miércoles, 17 de enero de 2018

"Les avariés", una obra de teatro sobre sífilis








Eugène Brieux 

Les avariés
(1902)


Libro. Bibliothèque Henri Feulard 
Hospital de Saint-Louis, Paris 



Eugène Brieux (1858-1932) fue un autor dramático, periodista y miembro de la Academia Francesa. Su teatro de bulevar trata frecuentemente del pueblo llano y de los más  desfavorecidos, proponiendo frecuentemente intrigas crueles.  

Eugène Brieux (1900 circa)
Reflejando la actualidad más candente del momento, los dramas de Brieux fueron frecuentemente censurados, como fue el caso de su obra Les Avariés, que trataba sobre un tema que por entonces era un insoslayable tabú: la sífilisRepresentada por la compañía del Théâtre-Libre en 1901, la pieza fue poco después prohibida en Francia, aunque pudo ser representada en otros países (Escandinavia, Bélgica, Países Bajos) y finalmente fue nuevamente representada en París en 1905. A pesar de todas las trabas impuestas por la censura, la obra alcanzó una gran popularidad. 

La intriga de la obra es bastante simple, y expone el día a día de un gran número de enfermos franceses (recordemos que a principios de siglo la sífilis afectaba a alrededor de un 15% de los parisinos). Los enfermos de sífilis eran conocidos popularmente como los "avariés" (los tarados). En la obra, un joven afecto de sífilis, bajo el peso de las conveniencias sociales y a pesar de los consejos de su médico, no se decide a confesar a su prometida que está afecto de esta enfermedad "vergonzosa". Sin revelar su secreto, se casa con ella, le contagia la sífilis y la deja embarazada.  Así llega al mundo una niña que muy pronto presentará los síntomas de una sífilis congénita.  

    Una edición de la obra "Les avariés"  
En el último acto, el suegro del "avarié" visita al médico de su yerno, y le confiesa que está planeando una venganza implacable. Pero el médico, quiere instruirle sobre la realidad de la sífilis, de la quien nadie habla por el terrible tabú social que conlleva y por la censura gubernamental: 
- "Yo le voy a dar la prueba que nuestra mayor enemiga es la ignorancia. Sabe usted?: la ignorancia"
Para informarle adecuadamente sobre esta enfermedad, el doctor cita a tres enfermos sifilíticos: una obrera, un padre y una prostituta. Cada uno de los personajes le cuenta como entró en contacto con la enfermedad y como tiene que convivir cada día con ella. Los tres relatos son guiados por el médico, que les va planteando preguntas. 

La primera a quien el doctor da la palabra es a la obrera. No puede venir a la consulta tan frecuentemente como sería conveniente ya que sus patronos le deducen sus ausencias de su salario. Fue contagiada por su marido, que había contraído la enfermedad desde los inicios de su matrimonio, cuando él prestaba el servicio militar. Desde entonces todos sus embarazos han acabado en abortos y no ha conseguido tener ningún hijo. Su marido perdió la cabeza, y despilfarró su dinero. Cuando murió, la dejó en la indigencia. 


 


Otras ediciones de la obra "Les avariés". La de la izquierda, con la advertencia "Prohibida por la censura". La de la derecha, una traducción inglesa ("Damaged Goods")

Luego el doctor hace entrar a un padre. Su hijo se contagió a los 15 años, a la salida del colegio, con una prostituta. Por miedo de la reprimenda, no se atrevió a comentar su problema con sus padres. Fue a consultar a charlatanes y curanderos, que lo único que hicieron fue timarle. Así fue pasando el tiempo y el mal empeoró, apareciendo lesiones generalizadas. 


