viernes, 22 de mayo de 2015

La cabellera de Siva




Siva Nataraja

Escultura de metal
Musée Guimet, París



Ya hemos visto un gran número de simbolismos vinculados al cabello. En las concepciones orientales, los cabellos también están llenos de significado. A veces, puede ser uno de los atributos de divinidades como Vayu, el dios del viento, o Gangâ, la divinidad del Ganges (en el cabello es frecuente asociar el simbolismo acuático de la fluencia) Siva también es siempre una figura intonsa: no se afeita ni se corta los cabellos “fragantes de perfumes agradables”. Lleva su cabellera recogida en un moño, en una especie de pirámide. Solo en el frenesí de su danza, los cabellos se desatan y aparecen a los lados de la cabeza, extendiendo la exuberancia de la Mâyâ procreadora.

La cabellera de Siva se representa a mas plena de pequeñas figuras simbólicas: figuritas de la diosa Gangâ, la que recibió en su cabeza cuando bajó del cielo a la tierra; flores de la embriagadora datura; una luna en creciente, la que aumenta rápidamente; una calavera, el destino mortal; una cobra, espíritu de creación del mundo. Siva se nos revela como una divinidad dual: por un lado es asceta, la calma total, el reposo y la meditación, y por otro lado, es el bailarín incansable, que con los cabellos al aire despliega en la danza su energía vital, frenética y alegre. Los cabellos de Siva son las líneas de la energía del mundo.

En el mito de la creación hinduista, Visnu se arranca dos cabellos: uno rubio y el otro moreno, y los envía a la Tierra para liberarla del azote de los demonios. Los cabellos fecundarán a la princesa Devaki, esposa de Vasudeva, que concebirá dos hermanos. Del cabello negro nació la reencarnación de Visnu, Krsna, y del cabello rubio, Balarama. Krsna desarrollará su misión salvadora venciendo a los demonios que asolaban la Tierra.


Symbolic and Historical Significance of Lord Siva: 




jueves, 21 de mayo de 2015

Santa Rita y el carbunco




Imagen de Santa Rita de Casia


Capilla de Sta. Catalina Mártir

Catedral de Albacete 



Margherita Lotti (1381 -1457) más conocida por el diminutivo Rita, o por Santa Rita de Casia (ya que vivió y murió en la ciudad italiana de Cascia) es una de las santas más populares del santoral católico. Su fiesta se celebra el 22 de mayo. 

Rita nació en la aldea de Roccaporena a 5 Km. de Cascia (cerca de Perugia, Umbría). Sus padres, ya de edad algo avanzada, la casaron muy joven con un hombre de su pueblo llamado Paolo Mancini, a pesar de que ella había mostrado su voluntad de profesar como monja. 

Paolo era un maltratador, y la hizo sufrir mucho, aunque al parecer ella lo aguantaba todo con resignación. Una de las prohibiciones de su marido era que no diera pan a los pobres. Un día la sorprendió con unas hogazas de pan que Rita escondió en su regazo, Cuando Mancini le ordenó enseñar que llevaba, Rita desplegó su delantal: sólo había rosas. De todos modos, es curioso que este milagro se ha atribuído también a Sta. Margarita y a S. Pedro de Alcalá. Con su marido, Rita tuvo dos hijos mellizos, Jacobo y Paolo. 

Tras la muerte de su marido, que fue asesinado en una emboscada, pidió ser admitida en el convento augustiniano de Sta. Maria Magdalena en Cascia, pero las monjas le manifestaron que solamente admitían vírgenes y que ella debía cumplir sus deberes como madre. Un año más tarde fallecieron sus dos hijos de muerte natural. Rita dió las gracias a Dios por esta muerte que evitaba los deseos de venganza contra los asesinos de su padre (la vendetta era habitual en aquel tiempo y lugar) ya que les habría comportado un grave pecado. 

Libre ya de cargas familiares, Rita se dirigió nuevamente al convento y se encontró dentro de él, a pesar de tener la puerta cerrada. Por lo visto S. Agustín, S. Nicolás de Tolentino obraron el milagro. Rita recibió al poco el hábito de monja a los 36 años. 

