sábado, 17 de enero de 2015

La maqueta del "hombre elefante"



Joseph Merrick . Maqueta de iglesia




 Joseph Merrick

Maqueta de Iglesia
(1886 circa)


Royal London Hospital Museum. Londres. 




Joseph Merrick (1862-1890), sufrió una enfermedad genética de desarrollo progresivo con gran afectación cutánea y ósea, que deformó de manera irreversible el 90% de su cuerpo. Probablemente estaba afecto de una neurofibromatosis de Recklinghausen o de un síndrome Proteus. Su caso fue llevado al cine por David Lynch con la película "El Hombre Elefante".

Su caso llamó la atención del famoso cirujano Frederick Treves que lo encontró en un circo, a finales de 1884, donde lo exhibían como una atracción de feria. 


Esqueleto de Joseph Merrick

Joseph era un joven con no desdeñable inteligencia y acusada sensibilidad artística. Como sucede frecuentemente a quienes por una u otra razón se sienten marginados encontró refugio en el arte y solía dedicarse al modelismo. Solía obsequiar a las personas a quienes estimaba con sus delicadas creaciones, como esta maqueta de una iglesia, de fabricación alemana, que construyó para la actriz Madge Kendal, alrededor del año 1886.

A su muerte, el esqueleto de Merrick, junto con muestras de cabello y algunos de sus tejidos fueron conservados y exhibidos durante un tiempo en el museo del hospital de Londres. Según insistentes rumores, su esqueleto habría sido adquiridos por Michael Jackson en 1987 por 1 millón de dólares. 


Fotografías originales de Joseph Merrick
La naturaleza del mal de Merrick no ha quedado resuelta del todo. Su caso se debatió en 1884 en la Pathological Society de Londres y fue motivo de algunos artículos en British Medical Journal. Un famoso dermatólogo coetáneo, Henry Radcliffe Crocker, propuso que el síndrome que padecía era una combinación de dermatolisis, paquidermatocele y deformidad ósea, causados por alteraciones del sistema nervioso. Crocker incluso llegó a comentar el caso de Merrick en su libro Diseases of the Skin: their Description, Pathology, Diagnosis and Treatment (1888). 

Otros dermatólogos también intentaron dilucidar el cuadro de Merrick, como Parker Weber (1909) que lo relacionó con la neurofibromatosis de von Recklinghausen; o Tibbles y Cohen con el síndrome Proteus (1979). También se lo ha relacionado con el síndrome de Mafucci o con la displasia fibrosa poliostósica (síndrome de Albright). Finalmente, el biólogo Prof. Paul Spring (2001) propuso que se tratara de una combinación de neurofibomatosis tipo I y síndrome Proteus. El estudio del ADN de Merrick no ha llegado a conclusiones claras, por lo que la auténtica naturaleza de su enfermedad queda sin un diagnóstico definitivo.


Bibliografía:

Tibbles, JAR.; Cohen MM, "The Proteus Syndrome: The Elephant Man Diagnosed", Br Med J 1986, 293 (6548): 683–685,


Spiring, P. June 2001), "The Improbable "Elephant Man", Biologist (London, England) 2001, 48(3): 104,


Sierra, X. "La neurofibromatosis de John Merrick, el hombre elefante". En: Dermis y Cronos, 84-87. Ed. Planetade Agostini, SA. Barcelona, 1995

viernes, 16 de enero de 2015

Van Eyck y el vello púbico femenino.



Van Eyck. Eva (detalle). Retablo del Cordero Místico.
Catedral de San Bavo Gante.



Van Eyck. Retablo del Cordero Místico (1432)
Óleo sobre tabla. 350 x 223 cm
Catedral de San Bavo. Gante. 



La representación del vello púbico femenino no se ha prodigado en la historia del arte. Pudor, razones religiosas y tabús sexuales, eran las responsables de una censura  obligada. Si bien había sido representado de forma esquemática en el Antiguo Egipto, donde el vello de la celestial diosa Nut se limitaba a un esquemático triángulo, aparece más raramente en la cultura grecorromana, en la que la práctica de la depilación estaba extendida en ambos sexos. 

El triunfo del cristianismo acentuó todavía más este tabú. En los casos que se representaba un cuerpo desnudo, jamás se podía plantear la representación del vello púbico. El vello es considerado como un signo de bestialidad y de lubricidad. 

La minuciosidad del arte flamenco fue la que justificó que el vello púbico, si bien de forma muy recatada comenzara a representarse. Así, Jan Van Eyck representa desnudos - y velludos - a Adán y Eva, en el retablo del Cordero Místico (s. XV). Tal vez sea esta tabla en donde por primera vez se representa el vello pubiano. Eva aparece con un prominente abdomen, que sugiere un embarazo, intentando tapar en vano su sexo con hojas de higuera. Pero el vello se desborda. Por cierto que, la distribución del vello de Eva sigue un patrón claramente romboidal, masculinizante, ascendiendo discretamente por la línea alba. Como anécdota recordaremos que el emperador Francisco José II durante la ocupación austríaca, hizo sustituir los paneles de Adán y Eva por otros en los que aparecían cubiertos por pieles. 