Finalmente el médico hace entrar a una chica. Procedía del medio rural y llegó a París muy jovencita, donde encontró trabajo como sirvienta. El señor de la casa donde servía la violó, la dejó embarazada y luego la despidió. Carecía de ningún recurso, y no tuvo más remedio que prostituirse. Cuando nació el niño, lo abandonó en el torno de la inclusa (Les enfants trouvés). Más tarde se dio cuenta que se había contagiado. El mismo día se encontró con su antiguo señor. Decidió vengarse y se lo llevó a la cama, para contagiarle la sífilis. Luego, presa de una especie de rabia incontenible, se dedicó a fornicar con todos los que quisieron, tanto si le pagaban como si no. 

La pieza se cierra con la esperanza de que en el futuro, las leyes permitirán al público una mayor información sobre la enfermedad. 


martes, 16 de enero de 2018

El regreso de las chinches









Henri de Toulouse-Lautrec

En la cama
(1892)

Óleo sobre tabla, 54 x 70 cm
Museo d'Orsay. Paris,




Esta obra de Toulouse-Lautrec, representa a dos mujeres en la cama. Una pintura realista, sin nada de idealización, cuyas protagonistas son dos prostitutas de uno de los burdeles que frecuentaba el artista y que conocía bien. Las chicas (posiblemente una pareja lesbiana) tras descansar de una probablemente fatigosa jornada laboral, acaban de despertarse y aun están un poco adormiladas, despeinadas y tapadas hasta el cuello. El pintor no tiene la intención en este caso de transmitir erotismo y voluptuosidad, sino una escena cotidiana, llena de ternura y sensibilidad


Ante esta escena de cama, desprovista de toda teatralidad, podemos recordar que los burdeles parisinos de la época no estaban libres de ciertas plagas de insectos. Ciertamente abundaban las ladillas (Phtirius inguinalis), transmitidas habitualmente por contacto sexual, cuerpo a cuerpo, pero también eran frecuentes otros insectos que pueden encontrar su hábitat entre los muebles del dormitorio: las chinches de cama.

Vincent van Gogh: El dormitorio amarillo
Las chinches (Cimex lectularius) son unos insectos hemípteros que pueden anidar entre los muebles del dormitorio (colchones, somieres, cortinas, rendijas o incluso entre los libros viejos). No vuelan ni saltan sobre sus víctimas: simplemente se desplazan, pican para succionar la sangre de su huésped y regresan a sus escondrijos. 

Las chinches no soportan la luz y se esconden durante el día, lo que aumenta la dificultad para detectarlas. Sin embargo su a permite verlas a simple vista, lo mismo que a sus deyecciones que pueden detectarse sobre las sábanas o el colchón. Esperan ávidas la presencia humana entre las sábanas para salir a picar a sus huéspedes para succionar su sangre que les sirve de alimento. Los individuos que han sido picados por chinches presentan lesiones inflamadas con una pequeña erosión central, que se sitúan de forma lineal a lo largo de las piernas y brazos,especialmente. Pero debemos señalar que las chinches eligen a sus víctimas: puede ser que piquen preferentemente a una persona en vez de la que está durmiendo a su lado. Del mismo modo no todos reaccionan igual a las picaduras: algunos, más sensibles a la saliva del insecto, presentan grandes ronchas, mientras que en otros las picaduras son mucho más moderadas. 

Patrick George: June en la cama. Óleo sobre lienzo. 121,9 x 121,9

Las chinches desaparecieron casi por completo de Europa Occidental a mediados del s. XX por la acción de potentes insecticidas como el DDT (un insecticida prohibido en la actualidad por su elevada toxicidad). Pero tras largas décadas de ausencia han vuelto en una época en  la que los viajes a países exóticos abundan y el mundo está cada vez más globalizado. En Norteamérica se dispone incluso de una cartografía de los lugares más afectados por chinches en las principales ciudades (New York, Chicago, Montréal...). En New York los casos anuales de chinches han pasado de 500 a 10.000 en pocos años.

