sábado, 7 de marzo de 2015

El castigo de Marsias





 José de Ribera 
"El Españoleto"  

Apolo y Marsias 
(1637)

Óleo sobre tela 182 x 232 cm
Museo de Capodimonte. Nápoles.


"ἐν τῇ καὶ ὁ τοῦ Σιληνοῦ Μαρσύεω ἀσκὸς ἀνακρέμαται, τὸν ὑπὸ Φρυγῶν λόγος ἔχει ὑπὸ Ἀπόλλωνος ἐκδαρέντα ἀνακρεμασθῆναι."
(Heródoto, Historia VII, 26) 
"En dicho lugar, asimismo, se halla colgada la piel del sileno Marsias, siendo Apolo quien, según una tradición que circula entre los frigios, la dejó allí colgada después de haberlo desollado".
(Traducción de Carlos Schrader)

Llovía mansamente en Nápoles, sobre los jardines de Capodimonte, en aquella tarde de primavera. Recorrí las numerosas salas del museo con calma, deteniéndome en algunas de las más relevantes pinturas. De repente, en el fondo de una sala, vi el cuadro de Ribera, Marsias y Apolo. Quedé absorto, ante el gesto de dolor de Marsias. Su cara se contraía en un aullido, casi audible. El dolor, la percepción del dolor intenso, además de ser la injusta consecuencia del caprichoso designio de un dios, llenaba todo el espacio. 

El valenciano José de Ribera (Xàtiva 1591 - Nápoles, 1652), apodado por los napolitanos el Españoleto, por su baja estatura, se había recreado en los detalles. Marsias, el sátiro, aparecía cubierto de vello en el pecho - un signo propio de personajes negativos, malos e impuros - mientras que un lampiño e impoluto Apolo, radiante de luz procedía a su castigo: le estaba arrancando la piel. Unos sátiros en un rincón contemplaban la escena, horrorizados. 

Según la mitología, la diosa de la sabiduría Atenea había inventado la flauta durante un banquete, a partir de un hueso de ciervo. Pero Hera y Afrodita se burlaron de cómo se hinchaban sus mejillas al intentar tocarla. Atenea entonces arrojó la flauta, y prometió grandes desgracias a quien la encontrara. 


Perugino. Apolo y Marsias. 
El pobre Marsias (Μαρσύας) tuvo la mala suerte de encontrarla. Le gustó su son, y recreaba a los sátiros del bosque con sus improvisados conciertos. Su éxito fue tal que llegó a desafiar a Apolo, el dios de la música y de las artes, convocándolo a un peculiar concurso. Apolo tocaría su lira y él la flauta, y a ver quien de los dos era mejor músico. El premio era sustancioso: el ganador podría hacer con el vencido lo que quisiera. En el singular duelo, pronto se manifestó la superioridad de Marsias. Era un virtuoso de la flauta. Apolo, molesto y humillado, sugirió que tocaran el instrumento al revés. Esta vez la melodía de Apolo se impuso, ya que la flauta al revés no sonaba. Además los jueces no eran imparciales: quienes decidían eran las Musas, que formaban parte del séquito de Apolo. 

Torso de Marsias desollado. 
Escultura romana s. I-II.
Museo Arqueológico, Estambul. 
Apolo entonces se vengó cruelmente de quien había osado desafiar a un dios. Hizo que ataran a Marsias a un árbol y lo desolló. 

Había visto en muchas ocasiones representado el mito de Marsias y Apolo. Recordaba una escultura romana (probable copia de una anterior) en el Museo Arqueológico de Estambul, y versiones de Rafael (Vaticano); Luca Giordano (El Escorial); o una porcelana en el Museo del Prado. El mito del castigo de Marsias por querer ser más que un dios ha sido ampliamente reproducido, especialmente en la época barroca, en la que estos relatos mitológicos causaban furor. 

En cuanto al castigo, el desollamiento, es algo que impresiona, y no sólo a los dermatólogos. Arrancar en vivo la piel, el mayor órgano del cuerpo humano y además la sede de la sensibilidad y el tacto, es un suplicio doloroso y salvaje, que horroriza a cualquiera.

Cuando salí de Capodimonte, comenzaba a anochecer. Ya no llovía, pero quedaba en el ambiente un húmedo aroma a tierra mojada. Al doblar una esquina, escuché una musiquilla, suave y lejana. No sé por qué, me vino a la mente la flauta de Marsias y su infausto final. 