Muy devota de la Pasión de Cristo, Rita recibió lo que interpretó como una señal divina: una espina de Cristo abandonó su corona para clavarse en la frente de la santa. Al cabo de poco tiempo la herida exhaló un olor nauseabundo, putrefacto. A pesar de las curas y cuidados la lesión, negra y supurante, persistió en la frente de Rita durante el resto de su vida. 

La espina de santa Rita se considera oficialmente un estigma. Sin embargo es probable que no fuera más que un carbunco (infección cutánea por Bacillus anthracis) enfermedad muy frecuente en el medio rural y que puede penetrar por inoculación en las heridas. 


Miniatura del s. XV, que se considera la representación más antigua de la santa


La historia de la espina de Sta. Rita tiene algunos puntos de interés. El principal es sobre la concepción e interpretación de la enfermedad. En el mundo antiguo, la enfermedad es un castigo de la divinidad frente a actitudes pecaminosas o impías. Un castigo que puede incluso ser por los pecados de los padres (y así se explicaban muchas enfermedades genéticas o congénitas). Pero a partir del s. XV aparece otra interpretación, casi opuesta a la anterior: la enfermedad puede ser una prueba, un premio a la santidad. El sufrimiento es así un reconocimiento a una vida que no teme la mortificación para llegar a la perfección. Un cambio radical en el planteamiento de la concepción de la enfermedad, que alcanzará su culmen en la época barroca. Las dos concepciones, desde este momento compartirán la visión de la enfermedad y serán usadas según convenga por unos y otros. 

Santa Rita goza de gran fervor popular y es invocada como patrona de los imposibles. Muchas tradiciones y dichos se vinculan a su figura: 

El agua por Santa Rita, toda la cosecha quita. 
Truenos por Santa Rita, toda la cosecha quita. 
Por Santa Rita, el agua da más que quita. 
Santa Rita, Rita, lo que se da no se quita. 
Santa Rita, santa Rita, te da y te quita. 


Santa Rita de Casia, abogada de lo imposible:


Evocación de Palmira







Leo en la prensa que Palmira ha caído en manos del Ejército Islámico y que puede ser que la destruyan, como hicieron ya con Nínive y otras ciudades y obras de arte históricas. Noto que se me hace un nudo en la garganta y que se me encoge el estómago. Palmira es tal vez, uno de los yacimientos arqueológicos que me han impresionado más.

Cariacontecido, voy a la cocina y me hago un té. Aún conservo, como oro en paño, té sirio, comprado en el fabuloso mercado de Alepo, hoy ya arrasado por la guerra. Es un té negro, fuerte, aromatizado con Ambre, un fantástico perfume que le confiere unas propiedades organolépticas únicas. 

Mientras saboreo el té y me dejo envolver por su aroma, acuden a mi mente las vivencias y recuerdos de Siria.  El colorido y los olores de sus angostas calles, la simpatía y alegría de sus gentes, los fantásticos pastelitos comprados y comidos por la calle (ah! el baclava!), sus cafés llenos de jugadores de backgammon y fumadores de narguile...

Y Palmira. Sobre todo, Palmira. Llegué a Palmira procedente de Hama, la ciudad de las enormes norias a lo largo del río Orontes. Su chirrido cadencioso y monótono se quedó metido en mi memoria, como una invitación a la siesta, tras una agradable comida. Tras atravesar un paisaje yermo y desértico,  al ponerse el sol apareció ante nosotros un palmar extenso y poblado: Era Palmira. 

Zenobia,  emperatriz de Palmira
La ciudad de Palmira vivió su esplendor en tiempos de la reina Zenobia en el s. III d.n.e. Sus calles, repletas de templos, altares, palacios y edificios cívicos sorprende por su perfecto estado de conservación. Como otras ciudades del desierto como Leptis Magna o Sabratha (Libia) o Petra (Jordania) el clima y la ausencia de población estable cercana han sido los mejores garantes de su supervivencia. 

