Protocolo de Ginebra en 1925), para lo que realizó múltiples experimentos en seres humanos.

Siguiendo en cierto modo los planteamientos de los nazis, el Ejército Imperial Japonés creó una serie de unidades de investigación médica, dirigidas por el general Shiro Ishii. En estas unidades tuvieron lugar escalofriantes experimentos en prisioneros de guerra, presos políticos, discapacitados y enfermos mentales, en los que se calcula que fueron asesinadas unas 10.000 personas.

Oficiales japoneses de la Unidad 731
Una buena parte de las investigaciones consistieron en inocular microorganismos productores de cólera, tifus, difteria, botulismo, carbunco, brucelosis, disentería o sífilis. Muchos experimentos estaban más cerca de la tortura que de la investigación: inyección intrarrenal de orina de caballo o agua de mar;  inyección intravascular de aire para provocar embolias; experimentos de congelación; introducción de prisioneros en máquinas centrífugas para calcular el tiempo de supervivencia… La investigación de los efectos de las radiaciones sobre la piel y el organismo humano ocupó un lugar preeminente.

Mención aparte merecen las vivisecciones, sin anestesia alguna, para ver el funcionamiento de los órganos en directo, mientras se asistía a los terribles gritos de la víctima.

A diferencia de los nazis no parece que los japoneses tuviesen un plan de genocidio planificado, pero lo que es seguro ers que practicaron crímenes en masa.

El general Shiro Ishii
El principal responsable del programa “de investigación médica” fue Shiro Ishii, que alcanzaría el grado de general, que comenzó sus experimentos durante la invasión de Manchuria en 1932. Más tarde estableció diversos “centros de investigación” en China. Entre todos ellos se hizo tristemente famosa la Unidad 731, base de 6 Km2 radicada en Pingfang.

En las Unidades se investigaba sobre la guerra bacteriológica; diversos tipos de bombas; se cultivaban pulgas para la transmisión de enfermedades y se realizaba el almacenamiento de agentes patógenos (cólera, tifus, carbunco…). Uno de los estudios preeminentes era la manera de diseminar agentes patógenos para producir epidemias.

Shiro Ishii realizando una vivisección

En cuanto a los ensayos efectuados con los prisioneros podemos destacar:

·      Prácticas de Cirugía. Los cirujanos aprendían las intervenciones quirúrgicas con prisioneros sanos. Las operaciones eran meras prácticas y se realizaban apendicectomías, extracción de balas, amputaciones, con la finalidad de adquirir práctica quirúrgica. También se ensayaban nuevas prácticas quirúrgicas y se realizaron repetidas vivisecciones.

· Experimentos de diseminación de enfermedades, previa colocación de gérmenes en la ropa, comida o mediante pulgas infectadas. Se investigó también con bombas que expandían esporas de carbunco.

·      Experimentos con gases tóxicos (iperita, lewisita, gas mostaza) cuya acción se comprobaba sobre los prisioneros.

· Experimentación con drogas (heroína, opio, anfetaminas, agentes psicotrópicos)


Mano de un prisionero de la Unidad 731
sometida a la acción de agentes vesicantes


Bibliografía

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Sharav VH. Human Experiments: A Chronology of Human Research. [consultado: 29-09-2010]. Disponible en: http://www.ahrp.org/history/chronology.php.