martes, 13 de enero de 2015

Cantigas de Sta. María: Curación del monje con un mal de lengua por la leche de la Virgen




Curación del monje con un mal de lengua y labios por la leche de la Virgen.

Alfonso X: Cantigas de Santa Maria (Códice Rico)

Biblioteca del Escorial


Las Cantigas de Santa María (CSM) constituyen un conjunto de canciones monofónicas de tema mariano, donde se recogen milagros de la Virgen o otros hechos prodigiosos. Fueron compuestas durante el reinado de Alfonso X el Sabio y generalmente se atribuyen a la pluma del propio rey, que era un inspirado trobador.  Pero solo unas cuantas de las más de cuatrocientas piezas de la colección son atribuíbles a Alfonso X. Su labor fundamentalmente consistió en organizar, corregir y dirigir a los diferentes colaboradores integrantes de su corte poética. Algunos de los trobadores que participaron en esta colección de cantigas son Airas Nunes, Pero da Ponte o Joan Soares Coelho. 

El culto mariano había surgido en el s.XII, impulsado sobre todo por S. Bernardo. María es presentada como intercesora, como puente entre Dios y los hombres. Un papel paralelo al de Jesucristo, que por su Redención era el mediador por excelencia. Y si Jesucristo tenía su símbolo, su sangre, María también tenía el suyo, su leche. Esto dió lugar a una gran veneración de la leche de María, testimonio de su maternidad. Y más si cabe porque María no había dejado reliquias tras su Asunción al cielo en cuerpo y alma. Pero había reliquias de su leche. Aparecieron Vírgenes de la Leche por doquier. 


Muchos milagros y curaciones que se atribuían a la Virgen en sus santuarios tuvieron como vehículo la leche de la Virgen. Este es el caso de la cantiga 93 en la que se narra la curación del hijo de un burgués que presentaba una enfermedad con síntomas cutáneos (tal vez lepra). O la cantiga 54, y 404 en la que María cura un grave mal de la garganta y lengua (tal vez un tumor laríngeo) y lo unta con su leche, curando su dolencia. Algo similar ocurre en la cantiga 404, en la que la Virgen se aparece a un monje a quien ya daban por muerto, con un mal que ya le había devorado la lengua y los labios (carcinoma espinoso?) Es curioso que en estos dos últimos casos, el mal afectara zonas bucales o peribucales, precisamente las encargadas de succionar, en una relación clara con la lactancia. Las unciones eran muy practicadas en aquel tiempo y se las atribuía un poder sobrenatural. Por la unción, reyes y clérigos se revestían de poderes especiales. Incluso el sacramento del bautismo y la extremaunción de los moribundos se reservaba para el principio y el fin de la vida. No nos debe extrañar pues la unción con un líquido salvífico, como la leche de la Virgen, testimonio excepcional del misterio de la Encarnación.



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