Ahora Palmira está gravemente amenazada. No por la religión, no por la ideología, sino por el fanatismo humano, por su ansia de destrucción irracional. Me acabo, triste y preocupado, mi taza de té sirio. Sin embargo, continúo sintiendo un nudo en la garganta y una gran desolación en el alma. 





Palmira (Siria): 






Piedras vivas. Palmira Documental: 





miércoles, 20 de mayo de 2015

Enfermedades de la piel en los papiros médicos egipcios





Papiro de Ebers 
(1845)

Texto médico egipcio
escrito sobre papiro
Biblioteca de la Universidad de Leipzig 




Los papiros médicos nos proporcionan una gran información sobre las prácticas médicas en el Antiguo Egipto. El más famoso de ellos es el papiro de Ebers, redactado hacia 1500 a.n.e. en el año 8º del reinado de Amenhotep I, faraón de la dinastía XVIII. Fue descubierto en 1862 entre los restos de una momia en una tumba de la necrópolis de Assassif, por Edwin Smith. que lo vendió al egiptólogo Georg Ebers, que realizó su traducción y estudio. Actualmente se conserva en la Biblioteca Universitaria de Leipzig. Es un tratado muy completo: en sus más de 20 m. de longitud, se describen muchas enfermedades y recetas en 877 apartados.  

Algunas de las enfermedades descritas en este importante papiro médico afectaban a la piel. Este fragmento, por ejemplo, se ha interpretado como un forúnculo: 

"Si tú examinas un tumor en su cuello y lo encuentras como un absceso de carne que se endereza como un pezón, dejando fluir pus, dirás acerca de él: es un tumor supurante de su cuello. Voy a tratar la enfermedad con un cauterio; prestaré atención a los vasos. Hazle un remedio como cura que suprima la membrana supurante: (planta-) tenn;  (granos-) denni; granos de (planta-) sames; sangre de pájaro neher; sangre de avispas; amamu ... de plomo; sal marina. Triturar, amasar, y aplicar"    (Ebers, 857)

En el capítulo siguiente del mismo papiro puede leerse la descripción de otro tumor supurante, también localizado en el cuello, que se ha identificado con un ántrax:

"... de donde el pus sale como el líquido de un pescado behou o de un gran escorpión"

En otro texto, el papiro de Smith, encontramos referencias a una forunculosis o a una forma de acné. Se propone la cauterización como tratamiento (Smith, 39). Otro pasaje alude a una posible lipomatosis nodular difusa.

Las enfermedades del cuero cabelludo aparecen varias veces en los textos médicos egipcios. La enfermedad nesseq (posible alopecia areata) es encomendada a "Atón, el que cura la hendidura", es decir, el que repuebla la zona de pelada (Ebers, 766).

Las lesiones de las mucosas no pasaron desapercibidas a los médicos de la época. Algunas frases del papiro de Ebers se refieren a una vulvovaginitis, coomo en el caso de una mujer que evacua un humor espeso (Ebers, 176). Estos casos eran tratados con irrigaciones vaginales (Ebers 817, 819). El cáncer de vulva puede reconocerse por los dolores y la ulceración que conlleva: 

     "Otro (remedio)  para la que devora en el útero y que     produce una úlcera en la vulva..." (Ebers, 176)

Las enfermedades de la lengua no están descritas con precisión, aunque dejan entrever síntomas de glositis.


La mayoría de las heridas y de las mordedura de cocodrilo eran tratadas con sutura quirúrgica y aplicación de carne fresca (Smith, 26).  


Tampoco la extracción de astillas o de espinas vegetales de la piel planteaba problemas terapéuticos:
     "Que se debe hacer para extraer una espina que está en las carnes: casa del (insecto) bibi, miel. Para aplicar encima" (Ebers, 726).


Algunos egiptólogos han interpretado la casa del insecto bibi  como un panal. 