Otros flamencos, como Hugo van der Goes siguen el ejemplo. En La Caída del Hombre nos muestra a los primeros padres en el jardín del Edén. Unas púdicas flores contribuyen a que la visión de la zona púbica se suavice. Pero el vello se entrevé levemente a través de las flores. 

Pero estos tímidos intentos van a desaparecer muy pronto. Los desnudos renacentistas esconden el sexo, pero en caso de mostrarlo, aparece totalmente lampiño. Nuevamente el pelo pubiano es censurado y deberemos esperar hasta La Maja desnuda de Goya para que podamos contemplar nuevamente un tímido atisbo de vellosidad en la zona genital femenina. Faltan todavía muchos años para llegar al Origen del Mundo


Visión completa del políptico de Gante o Retablo del Cordero Místico. 

jueves, 15 de enero de 2015

Petrus Gonzalvus y su familia.




 Retrato de Pedro Gonzalves, 

 el "Salvaje Gentilhombre"


Oleo sobre lienzo. Cámara de Arte y Curiosidades

Castillo de Ambras. Innsbruck (Austria) 







En la época barroca se tendía a representar las alteraciones curiosas o raras en la pintura. Fue también el caso de Petrus Gonzalvus (1537-1618), originario de las islas Canarias y afecto de hipertricosis lanuginosa congénita. Su enfermedad, de origen genético, le había cubierto totalmente el cuerpo de abundante vello, lo que le valió el sobrenombre de Hombre lobo de Baviera

Giulo Alvarotto, enviado diplomático del rey de Italia en la corte francesa en esas fechas, lo describió así:
"Su cara y su cuerpo esta recubierta por una fina capa de pelo, de unos cinco dedos de largo (9 cm.) y de color rubio oscuro, mas fina que la de una "marta cibellina" y de olor bueno, si bien la cubierta de pelo no es muy espesa, pudiéndose apreciar bien los rasgos de su cara".
En aquel momento, las cortes europeas tenían el gusto de incorporar a su corte personajes con enfermedades raras como bufones (más tarde esto derivó en exhibiciones en circos y ferias). Baste recordar los bufones de la corte de Felipe IV, pintados por Velázquez. Así, Petrus Gonzalvus secuestrado por piratas franceses fue llevado desde su Tenerife natal a la corte de Enrique II y más tarde a las cortes de los Farnesio en Parma y Roma, donde era conocido como don Pietro Gonzales Selvaggio (Pedro González, salvaje). Por salvajes se conocían unos personajes mitológicos, que vivían en los bosques, semidesnudos y cubiertos de pelo, armados siempre con grandes mazas. Se les atribuía una función apotropaica y a veces se colocaban estatuas de salvajes a los lados de las puertas, por ejemplo.

Pedro Gonzales, a pesar de ser exhibido como un monstruo, disfrutó de un trato de gentilhombre. Posaba para ser pintado con gran prestancia, y ricas ropas, e incluso tenía un sirviente a su servicio. Con los años, se casó con una parisina y tuvo un hijo, llamado Arrigo llamado el peloso, ya que también heredó la enfermedad. También tuvo una hija, Antonietta, que fue pintada por Lavinia Fontana (1594-1595) en un cuadro inquietante. 


Lavínia Fontana: Retrato de Antonietta Gonzales.
Oleo sobre tela. Castillo de Blois.


En el castillo de Ambras, se conserva una pequeña colección de pinturas de esta familia reunida por Fernando II de Austria en el s. XVI. El naturalista italiano Ulisse Aldovrandi estudió por primera vez el caso de la familia Gonzalves, y más tarde se popularizó el nombre de  síndrome de Ambras para designar la hipertricosis lanuginosa congénita, enfermedad muy rara, con una incidencia en la población de 1: 1.000.000. 



Actualmente hay un centenar de estos casos en todo el mundo. Se han encontrado inserciones de segmentos de cromosomas 4 y 5 en el mismo segmento de cromosoma X de dos familias, una mexicana y una china. Probablemente la inserción determina la activación del gen  SOX3, que se ha localizado al lado del lugar de inserción 

(http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21636067).




Agostino Caracci: Triple retrato (Arrigo peloso, Pietro matto y Amon nano)
Oleo sobre tela (101x133 cm) Entre 1598 y 1600
Museo de Capodimonte. Nápoles. 




miércoles, 14 de enero de 2015

Ecce Homo de Van Hemessen



Detalle de uno de los personajes del Ecce Homo de Van Hemessen:
los nevus son bien visibles en mejilla y labio inferior.



Van Hemessen: Ecce Homo. Tabla (detalle) 
Musée de la Chartreuse. Douai. 

En muchos retratos podemos encontrar nevus y tumores cutáneos benignos en la cara de los personajes, especialmente si éstos les conferían una cierta personalidad, aunque muchas veces son eliminados de las representaciones artísticas, ya que se consideran que afean o quitan nobleza a la faz. 