En Europa el tema se lleva con mucha discreción. Las chinches no distinguen las clases sociales y pueden afectar tanto a hoteles suntuosos como a sórdidas barracas. Y los hoteleros guardan silencio sobre su eventual presencia en sus establecimientos. Sin embargo a pesar de que no hay cifras oficiales, disponemos de algunos datos indirectos: en la ciudad de París las desparasitaciones de edificios pasaron de un promedio de una a la semana en 2012 a más de 50 en 2016. Y recientemente se ha producido una gran infestación de chinches en diversos servicios del hospital de Timone, de Marsella, que ha obligado a cerrar plantas enteras de este centro hospitalario. 


Eugène Delacroix: Una cama sin hacer (1828) Acuarela. 


Afortunadamente, en principio, las chinches no transmiten enfermedades. Pero sus picaduras y las lesiones que producen son, en sí  mismas, un problema dermatológico que puede causar molestias de cierta importancia. Ronchas más o menos importantes, prurito, lesiones de rascado y eventualmente reacciones alérgicas son las consecuencias más habituales en la superficie de la piel. Y también hay que considerar los problemas psicológicos que pueden producir: ansiedad, insomnio y nerviosismo. Además, el uso excesivo e indiscriminado de insecticidas para eliminar a estos hemípteros puede ocasionar efectos indeseados: en EEUU se han registrado 111 casos de intoxicación por esa causa entre 2003 y 2010. 

¿Qué hacer pues si se detectan estos indeseables vecinos? Es mejor recurrir a una cuidadosa limpieza con aspirador de todos los lugares que puedan alojar nidos (eliminando después los sacos que puedan contener chinches). Los aparatos de limpieza mediante vapor son asimismo útiles. También puede recurrirse a la lucha térmica, lavando la ropa de cama a más de 60ºC. Los insecticidas deberán reservarse como una última instancia, y lo mejor es recurrir a agencias desparasitadoras especializadas. 







RESUMEN DE CONSEJOS 
ANTE UNA INFESTACIÓN 
POR CHINCHES 



1. Examinar con cuidado los muebles, libros y otros objetos de segunda mano antes de introducirlos en el domicilio. No tirar los objetos infestados antes de haberlos embalado adecuadamente. 

2. Al ir de viaje, inspeccionar bien la habitación y la cama del hotel. Evitar dejar la maleta encima de la cama.

3. No echar mano de los insecticidas de forma indiscriminada. Frecuentemente  no son suficientemente eficaces y pueden ser tóxicos. Es preferible la ayuda de un profesional. 

4. Dejar un margen de 15 días entre dos tratamientos químicos.

5. Atreverse a hablar y comentar el tema para evitar el aislamiento y hacer frente a la ansiedad producida por esta situación. 








A la cama con chinches





Como detectar chinches de cama








lunes, 15 de enero de 2018

El niño enfermo (II): Michelena






Arturo Michelena

El niño enfermo 
(1886) 

Óleo sobre lienzo 80,4 x 85 cm
Galería de Arte Nacional. Caracas



En una entrada anterior comentaba la aportación de la Dra. Francisca Martínez, que me había enviado vía Twitter dos pinturas por si quería comentarlas en el blog. Ya comentamos la primera de ellas, la obra de Carrière "El niño enfermo", y hoy comentaremos la segunda. Se trata de un óleo del pintor venezolano Arturo Michelena, con un título similar a la de Carrière, El niño enfermo y pintado solamente un año más tarde.  

Autorretrato de Arturo Michelena
Arturo Michelena Castillo (1863-1868), nació en la ciudad de Valencia (Estado Carabobo, Venezuela) el 16 de junio de 1863. Desde niño se destacó en la pintura, por lo cual, recibió una beca oficial, a los 22 años, para estudiar en París, donde se formó con Jean Paul Laurens (1885-1889). En 1887, participó en el Salón Oficial de los Campos Elíseos, con la obra “El niño enfermo”, que fue premiada con la Medalla de oro de Segunda Clase. Como era habitual en los trabajos académicos, el artista realizó algunos bocetos previos que muestran su preocupación por los distintos elementos del cuadro. 