Sin embargo, en ocasiones la herida podía sobreinfectarse y se producía un panadizo:

     "Si  encuentras un dedo enfermo, si el pus lo rodea, si hiede y produce larvas. Dirás acerca de él: una enfermedad que yo trataré. Prepárale remedios para matar los gusanos-sep: sulfuro de arsénico del Alto Egipto, 1/32; sulfuro de arsénico del Bajo Egipto, 1/32; aceite-sefet, 1/8. Triturar y pincelar con esto" (Hearst, 173, 174).

Como se puede ver, se tenía una idea rudimentaria de los agentes infecciosos y de como combatirlos usando arsénico. 

En otras ocasiones, las infecciones eran combatidas con la cauterización y la aplicación de hojas de sauce sobre la lesión, con lo que se conseguía una relativa antisepsia (Ebers, 39) 

 Las quemaduras conforman un tratado particular en el papiro de Ebers, bajo el título: 
"Comienzo de los remedios para una quemadura".

La mayoría se refieren a quemaduras de primero y segundo grado, aconsejando remedios basados en el empirismo, como por ejemplo la aplicación de grasas. Sin embargo en ocasiones se describen quemaduras profundas cubiertas por escaras negruzcas, que sugieren quemaduras de tercer grado (Ebers, 491). Las quemaduras muy extensas, profundas, son tratadas con invocaciones mágicas en las que se recuerda como el dios Horus, en su infancia, sufrió quemaduras y fue curado por la leche de su madre Isis (Ebers, 499).


Fragmento del papiro quirúrgico de Edwin Smith (1600 a.n.e.)
En diversas ocasiones se hallan en los papiros médicos referencias de varias úlceras, presumiblemente de diversa etiología. En el papiro de Smith se citan 39 casos de úlceras en el pecho. A veces, aunque se detalla el tratamiento, las descripciones de las enfermedades y sus causas son sucintas y no permiten su identificación. Así conocemos 

"remedios para curar la uña del pie que va a caer"            (Hearst, 179)

o tratamientos para combatir el prurito en pies y piernas (Ebers, 591-592) aunque no conocemos exactamente la causa de esta sintomatología. 


La Medicina en el Antiguo Egipto: 



martes, 19 de mayo de 2015

Por Dios! El bigote!





 Juan Pantoja de la Cruz

Retrato de D. Juan de Austria  
(1736)

Óleo sobre lienzo. 
Museo del Prado, Madrid 
(en depósito en el Monasterio del Escorial)  



Juan Pantoja de la Cruz (Valladolid, 1553 - Madrid, 1608) aprendió pintura con Antonio Moro y Sánchez Coello, trabajando en el taller de éste último durante muchos años. A la muerte de Sánchez Coello, Pantoja comenzó a firmar sus obras y se convirtió en el mejor retratista de la corte de Felipe II y de los primeros años de Felipe III. De los pinceles de este Pantoja cortesano salió el retrato que hoy presentamos, de D. Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II. 


González: Felipe III. Museo del Prado

En los retratos masculinos de esta época hay que destacar la presencia idealizada y pomposa de los personajes, una especie de apología del poder, que los hace algo distantes e impenetrables, alejados de los retratos psicológicos verosímiles. También nos llama la atención la moda masculina imperante en aquel entonces de llevar bigotes engominados con las puntas giradas desafiadoramente hacia arriba. Sea cual sea el personaje (Felipe III, Juan de Austria, Carlos I de Inglaterra o el mismo cardenal Richelieu) encontramos siempre lo mismo: bigotes afilados, rígidos, enhiestos, girados desafiantemente hacia arriba que dan al rostro un aspecto arrogante, y una cierta petulancia.


Ambrosio de Spínola (1569 - 1630)

Tal era la moda del momento. Los varones se untaban y retorcían los bigotes continuamente, con bigudíes o simplemente retorciéndolos con los dedos. Por cierto, que esta moda originó, en cierto modo, la palabra castellana bigote. Es una historia curiosa.    

Armand Jean du Plessis. Triple retrato del Cardenal Richelieu.

Hasta entonces, al grupo de pelos que nacían en el labio superior se les conocía como mostacho. En esto, el castellano era similar a otras lenguas vecinas (moustache, en francés; mustache en inglés; mostaccio en italiano).

