lunes, 9 de noviembre de 2015

Los "higos" de transmisión sexual del poeta Marcial





Cesto de higos
(s. I d.C.

Pintura mural
Villa de Popea. Oplontis 



Los romanos consideraban a la higuera un árbol sagrado, ya  que según la mitología la loba Luperca amamantó a Rómulo y Remo debajo de uno de estos árboles. El higo era un fruto consumido por todos los pueblos del Mediterráneo, se tomaba fresco, seco, en conserva y añadido al vino:
Hay algunos que ponen higos frescos poco maduros en un recipiente nuevo de barro, cogiéndolos con los rabos y separándolos unos de otros, y dejan flotando el recipiente en un tonel lleno de vino.” (Paladio, L. IV, IX)
Los higos tuvieron una importancia vital en la historia de Roma. El historiador latino Floro cuenta como el senador Catón, interesado en la guerra contra Cartago, mostró a los senadores un higo fresco y les preguntó:
- "¿Cuándo creéis que ha sido arrancado del árbol?” 
Los senadores le respondieron que no hacía mucho tiempo que el fruto habia sido recolectado. Entonces, Catón añadió: 
- “Hace tres días nada más y lo cogieron del árbol en la propia Cartago. ¡Tan cerca se halla nuestro mortal enemigo!”. 
Así consiguió Catón que el Senado declarara la guerra a Cartago (Tercera Guerra Púnica). 




Mosaico con higos. Villa del Casale. Piazza Armerina, Sicilia. 

Los romanos también llamaban higos (ficos) a una enfermedad de transmisión sexual, los condilomas acuminadosLas excrecencias de los condilomas recuerdan la forma de estos frutos y su superficie a la de un higo abierto. 

Los condilomas eran bien conocidos en Roma. Scribonius Largus ya cita su existencia. Aparecen citados en las obras médicas (como en la obra De Medicina de Aulus Cornelius Celso), por las que sabemos que eran tratados por los cirujanos mediante cauterios al rojo vivo. El médico griego Dionisio comentaba: 


"Los cirujanos los tratan con hierros al rojo vivo, sin mostrar piedad por los gritos de sus pacientes, ya que esta enfermedad se produce por contactos contra natura"

Pero su incidencia debía ser muy alta y su transmisión sexual bien conocida. Probablemente debían afectar especialmente a los varones homosexuales, a juzgar por algunos comentarios literarios, como en esta sátira de Juvenal, que comenta un caso de condilomas anales: 


"el médico, entre risas, 
arranca de tu ano depilado 
gruesas excrecencias"

Tan frecuentes debían ser los condilomas anales que de ahí tomaron el nombre. La voz condiloma está tomada del griego condylomata (κονδυλώματα) que significa "vegetación en las márgenes del ano". Para destacar su característica forma se adoptó el término condilomas acuminados. Los romanos los denominaron de forma más gráfica: crista galli, crestas de gallo.

El poeta Marcial les dedica un epigrama donde ridiculiza los negocios de un homosexual, comparando los condilomas a los higos: 
"Para comprar algunos efebos,  
Labieno vendió sus huertos,  
pero ahora todo lo que Labieno tiene  
no es más que un campo de higos"
             (Marco Valerio Marcial, Epigramas, XII, 33)

En otro pasaje destaca la contagiosidad de la enfermedad. En una villae, tanto los miembros de la familia como todos los sirvientes están afectos de condilomas (higos). Marcial irónico comenta que a pesar de tal abundancia de "higos", no tienen ni una sola higuera en su finca:  

"La esposa tiene higos, el marido tiene higos 
el yerno y el cuñado también los tienen,  
el administrador, el granjero, el jornalero y el operario 
están todos llenos de esta vergonzosa plaga. 
Tanto jóvenes como viejos, nadie está libre de ellos. 
Y, cosa admirable! No hay ni una higuera en sus campos"
                (Marco Valerio Marcial, Epigramas, VII, 70)

La denominación de "higos" para esta enfermedad de transmisión sexual persistió mucho tiempo. Aún en el s. XIX, los médicos británicos se referían a ellos como fig warts, y nombres parecidos subsistieron en Alemania, Francia y España hasta comienzos del s. XX.



Epigramas de Marco Valerio Marcial  
2ª edición 
(Texto, introducción y notas de José Guillén. 
Revisión de Fidel Arguido) 
(pdf) 

http://ifc.dpz.es/recursos/publicaciones/23/14/ebook2388.pdf

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