Sin embargo, algunas veces podemos encontrar este tipo de tumores benignos en la cara de personajes malvados o perversos, justamente para acentuar su "cara de malo". Sería el caso de las "verrugas de bruja" con la que generalmente se representa a estas hechiceras, con las que se quiere conseguir un aspecto más bestial,  acentuando nuestra aversión hacia ellas. 

Por este motivo, no es raro observar nevus intradérmicos en la cara de personajes odiosos. Y que más odioso que los verdugos que maltrataron a Jesús? En algunas representaciones del Ecce Homo, como en esta de Van Hemessen, podemos detectar algunas de estas lesiones que hacen más patente todavía la maldad de sus portadores. A destacar que también se asocian unos rasgos faciales deformados, prognatos, con nariz de indudable naturaleza semítica, con lo que el mensaje xenófobo contra los judíos queda bien claro. 

Visión completa del Ecce Homo de Van Hemessen.
El personaje con turbante del ángulo inferior derecho también presenta tumores benignos en la cara

martes, 13 de enero de 2015

Cantigas de Sta. María: Curación del monje con un mal de lengua por la leche de la Virgen




Curación del monje con un mal de lengua y labios por la leche de la Virgen.

Alfonso X: Cantigas de Santa Maria (Códice Rico)

Biblioteca del Escorial


Las Cantigas de Santa María (CSM) constituyen un conjunto de canciones monofónicas de tema mariano, donde se recogen milagros de la Virgen o otros hechos prodigiosos. Fueron compuestas durante el reinado de Alfonso X el Sabio y generalmente se atribuyen a la pluma del propio rey, que era un inspirado trobador.  Pero solo unas cuantas de las más de cuatrocientas piezas de la colección son atribuíbles a Alfonso X. Su labor fundamentalmente consistió en organizar, corregir y dirigir a los diferentes colaboradores integrantes de su corte poética. Algunos de los trobadores que participaron en esta colección de cantigas son Airas Nunes, Pero da Ponte o Joan Soares Coelho. 

El culto mariano había surgido en el s.XII, impulsado sobre todo por S. Bernardo. María es presentada como intercesora, como puente entre Dios y los hombres. Un papel paralelo al de Jesucristo, que por su Redención era el mediador por excelencia. Y si Jesucristo tenía su símbolo, su sangre, María también tenía el suyo, su leche. Esto dió lugar a una gran veneración de la leche de María, testimonio de su maternidad. Y más si cabe porque María no había dejado reliquias tras su Asunción al cielo en cuerpo y alma. Pero había reliquias de su leche. Aparecieron Vírgenes de la Leche por doquier. 


Muchos milagros y curaciones que se atribuían a la Virgen en sus santuarios tuvieron como vehículo la leche de la Virgen. Este es el caso de la cantiga 93 en la que se narra la curación del hijo de un burgués que presentaba una enfermedad con síntomas cutáneos (tal vez lepra). O la cantiga 54, y 404 en la que María cura un grave mal de la garganta y lengua (tal vez un tumor laríngeo) y lo unta con su leche, curando su dolencia. Algo similar ocurre en la cantiga 404, en la que la Virgen se aparece a un monje a quien ya daban por muerto, con un mal que ya le había devorado la lengua y los labios (carcinoma espinoso?) Es curioso que en estos dos últimos casos, el mal afectara zonas bucales o peribucales, precisamente las encargadas de succionar, en una relación clara con la lactancia. Las unciones eran muy practicadas en aquel tiempo y se las atribuía un poder sobrenatural. Por la unción, reyes y clérigos se revestían de poderes especiales. Incluso el sacramento del bautismo y la extremaunción de los moribundos se reservaba para el principio y el fin de la vida. No nos debe extrañar pues la unción con un líquido salvífico, como la leche de la Virgen, testimonio excepcional del misterio de la Encarnación.

Bibliografía


Sierra X. Lírica galaicoportuguesa medieval. Col·lecció Camí del Sorral. Associació de Relataires en Català. Barcelona, 2013
Descarga gratuita en pdf: http://www.bubok.es/libros/223185/Lirica-Galaicoportuguesa-Medieval


Romaní J, Sierra X, Casson A. Análisis de la enfermedad dermatológica en 8 Cantigas de Santa María del Rey Alfonso X el Sabio. Parte I: Introducción, el monje resucitado "lac virginis", el ergotismo y la lepra. Actas Dermosif 2016:107 (7): 572-576

Romaní J, Sierra X. Casson A. Dermatologic Diseases in 8 of the Cantigas of Holy Mary of Alfonso X the Learned - Part 2: Genital Mutilation, Scrofuloderma, Scabies, Erysipelas, and the Ailments of the King. Actas Dermatosifiliogr. 2016 Oct;107(8):661-5. doi: 10.1016/j.ad.2016.02.014. Epub 2016 May 4.