La escena representada en la obra recrea un dormitorio de un domicilio particular. En la cama yace un muchacho, con la cara demacrada, totalmente cubierto por las sábanas y mantas y con un paño en la cabeza, presumiblemente para bajar la alta fiebre que parece presentar. Tras la cama, el padre, casi oculto por la penumbra, un símbolo de la preocupación que le embarga.  Sentada a los pies de la cama, la madre, que escucha sobresaltada lo que le dice el doctor, en pie ante ella. La luz mortecina y tenebrosa de la escena contribuye al tono trágico de la pintura. 


Detalle del cuadro "El niño enfermo", de Michelena
La figura del médico es la que tiene tal vez más protagonismo en esta obra. Se trata de un personaje de edad, con barba blanca, gafas y vestido con levita. Está de pie, en una zona de contraluz creada por la ventana a sus espaldas, por lo que vemos más su ademán que sus rasgos faciales. Esta manera de representarlo no es a mi parecer, casual, sino que transmite que lo importante no es su persona sino el mensaje que transmite. En efecto, el viejo está dando instrucciones como se deduce del gesto de su mano, aunque por la expresión de la cara de la madre no da demasiadas esperanzas. Una niña, con toda seguridad la hermana del enfermo contempla contrita y pensativa la escena en marcado contraluz. 

El cuadro nos proporciona mucha información sobre como debía ser la práctica médica en el s. XIX. Los enfermos graves eran atendidos en sus domicilios, sin grandes medios para hacer frente a la situación. La mortalidad infantil era muy alta y los recursos muy limitados. El pronóstico médico tenía en estos casos una gran importancia.  

domingo, 14 de enero de 2018

El niño enfermo (I): Carrière, la tragedia de un padre






Eugène Carrière

El niño enfermo 
(1885) 

Óleo sobre lienzo 101 x 82 cm
Musée d'Orsay. Paris




Hace unos días Francisca Martínez, médico de familia y seguidora habitual de este blog, tuvo la amabilidad de enviarme, vía Twitter, un par de pinturas sobre niños enfermos. Desde aquí quiero agradecer su colaboración y sus acertadas sugerencias, a la vez que os animo a todos los que lo deseéis a hacer lo mismo.

Eugène Carrière. L'enfant malade (esbozo) 
La primera de estas obras fue realizada por el pintor simbolista francés Eugène Carrière (1849-1906). Formado con Alexandre Cabanel, su estilo se caracteriza por presentar imágenes difuminadas, envueltas en una neblina, con una paleta casi monocroma, en la que predominaban los tonos pardos y oscuros, lo que le confiere un aspecto triste y melancólico. Cultivó sobre todo el retrato, dedicando algunos de ellos a sus amigos Alphonse Daudet, Anatole France y Paul Verlaine, pero sobre todo a su propia familia. Era amigo de Rodin y su pintura tuvo una gran influencia en la época azul de Picasso.
Carrière dedicó muchas de sus obras a plasmar escenas de maternidad. Comentando estas obras, Gustave Geoffroy escribió en La Vie artistique (1892):
"La maternidad divina, el motivo religioso que se instala en todas las telas de la vieja Italia (...) la ha retomado y ha creado el tema burgués de la maternidad moderna (...). Ciertamente, ya no es la maternidad tranquila y reposada de las épocas de fe, sino la maternidad del siglo del pesimismo, la maternidad de los pensamientos negros de la madre (...) cuyos abrazos ansiosos rodeando el cuerpo del niño, parecen una perpetua defensa contra la enfermedad y la muerte" (Trad. X. Sierra)

El "Niño enfermo" (la obra que encabeza este escrito) fue pintado para el Salón de 1885. La madre da una gran sensación de desamparo. Besa con ternura a un niño triste que recibe indiferente sus caricias. La escena tiene lugar en un ambiente frío y mal iluminado, que transmite una fuerte sensación de melancolía y tristeza al espectador. Un cuadro todavía más estremecedor si se tiene en cuenta en el contexto en el que fue pintado. La madre que aparece representada era la propia esposa del pintor, abrazando tiernamente a su hijo enfermo de 6 años de edad, que moriría el mismo año en el que fue pintado este cuadro. La tragedia del pintor se transmitió fielmente a su obra.

