lunes, 15 de junio de 2015

Ferdinand von Hebra, diagnosticar con microscopio


Ferdinand von Hebra (detalle) . 
Allgemeines Krankenhaus, Viena. 




Koch

Ferdinand von Hebra  


Óleo sobre lienzo. 
Allgemeines Krankenhaus, Viena   




Ferdinand von Hebra (1816-1880) es una figura que constituye una piedra angular de la Historia de la Dermatología, y a quien debemos la correlación entre clínica e histopatología para interpretar y clasificar mejor las afecciones cutáneas, la descripción de un gran número de enfermedades nuevas y la independización de la Dermatología como especialidad médica en Centroeuropa. 


Natural de Brunn (Moravia), Hebra estudió Medicina en Viena con profesores como Rokitansky y Kolletschka, un amigo de Semmelweis. Tras doctorarse en 1841, entró  como interno en el equipo de Škoda. Por aquel tiempo, en la clínica de Škoda, que atendía sobre todo enfermedades del tórax, pocos médicos se interesaban por las afecciones de la piel, marginadas en la sala llamada servicio de la sarna (Kraetzestation). No fue este el caso de Hebra. Cuando Škoda vió el interés que tenía el joven Hebra por las dermatosis, lo puso al frente de este servicio.


Ferdinand von Hebra. Litografía  E.Kaiser (1850)

En él se reunían todos los pacientes afectos de lesiones cutáneas de todo tipo. Cualquier paciente con transtornos en la piel era llevado a la sala de sarnosos. El nombre estaba bastante justificado: el año que Hebra se hizo cargo del servicio hubo 2197 casos de sarna sobre un total de 2723 pacientes. Los médicos de la escuela de Viena consideraban que todos estos procesos se debían a miasmas internos en un intento de conseguir aire y luz. Se debía dejar que la naturaleza siguiera su curso. Cualquier actuación sobre la piel era peligrosa y podía causar graves alteraciones internas, ocasionando la putrefacción de la sangre u otros humores.

Hebra quiso poner en práctica la patología que había aprendido con Rokitansky y la clínica que le enseñó Škoda. Durante años, muchos habían reclamado el uso de la patología para interpretar la dermatología clínica. Hebra puso esta idea en práctica de inmediato, subrayando su importancia. Con su magnífica formación clínica, Hebra puso la histopatología al servicio de una mejor comprensión de los procesos de las enfermedades de la piel. Había nacido el período anatomopatológico en dermatología y la especialidad se fundamentaba así en una mayor base científica.



Ferdinand von Hebra

Los primeros estudios de Hebra fueron sobre la sarna. Ya hemos dicho que en el Allgemeine Krankehaus (Hospital general de Viena), la sarna era frecuentísima. Hebra, imbuído de las nociones de patología humoral, creyó al principio que la sarna era una enfermedad sistémica. Pero muy pronto se dió cuenta, por experimentos realizados sobre sí mismo y en voluntarios que la sarna es debida a un ácaro. El tema seguía siendo controvertido en aquel tiempo. Aunque repetidamente se había descrito la presencia del Sarcoptes scabiei, nadie quería admitir su correlación con la enfermedad.

En 1844, en su obra Über die Krätze (Sobre la sarna) Hebra llegó a la conclusión de que todo aquel en cuya piel asienta el ácaro se contagia de sarna, y que el cuadro desaparece cuando se destruyen el ácaro y los huevos.

Asimismo, llevó a cabo experiencias con sustancias irritantes en sarnosos, especialmente con aceite de crotón, demostrando que muchas alteraciones de la piel pueden estar provocadas simplemente por causas locales. Los agentes químicos, térmicos y mecánicos pueden, al irritar los tejidos, ocasionar diversas lesiones como enrojecimiento, ampollas, exudación, y que la irritación de la piel puede transmitirse a distancia por los reflejos nerviosos. Estas experiencias fueron decisivas para evaluar la importancia de los factores locales en la producción de las enfermedades.

La gran formación clínica de Hebra no le permitió caer en el error de pensar que no existían enfermedades de causa sistémica, pero las experiencias con irritantes le confirmaron la importancia de los factores locales. Por lo tanto, se opuso a la doctrina francesa de las diátesis, que intentaba explicar siempre la enfermedad en virtud de la constitución del paciente.

Herpes zoster. Lámina de Anton Elfinger en el libro
Atlas der Hautkrankheiten de Ferdinand von Hebra

La insistencia de Hebra en la importancia de los factores externos y de las reacciones locales facilitaría al cabo de unos años la comprensión de las infecciones bacterianas en la ya no muy lejana era bacteriológica.

En 1845, el servicio de Hebra se independizó del departamento de Škoda, hito que marca el nacimiento de la dermatología como disciplina independiente en los países germánicos. 

En este mismo año publica una clasificación lógica e innovadora de las enfermedades de la piel, bajo criterios anatomopatológicos. Su claridad y racionalidad hizo que se popularizara rápidamente, y a los pocos años puede decirse que Hebra es considerado como la máxima autoridad mundial en dermatología. Esta clasificación se reflejó más tarde en sus obras. Las más importantes fueron Atlas der Hautkrankheiten (1856-1876) y Lehrbuch der Hautkrankheiten (1860)

También describió diversas enfermedades, como rinoscleroma; impétigo herpetiforme; liquen acuminado; prurigo; lichen scrofulosorum (una forma de tuberculosis cutánea); lupus eritematoso; eritema exudativo multiforme y la tinea cruris (conocida durante mucho tiempo como eritema marginado de Hebra). También clarificó conceptos sobre otras enfermedades como urticarias, xantomas y pénfigos. A él se deben algunos de los nombres usados para designar enfermedades de la piel, como psoriasis, lupus o pitiriasis. La influencia de Hebra en la terapéutica dermatológica no fue desdeñable, aplicando múltiples tratamientos tópicos. A él  se atribuye la invención de la cama de agua para el tratamiento de las quemaduras extensas.

Hebra pronto figuró, al lado del patólogo Rokitansky, el clínico Škoda y el anatomista Hyrtl, como uno de los ejemplos más destacados de la Nueva escuela vienesa (Neue Wiener Schule), que pronto recuperó para esta capital las glorias de la Escuela de Viena del s. XVIII, que estaban ya algo marchitas desde hacía mucho tiempo. La obra de Hebra fue continuada por su discipulo y yerno Kaposi




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