Raffaele Sanzio. 
Apolo y Marsias. Fresco.
Stanza della Segnatura.
 Vaticano, Roma. 


Apolo y Marsias (1770)
Porcelana del Buen Retiro
Museo del Prado, Madrid. 






Bartolomeo Manfredi Apolo y Marsias (1620)
Saint Louis Art Museum, Missouri









viernes, 6 de marzo de 2015

Dr. Hans Koch, una historia de arte y adulterio









 Otto Dix

Retrato del Dr. Hans Koch 
(1921) 

Óleo sobre tela  100,5 x 90 cm 
Ludwig Museum, Colonia



Otto Dix (1891 - 1969) fue uno de los principales exponentes del expresionismo alemán, encuadrado en el movimiento Neue Sachlichkeit (Nueva objetividad) que terminó bruscamente tras la llegada al poder del Nacionalsocialismo en 1933, al ser clasificado por los nazis como Arte degenerado (Entartete Kunst)


Otto Dix. Autorretrato con caballete (1926)

Instalado en Dresde, funda con Conrad Felixmüller el Dresden Sezession Gruppe (1919), que encuadraba a artistas expresionistas y dadaístas, y que ejercían una radical crítica social. Dos años más tarde, se traslada a Düsseldorf, uniéndose al grupo de artistas Das Junge Rheinland.

El Dr. Hans Koch era un médico de Düsseldorf, especializado en dermatología y urología. De gran cultura, escribía también novelas y poesía expresionista (Mein Leben geht auf krummen Wegen, 1906; Prolesen, 1908). Gran aficionado al arte, escribía también crítica artística, y era un reconocido coleccionista y mecenas. Le interesaba sobre todo el arte francés y adquirió obras de Vlaminck, Braque, Ingres y Marie Laurencin. Su afición por el arte le llevó a regentar, junto con Martha, su mujer, una galería de arte (Con el nombre de Das graphische Kabinett de Berg und Co, usando el nombre de un amigo para evitar el conflicto de intereses con su práctica médica) donde se exhibía obra gráfica de jóvenes artistas de las regiones del Rhin y de Dresde (1918-1920). La casa del doctor, un curioso híbrido de domicilio, consulta, bodega y sala de exposiciones, acogía frecuentemente tertulias de intelectuales y artistas.   

Koch adquirió diversas obras de Otto Dix, con quien le unía una buena amistad. Entre ellas citaremos El salón I y El salón II, que representan escenas de prostíbulos (hay que señalar el posible interés del Dr. Koch por este tema, ya que se dedicaba fundamentalmente a la venereología)


El salón I (1921), uno de los cuadros de Otto Dix
que el Dr. Hans Koch adquirió para su colección

El médico frecuentemente posaba para el pintor y le encargó un retrato. Dix representó al doctor en su consulta. El médico aparece empuñando con una mano una jeringa cargada y en la otra una sonda, en actitud algo amenazante, como si se dirigiera a un hipotético paciente situado a la derecha del espectador. Lleva las mangas de la bata arremangadas, y debajo de la bata, entreabierta, podemos ver una indumentaria propia de la moda de los años 20. Sobre una mesa, a su lado, algunos instrumentos médicos, entre el que podemos reconocer un speculum. Al fondo, una camilla de exploración ginecológica y diversos frascos con reactivos y antisépticos, sondas, sueros, un manómetro y un armario de instrumental.  


El conjunto abigarrado de la consulta crea un cierto ambiente inquietante. Esto contrasta con la cara impasible y la mirada inquisitiva del doctor, enmarcada en unas gafas redondas. Sobre su mejilla destacan dos profundas cicatrices, al parecer recuerdo de sus andanzas juveniles. 

Otto Dix. Retrato de Martha Dix (1928)
La amistad del pintor con la familia del Dr. Koch fue intensa. Tan intensa que al poco tiempo Dix se fugó con la mujer del dermatólogo, que se fue con él a Dresde. Koch se tomó el asunto con bastante tranquilidad, tal vez porque él mismo había iniciado una historia de amor con la hermana mayor de su mujer, Maria Elisabeth. Lo único que le dijo es: 
- "si me la quieres quitar, hazlo bien" 
Y efectivamente, Otto Dix y Martha se casaron al cabo de poco. También el doctor y Maria Elisabeth lo hicieron. Una vez formadas estas nuevas parejas, el Dr. Koch y Otto Dix siguieron con su profunda amistad - ahora ya no sólo amigos sino también cuñados - hasta la muerte del médico en 1952. 