Otra de las maternidades de Carrière

La mortalidad infantil era entonces muy elevada en Francia. Según el Dr. Bertillon,  en 1860 alcanzaba una tasa del 22%. Aunque esta tasa no era homogénea: en algunas regiones, como en Seine-inferièure, alcanzaba el 37%. Durante el Segundo Imperio, la tasa de mortalidad infantil alcanzó el 90% en ciertos departamentos y la media de Francia se situó en 50%. 

Tras el descubrimiento de las bacterias se realizaron ciertos avances que facilitaron una mejoría sensible de la situación: profilaxis, esterilización y medidas de asepsia. Pero también  los progresos en obstetricia, y la creciente tendencia a que los partos eran realizados en los hospitales y a que mejoró notablemente la nutrición infantil. La vacuna, introducida por Jenner en 1796, tuvo una progresiva difusión, evitando numerosos casos de viruela en los niños y contribuyendo así a un descenso notable de la mortalidad infantil. 


Eugène Carrière. L'enfant malade. Musée d'Orsay


En los años de la I Guerra Mundial, la tasa de mortalidad infantil había disminuído a un 11%, a pesar de que las vacunas todavía se miraban con desconfianza y aprensión. La vacuna generalizada y obligatoria no llegó hasta 1902 (viruela); 1938 (difteria), y 1940 (tétanos). Las vacunas han sido un elemento clave para reducir la mortalidad infantil y su progresiva implantación ha supuesto un importante avance. En la actualidad, las recientes disposiciones legales tomadas por el Ministerio de Sanidad obligarán a administrar 11 vacunas a todos los niños en Francia a partir de 2018. 




Bibliografía: 

Agnès, Lauvinerie; Eduardo Leal de la Gala (2006). Moi, Eugène Carrière. Paris.

Geffroy, Gustave (1901). L'oeuvre de E. Carrière (The Works of E. Carrière). Paris: H. Piazza.

Rollet- Echalier C. (1990) La Politique à l’égard de la petite enfance sous la IIIe République, INED, PUF, 1990, p. 200







viernes, 12 de enero de 2018

Tres años del blog "Un dermatólogo en el museo"





Tres años de blog

Ya han pasado tres años. Tres años que comencé a escribir "Un dermatólogo en el museo", el 12 de enero de 2015. La verdad es que cuando empecé, no creía que la vida del blog iba a ser tan larga. Me había propuesto el objetivo de encontrar piezas de museo que además de un comentario artístico o histórico se pudieran relacionar de algún modo con mi profesión de médico dermatólogo. Intentaba así unir mis estudios de Medicina y Humanidades, convencido de la necesidad de tender puentes entre dos disciplinas que clásicamente se consideran "de Ciencias" y "de Letras". En mi opinión esta división es arbitraria, ya que creo en la que el conocimiento humano es único y si lo intentamos dividir en ramas es debido a criterios prácticos ya que a veces  no tenemos bastante capacidad para abarcarlo todo. Pero eso no nos debe hacer renunciar a comprender - aunque sea superficialmente - las miles de interacciones que tienen los diversos campos del saber. Y precisamente interrelacionar cosas es lo que nos va a hacer comprenderlas mejor. 