En cambio, no sabemos muy bien si el retrato que le hizo Dix gustó demasiado al médico. Hans Koch lo tuvo un tiempo en su casa, pero al cabo de dos años lo vendió a Josef Haubrich, un coleccionista de Colonia, quien a su muerte lo legó, junto al resto de su colección al museo de su ciudad (1946). 

jueves, 5 de marzo de 2015

Fra Garí, el hirsuto ermitaño de Montserrat



Fra Garí. Museu Història de la Ciutat. Barcelona



  Anónimo 
Fra Garí

Talla de madera 
Museu d'Història de la Ciutat. Barcelona.



En Cataluña existe la leyenda de Fra Garí, ermitaño de Montserrat en el s.IX. Garí era un ermitaño muy virtuoso, de vida austera. Se alimentaba frugalmente de frutos silvestres y bebía el agua que manaba de una fuente en su cueva, que aún hoy se conoce como la cueva de Fra Garí.  

El anacoreta cada vez más ganaba fama de santo y esto enfurecía al demonio, que decidió tentarlo. Se disfrazó de  un anciano 
ermitaño y se hizo el encontradizo con Joan Garí. Éste, al principio, se extrañó de no haberlo visto nunca, pero el demonio le mintió, diciéndole que vivía en una cueva muy pequeña y apartada y que sólo salía al exterior cada diez años. 

Poco a poco, Fra Garí tomó confianza con el falso ermitaño. Lo iba a ver frecuentemente y le pedía consejo y opinión, exponiéndole sus dudas. Pero por mucho que el demonio intentaba inducirle a caer en la tentación, la extrema rectitud de Garí le hacía indemne a la tentación. 


Lucifer decidió entonces cambiar de táctica. Endemonió el cuerpo de la princesa Riquilda, hija del conde de Barcelona Wifredo el Velloso. La desdichada princesa no paraba de gritar y de decir que sólo se curaría si la exorcizaba Fra Garí y por eso el conde decidió llevarla a Montserrat. Joan Garí la curó inmediatamente, pero el conde, para asegurarse, le pidió que permitiera que la doncella se quedara en la cueva con el ermitaño algunos días. Garí al principio se opuso, pero ante la insistencia del conde, aceptó que la chica se quedara con él. 


Una vez a solas, la belleza y juventud de la muchacha despertaron la concupiscencia del santo varón. Turbado, acudió a ver al viejo ermitaño que - ante su asombro - le recomendó que no se opusiera a la inclinación de la naturaleza. 


Vencido por la tentación, Garí acosó y violó a la muchacha. Horrorizado por su conducta, volvió nuevamente a consultar con el falso ermitaño, que le aconsejó que lo mejor era deshacerse de la chica. Garí entonces asesinó a Riquilda, despeñando su cuerpo por un precipicio. 


Lleno de remordimiento, Garí peregrinó a Roma, para pedir perdón al papa. El pontífice le dijo que sus pecados eran tan grandes que no sabía si tendrían perdón. El papa le dijo que ya que se había comportado como una bestia, debía hacer penitencia como una bestia. Caminar a cuatro patas, no lavarse y huir del contacto con la gente. 




Arrepentido, Fra Garí volvió a Montserrat,  donde durante siete años vivió sin pronunciar palabra, caminó a cuatro patas y sobrevivió como una alimaña. Su cuerpo se cubrió de un espeso vello, como el de un oso.

Pasado mucho tiempo, unos cazadores de jabalíes toparon con el extraño ser y lo apresaron. Extrañados por el raro fenómeno del hombre-oso, lo encerraron en una jaula y lo llevaron a la corte del conde de Barcelona, como un prodigio de la Naturaleza. Justamente el conde celebraba una fiesta, ya que la condesa acababa de dar a luz a un heredero, el príncipe Miró. En la fiesta, entraron al salón la jaula de Fra Garí, como un entretenimiento exótico. 