No os oculto que cuando comencé a escribir suponía que iba a ser una experiencia breve, limitada en el tiempo y que pronto acabaría con los materiales a mi alcance. Sin embargo el blog se ha publicado ininterrumpidamente con una cadencia de 6 artículos por semana (a diario, excepto los sábados) incluyendo incluso los habituales períodos vacacionales. Se han publicado ya más de 900 artículos. Es cierto que el blog trata de temas variados, y que no solamente se tratan temas dermatológicos propiamente dichos (patología, médicos insignes, etc.), sino también se extiende a veces en aspectos colaterales (higiene corporal, cosmética, cuidado o decoración de la piel..). Asimismo se han incluido algunas referencias a otras ramas de la Medicina (no olvidemos que los dermatólogos somos también médicos) o a otros aspectos que puedan suscitar un comentario por parte de un dermatólogo e incluso recuerdos o vivencias personales. De ahí el nombre del blog, que sugiere una visita a un museo virtual en compañía de un dermatólogo y los posibles comentarios que podrían surgir delante de las piezas de esta imaginaria exposición. Pues bien, mis pronósticos sobre la breve existencia del blog no se han cumplido: llevamos tres años y los posibles temas a tratar no solo no se han agotado, sino que proliferan cada vez más, se agolpan y casi no doy abasto a comentarlos.

Naturalmente en esta empresa no estoy solo. Debo agradecer la ayuda de todos los lectores de "Un dermatólogo en el museo". Hace pocos días, se superó el medio millón de lecturas y el blog es cada vez más leído en numerosos países, especialmente en Europa, América y en una proporción algo menor, en Asia, Oceanía y África. El creciente número de visitas supone para mí una satisfacción y me estimula a continuar escribiendo. 

También es un estímulo importante la colaboración de muchos seguidores, que me plantean dudas o preguntas, me sugieren diagnósticos o seleccionan posibles obras de arte para que considere incluírlas en las nuevas entradas. Las vías por donde me llegan comentarios son variadas: Twitter, Messenger, Facebook, What's app... o comentarios directos en conversaciones o llamadas telefónicas. 


A todos vosotros, lectores, colaboradores y amigos mi agradecimiento más sincero. ¡Seguimos!

jueves, 11 de enero de 2018

Por si las moscas... (y IV)





Barthel Bruyn

Vanitas

Óleo sobre tabla, 61 x 51 cm
Rijksmuseum Kröller-Müller, Ötterlo




En la última entrada, tratamos de la curiosa historia de la mosca de Virgilio, y en un artículo anterior comentábamos algunos cuadros con moscas, con diversa intencionalidad artística. Seguiremos hoy tratando de estos insectos y de más ejemplos de su presencia en las obras de arte. 

En el barroco, por ejemplo, en donde podemos encontrar algunas moscas en las pinturas llamadas Vanitas. Se trata de cuadros en los que el tema central es una calavera. Un tema muy del gusto de la Contrarreforma, con la intención de subrayar la fugacidad de la vida y de las cosas terrenales. 

Xilografía del s. XVIII representando a Sant Narcís
rodeado de moscas, en alusión a su milagro
Y ¿que hay más fugaz y efímero que una mosca? Un elemento para la reflexión y para considerar como el famoso versículo del Eclesiastés que "Vanidad de vanidades, y todo es vanidad". Aportamos hoy una obra de Bruyn como ejemplo de ello. En él, una mosca se ha posado en una calavera. Una doble visión de lo inevitable de la muerte y de la fugacidad de la vida. 

En otras ocasiones encontramos moscas como protagonistas de un milagro. El curioso milagro de Sant Narcís, patrón de Girona: estando la ciudad sitiada por los franceses, los gerundenses se encomendaron a su patrón y del sepulcro del santo comenzaron a salir moscas. Moscas que picaban a los invasores y a sus caballerías, de forma electiva, propagando entre ellos una peste tal que éstos no tuvieron más remedio que levantar el asedio y huir despavoridos. La conmemoración de este milagro está presente en múltiples obras de arte de la ciudad de Girona. También aludió a él Salvador Dalí - natural de la cercana ciudad de Figueres - que representó la imagen de un obispo (Sant Narcís) rodeado de moscas, en diversas ocasiones. 