La nodriza, que llevaba al pequeño príncipe en brazos, se acercó a la jaula, para mostrar al niño el extraño animal. El bebé, ante la sorpresa general, habló claramente, diciendo: 
- Levántate, Fra Garí, que Dios ya te ha perdonado!
El antiguo ermitaño entonces se irguió. El conde mandó enseguida que lo lavaran, le cortaran el pelo y lo vistieran. Una vez recuperada la apariencia humana Garí explicó al conde su crimen, pidiendo un justo castigo. El conde, magnánimo, no quiso castigar a quien Dios ya había perdonado. Entonces, el anacoreta condujo a los hombres del conde a donde había despeñado a Riquilda, para que recibiera cristiana sepultura. Pero al llegar al lugar hallaron a la muchacha viva, ya que la Virgen de Montserrat la había salvado. 

El conde dispuso entonces que en Montserrat se erigiera un monasterio femenino - Santa Cecilia - del que Riquilda fue la primera abadesa. Este milagro se considera el primero de los muchos atribuídos a la Virgen de Montserrat. 

La talla de madera de Fra Garí, del Museu d'Història de la Ciutat de Barcelona, lo representa cubierto de pelo, si bien el pelo corporal se muestra como una especie de melena. La pilosidad en estos casos simboliza claramente los pecados cometidos, que acercan al hombre a las bestias.  El penitente toma pues los rasgos iconográficos del salvaje. Quizá este hecho peyorativo es una de las causas del tabú que parece grabar la representación del pelo corporal y su simbolismo implícito. 





miércoles, 4 de marzo de 2015

Scriabin: Un forúnculo mortal

Golovin. Retrato de Aleksandr Scriabin. 





 A. Golovin
(1863 - 1930) 

Retrato de 
Alexandr Scriabin 

Óleo sobre tela  




Aleksandr Yakoblevich Gorovin (Александр Головин) fue un importante artista y escenógrafo y figurinista  ruso. Realizó también algunos retratos de personajes importantes en la Rusia de su tiempo, entre ellos éste de Scriabin.

Aleksandr Nikolaievich Scriabin  (Алекса́ндр Никола́евич Скря́бин, 1872 -1915) fue un compositor y pianista ruso. Nació en una familia aristocrática y desde niño aprendió a tocar el piano, convirtiendose pronto en un virtuoso. 

Compuso muchas obras para piano. Muy influenciado por Chopin, usó habitualmente sus mismas formas:  mazurcas, estudios y preludios. Pero al final de su vida compuso obras de una gran originalidad, con armonías y texturas poco habituales. 

El desarrollo del estilo de Scriabin puede verse en sus diez Sonatas para piano. En las primeras, de tipo románticas, la impronta de Chopin y Listz es muy patente, pero las últimas se intrernan en nuevos territorios. Así por ejemplo, las últimas no están escritas en ninguna tonalidad. Muchos fragmentos pueden considerarse atonales, aunque entre 1903 y 1908 la unidad tonal fue reemplazada imperceptiblemente por la unidad armónica. 

V. Boranoff-Roussine. Retrato de Scriabin. 


Poco tiempo antes de morir, había planificado una verdadera obra multimedia, que aunaría sonido, luces de colores y aromas, y que tendría que interpretarse en la cima del Himalaya. Esta obra, Mysterium, nunca fue estrenada. 

En abril de 1915, Scriabin presentó un forúnculo en el labio superior, con gran inflamación. Poco después comenzó a tener fiebre y tres días mas tarde anuló su concierto en Moscú. La lesión creció, con gran inflamación y acúmulo de pus, con muy mal aspecto, según su médico el Dr. Bogorodsky. Pronto la inflamación fue tan importante que le causó grandes dificultades para hablar. Probablemente se había ocasionado una trombosis del seno cavernoso. 

Los médicos intentaron drenar la lesión, sin resultado satisfactorio. Había sobrevenido una septicemia y los hemocultivos demostraron la presencia de estreptococos y estafilococos. Le sobrevino un intenso dolor torácico y fue diagnosticado de pleuresía. En la era preantibiótica nadie era capaz de frenar este proceso, que cada vez se complicaba más. La mañana del 14 de abril de 1915 murió.

Aleksandr Scriabin fue toda la vida un hipocondríaco que cuidó hasta extremos increíbles la higiene y temió siempre a la infección, llegando a actitudes que pueden calificarse de obsesivas compulsivas. Sin embargo - ironías del destino - no pudo evitar morir por un proceso desencadenado por las bacterias de su propia piel.     


martes, 3 de marzo de 2015

La sífilis de los Borgia


Pinturicchio. Alejandro VI, orante. Fresco de la Resurrección.
Apartamentos Borgia, Museos Vaticanos. 




 Pinturicchio  
 (Perusa, 1454 - 1513

Alejandro VI orante 
(1492)

Fresco de la Resurrección  
Apartamentos Borgia, Biblioteca Vaticana.


Bernardino di Betto, llamado Pinturicchio fue un gran pintor de frescos que contribuyó a decorar la Capilla Sixtina, Santa Maria del Popolo y la Catedral de Orvieto, entre otras muchas obras. Por encargo del papa Alejandro VI decoró seis estancias que posteriormente fueron conocidas como Apartamentos Borgia, y que hoy forman parte de la Biblioteca Vaticana. 


Cristofano dell'Altissimo.
Retrato del Cardenal Rodrigo Borja
Alejandro VI, investido con las insignias papales
















Alejandro VI fue el nombre que tomó al ser elegido papa el cardenal valenciano Rodrigo Borja (posteriormente se ha hecho  habitual la italianización de su apellido, Borgia). Sobrino del papa Calixto III, que lo había nombrado cardenal, cuando accedió al pontificado creó una auténtica corte en Roma, en la que destacaron sus hijos naturales César  y Lucrecia, fruto de la relación que mantuvo con su amante Vanozza Catanei y que actuaban como verdaderos príncipes.  

La vida en la corte de los Borgia era alegre y disipada. La promiscuidad sexual era frecuente y la eclosión de la sífilis en Europa a partir de la batalla de Fornovo (Nápoles 1495) favoreció que aparecieran múltiples  contagios. 

El propio papa contrajo la enfermedad. Sus detractores se referían a él sarcásticamente como Su Santidad Sífilis VI (en lugar de Alejandro VI) haciendo hincapié en la vida sexual promiscua del pontífice, que fue duramente criticada entre otros por el dominico florentino Savonarola.  



Altobello Melone (Cremona, 1490-1543). 
Retrato de un hombre 
(comúnmente identificado con César Borgia).
Accademia Carrara, Bergamo



César Borgia (1475-1517) era el segundo hijo natural de Alejandro VI. Ocupó importantes cargos religiosos, políticos y militares: Fue obispo a los 16 años, conde de Valentinois por designio de Luis XII de Francia (por su participación en la guerra de Nápoles) y se casó con una hermana de Jean d'Albret, rey de Navarra. César fue, pues, uno de los personajes más destacados de la Italia renacentista. Se suele aceptar que Maquiavelo lo tomó de modelo para escribir "El Príncipe". 

A la muerte de su padre su destino se truncó. En 1503 el papa Julio II lo encarceló en el Castillo de Sant'Angelo. Más tarde, cuando fue liberado, fue apresado en Nápoles por el Gran Capitán, y para recuperar  la libertad tuvo que entregar su última posesión (Forlí) y refugiarse primero en Valencia y luego en Navarra, donde murió asesinado en una emboscada.


Pinturicchio. Fresco de la Disputa de Sta. Catalina de Alejandría.
Probablemente Lucrezia Borgia sirvió de modelo para este fresco.
Apartamentos Borgia, Museos Vaticanos

César Borgia llevó una vida licenciosa y promiscua. En 1497, en Nápoles se contagió de una sífilis, tras una relación sexual con una prostituta. César tenía 22 años y había ido a Nápoles como cardenal en representación de su padre el papa. Primero le apareció el chancro en el pene, y más tarde un exantema generalizado (la roséola luética); dolores articulares nocturnos y más tarde sifílides pustulosas en cara y torso. También su hermana Lucrecia contrajo esta enfermedad. Lucrecia tuvo que espaciar sus apariciones en público, por presentar sifílides en la cara, que en algunas ocasiones disimulaba con un espeso velo. César presentaba también lesiones faciales, y las solía ocultar con una máscara. Durante su estancia en Navarra solía vestir de negro y llevaba siempre la máscara protectora. 

La preocupación del papa Alejandro VI y de César Borgia por la sífilis que padecían y el desconocimiento general de esta nueva enfermedad, motivaron que encargaran al médico valenciano Gaspar Torrella, que era el médico del pontífice, un tratado sobre este tema. Así se escribió el Tractatus cum consilis contra pudendagram seu morbum gallicum, uno de los primeros textos médicos conocidos sobre la sífilis (1497), y el primero que se limita a estudiarla clínica y terapéuticamente. Los dos únicos textos anteriores  - el del alemán Grümpeck (1496) y el del italiano Leoniceno (1496) - se basaban más en interpretaciones astrológicas y eruditas que en consideraciones propiamente médicas. Torrella en cambio, basa su estudio en su propia experiencia, aportando al final las historias clínicas de los casos observados por él.  Describe la aparición del chancro sifilítico poco después del contacto sexual "cum sorditie et virulentia" señalando su base indurada y la adenopatía satélite. También describe la erupción cutánea posterior y los dolores articulares, que empeoran por la noche. Acepta el tratamiento con mercuriales, si bien señala los problemas que puede causar su posible abuso. Y señala la conveniencia del control de las prostitutas para evitar la transmisión de la enfermedad. 