Detalle de un cuadro atribuído a Antonio de Viladomat representando el milagro de las moscas de Sant Narcís: Las moscas salen de la tumba del santo para picar al ejército enemigo. Colegiata de Sant Félix. Girona. 

Estas variadas visiones de las moscas en el arte nos trae a la memoria la relación que pueden tener los dípteros con la enfermedad. Existe un gran número de enfermedades transmisibles cuyo vector son las moscas (enfermedad del sueño, tracoma, cólera, salmonelosis, fiebre tifoidea...). El papel de las moscas como vehiculadoras de enfermedades infecciosas es bien conocido, ya que estos insectos se alimentan de estiércol y también de comida humana, y trasladan los gérmenes de una a otra. E incluso pueden parasitar heridas con sus larvas (especialmente Dermatobia hominis) provocando la llamada miasis

Stephan Schuster y su grupo de investigadores norteamericanos de la Universidad de Pennsilvania han publicado un reciente estudio demostrando el importante papel que la microbiota de las moscas tiene en la transmisión de ciertas enfermedades. Schuster estudió 116 especies de dípteros, analizando su microbiota (la colección de bacterias que coloniza todo ser vivo) . Los insectos no solamente albergan muchos centenares de especies bacterianas diferentes sino que la mayoría de ellas pueden ser peligrosas para los humanos, especialmente las que trasladan en sus patas y en sus alas. Al posarse, o simplemente al volar, las moscas esparcen abundantes bacterias patógenas.

Que las moscas propagan microbios productores de infecciones no es desde luego nada sorprendente. Pero algunas de las conclusiones del estudio aportan novedades: las moscas serían también las transmisoras de Helicobacter pylori, una bacteria involucrada en la aparición de úlceras de estómago y con cáncer gástrico. Los investigadores encontraron este microorganismo en una quincena de dípteros, por lo que sospechan que las moscas pueden actuar como vectores en la transmisión de Helicobacter.   Un nuevo dato a tener presente. Ahora más que nunca habrá que extremar la higiene e intentar evitar que las moscas se posen en nuestros alimentos.  


Salvador Dalí, apasionado de las moscas: 



miércoles, 10 de enero de 2018

Por si las moscas... (III): La mosca de Virgilio





Mosaico de Virgilio y las musas
(210 d. C.) 


Mosaico romano de opus tessellatum
Procede de Susa (Hadrumetum) 
Museo del Bardo, Túnez. 




El Museo Nacional del Bardo, en Túnez  (المتحف الوطني بباردو) reúne la colección más importante de mosaicos romanos del mundo. De algunos destacados mosaicos de los que allí se conservan conservo una viva impresión. Uno de ellos es sin duda, el mosaico de Virgilio, considerado por muchos como el mejor mosaico romano del mundo. 

El mosaico está presidiendo una sala cruciforme del museo,  con bellos estucos esculpidos en el techo y bonitos azulejos con motivos florales, en los antiguos apartamentos privados del Bey. En esta misma sala en su suelo un mosaico de las divinidades de la semana y los signos del Zodiaco, impresionante por su composición geométrica y su bella policromía.

Se trata de un mosaico de opus tessellatum de no muy grandes dimensiones, procedente del pavimento de la "Casa del Arsenal", una casa patricia de Hadrumetum (actual Sousse).  Representa el poeta Virgilio sentado, entre dos musas, que sin duda, le inspiran lo que está escribiendo. Las musas son Clío (Κλειώ), protectora de la historia y la poesía épica (a la izquierda) y Melpómene (Μελπομένη), la musa del teatro trágico (a la derecha). El poeta está sentado entre ellas, revestido con la blanca toga praetexta. Tiene a sus pies la capsa, el estuche donde se guardaban los papiros y sostiene sobre su rodillas un rollo en el que puede leerse el verso 8 del libro I de la Eneida: 

 Musa, mihi causas memora, 
quo numine læsø, quidve ...." 
Busto de Virgilio. Nápoles. 


La cara del poeta está claramente individualizada, y se supone que es el único retrato que conservamos de Virgilio, aunque el mosaico fue efectuado al cabo de un cierto tiempo de su muerte. Desde luego concuerda con las descripciones literarias que nos han llegado de él que afirman que era alto y robusto, moreno y con cierto aspecto de campesino, por lo que creemos que hay que considerarlo dentro del realismo de los retratos romanos. Su gesto es digno y severo, con mirada penetrante y algo pensativo, como concentrado en lo que va a escribir. La escena se enmarca con un filete dentado como si fuera el marco de un cuadro. 

En un artículo anterior comentábamos algunos cuadros con moscas, realizados con diversa intencionalidad artística. Aunque en este caso no es una representación plástica no me resisto a contaros una curiosa historia de Virgilio en la que la protagonista es una mosca. 


J. A. D. Ingres: Virgilio lee la Eneida a Livia, Octavia
y Augusto (1812) Museo des Augustins, Toulouse. 
Tras el asesinato de Julio César tomó el poder el Segundo Triunvirato en la república de Roma, una alianza formada por Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido. El magnicidio había creado una gran inquietud social y eran tiempos turbulentos. No estaba claro quien había participado en el complot y nadie estaba libre de sospechas. El nuevo gobierno generó todavía más confusión y aumentaron las protestas y algaradas en las calles de Roma. Los triunviros temían especialmente la influencia y el poder de los legionarios licenciados (eméritos), así que decidieron calmarlos entregándoles tierras para calmar los ánimos. Pero prometieron más tierras de las disponibles por lo que tuvieron que recurrir a masivas expropiaciones forzosas. 

Algunos amigos de Virgilio le informaron que su finca estaba contemplada entre las que iban a expropiar. Aunque había una manera de librarse. Si en el terreno había alguna tumba, la expropiación no podía ejecutarse, ya que se consideraba tierra sagrada. Y esta exclusión también era válida para los animales domésticos, que los romanos consideraban como parte de la familia. Algunos de estas mascotas eran animales insospechados, como podía ser el caso de peces, como morenas o animales exóticos. 


Monumento a Virgilio en la plaza Virgiliana
de Mantua, su ciudad natal. 
El astuto Virgilio ideó una estratagema. Dijo que su mascota era... una mosca, a la que tenía en gran estima. Y que hacía poco tiempo la mosca había muerto, sin que se pudiera hacer nada por salvarla. El apesadumbrado escritor, apareció en público, visiblemente apenado por la pérdida de su animal preferido. Desconsolado, organizó en su villa un fastuoso funeral, sin reparar en gastos. Contrató a grupos de músicos y a las mejores plañideras del lugar. Invitó a las personalidades más relevantes y destacadas, como a Cayo Mecenas, su protector. En el banquete fúnebre se sirvieron los mejores vinos y exquisitas viandas, y finalmente un lucido cortejo acompañó al cadáver de la estimada mosca a un mausoleo que se había erigido al efecto en sus tierras. 

El deslumbrante entierro de la mosca de Virgilio le costó una elevada suma (más de 800.000 sestercios) pero sirvió para que todo el mundo supiera que en aquellas tierras descansaba un ser querido. A primera vista la fiesta supuso un enorme despilfarro. Pero la estrategia resultó y las tierras de Virgilio no fueron expropiadas. El excéntrico funeral de la mosca salvó sus tierras, y fue sin duda una buena inversión.  

Bueno, y mañana seguiremos hablando de moscas... 



Frases de Virgilio





Museo del Bardo: el tesoro de Túnez