Gaspar Torrella. Dialogus de dolore cum tractatu de ulceribus in pudendagra.
Roma, 1500. Biblioteca Nacional, Madrid. 

Tres años después de la publicación de esta obra, Torrella escribe otra,  Dialogus de dolore cum tractatu de ulceribus in pudendagra (1500), dedicada a César Borgia.  Se trata de una obra de divulgación en forma de diálogo entre un interlocutor (Vulgus) que formula preguntas a un experto (Medicus). En este librito, sostiene teorías similares a la obra anterior, si bien desaconseja abiertamente el uso terapéutico del mercurio. A modo de apéndice figura un Tractatus de aliquis ulceribus in pudendagra, dedicado también a César Borgia. 


De algún modo, la sífilis de los Borgia sirvió para iniciar su estudio científico, propiciando el primer estudio sobre la clínica de esta enfermedad. 

lunes, 2 de marzo de 2015

El niño de la espina







 Autor desconocido 

Espinario 
(s. I a.C) 

Escultura en bronce  73 cm 
Musei Capitolini, Roma



El espinario o niño de la espina es una escultura romana en bronce, datada en el s. I a.C., que probablemente reproduce una escultura anterior de la época helenística. Representa a un muchacho sentado sobre una roca mientras intenta sacarse una espina clavada en su pie izquierdo. Una de las características del arte helenístico es el abandono de la idealización del período clásico y representa al hombre en su vida cotidiana, anecdótica, no rehuyendo representar el sufrimiento, aspectos patológicos o incluso lo grotesco, la deformidad y la fealdad. 

Probablemente esta escultura está inspirada en dos obras previas, ya que la cabeza es más propia de una escultura erguida (los cabellos no caen sobre el cuello como sería lógico) y obedece a los cánones imperantes en el s. V a.C. En cambio, el cuerpo parece copiado de modelos de los s. III-II a.C. 

La estatua está documentada en Roma desde el s. XII y fue donada a la ciudad por el papa Sixto IV en 1491, permaneciendo en el palacio de Letrán. 

Este tema ha tenido una gran influencia en la historia del arte y ha sido motivo de múltiples reproducciones e inspiración de diversos artistas. Una copia romana en mármol puede admirarse en los Uffici de Florencia, otra en mármol en el museo del Louvre de París, y otra más en el museo Pushkin de Moscú. En el museo del Prado de Madrid existe una copia del s. XVII (Cesare Sebastian, 1650).

Brunelleschi se inspiró en el espinario para realizar el medallón del sacrificio de Isaac que presentó al concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia (1401). Hay copias en algunos jardines (Aranjuez, Barcelona). También podemos encontrar este tema - más o menos modificado - en iglesias como la de Ansemil (Pontevedra) y en las catedrales de Burgos y León)


El espinario, en el medallón que presentó Brunelleschi
al concurso para la puerta del Baptisterio de Florencia.
Museo del Bargello. Florencia.

Fue probablemente en el Renacimiento, período en el que esta escultura tuvo una gran influencia, cuando se acuñó la leyenda de que representaba al joven Cneo Marcio, un pastorcillo romano encargado de hacer llegar un mensaje al Senado romano, para lo que tuvo que recorrer a pie una gran distancia. Solamente cuando hubo cumplido su misión, el chico se dedicó a sacarse la espina que en el camino se había clavado en el pie. Este comportamiento ejemplar (el deber por encima de las molestias personales) explica la popularidad de este tema. 


 












Dos versiones diferentes del tema del espinario: 
A la izquierda, la escultura de Londres (British Museum). A la derecha, la de París (Museo del Louvre)

Como sabemos, una espina clavada durante un cierto tiempo en la piel (y aún más en zonas de roce o presión) puede originar un granuloma de cuerpo extraño, por lo que su extracción es muy recomendable.