 Francisco Pacheco: Dama y caballero. Museo de Bellas Artes de Sevilla (detalle)
Los soldados españoles de los tercios de Flandes confraternizaban con otros soldados mercenarios, llegados de países vecinos (Alemania, Inglaterra...) En las tabernas era habitual verlos jugando a los naipes y bebiendo vino o cerveza. Muchas veces, el idioma del contrincante era desconocido o se entendía mal. Pero no hace falta hablar mucho para beber o jugar a las cartas! Muchos soldados alemanes, proferían blasfemias o juramentos en su idioma cuando la baza no les era favorable. Frecuentemente expresaban su preocupación retorciendo las puntas del mostacho, mientras lanzaban juramentos del tipo de: "Bei Gott(fonéticamente bigot) que podíamos traducir como "Por Dios", o "Voto a Dios". Los españoles veían como retorcían el bigote al tiempo que exclamaban Bei Gott  y creyendo que se referían a sus mostachos, fueron usando este vocablo como sinónimo, y así se introdujo el término bigote, en una curiosa metonimia.

Una vez más un equívoco basado en una mala traducción se impuso en la etimología de una palabra que hoy se considera inequívocamente castellana, y que ha pasado después a otras lenguas, dando el catalán bigoti o el portugués bigode.


Carlos I de Inglaterra



lunes, 18 de mayo de 2015

La ninfa y el escorpión






Lorenzo Bartolini

Ninfa atacada por un escorpión 
(1845)

Escultura de mármol 90 x 124 cm.
Museo del Louvre, París



Lorenzo Bartolini (1777-1850) fue un escultor italiano, a caballo entre el Settecento y el Ottocento, tal vez el más destacado de esta  época después de Canova. Partiendo del neoclasicismo que imperaba en aquel momento, evolucionó a un estilo mucho mas naturalista, en el que cabe destacar su obra La fiducia in Dio (1835), conservada en el Museo Poldi-Pezzoli de Milán.  

La obra que aportamos hoy muestra un delicado y sugerente desnudo femenino, con una peculiar temática: una ninfa, recostada que acaba de ser picada por un escorpión en el pie. La doncella recoge con gracia el pie herido, observándose el primer dedo, donde al parecer la ha atacado el ponzoñoso arácnido. Entre sus piernas podemos ver al alacrán causante de la lesión. Es casi inevitable establecer un cierto paralelismo con otra famosa escultura,  el niño de la espina o espinario.

Los escorpiones son animales venenosos que viven en rendijas o bajo las piedras. Su picadura es bastante dolorosa y puede causar inflamación de la zona. Hay unas 1500 especies, y la mayoía de ellas no son peligrosas, aparte de las molestias citadas. Unas 30 especies (distribuídas por América, África, Oriente Medio y la India) son más tóxicas y pueden provocar dificultad respiratoria; movimientos involuntarios de cabeza y cuello e incluso llegar a causar la muerte de un niño pequeño. La especie más peligrosa es el alacrán de corteza de Arizona (Centruroides sculpturatus)



El escorpión goza además de un gran contenido mítico y simbólico, siendo vinculado tanto a divinidades creadoras como destructoras. Animal venerado por el mitraísmo en la Antigüedad, dió nombre a una constelación y a un signo del Zodíaco. 



domingo, 17 de mayo de 2015

La calvicie de los césares






Cabeza de Vespasiano

Escultura de mármol
Museo del Bardo, Túnez. 



Los romanos estaban muy preocupados por la calvicie. Es una preocupación común a todas las civilizaciones del mundo antiguo y que persiste también en la actualidad. Las causas de esta preocupación tal vez deban buscarse en la carga simbólica del pelo.  En Roma se consideraba la cabellera directamente asociada a la masculinidad, la fertilidad y a la valentía, virtudes que eran representadas por el león, con su abundante melena. Eran virtudes directamente asociadas al vigor, a la juventud, al poder y a la belleza. Ovidio afirmaba: 

Feo es el campo sin hierba , y el arbusto sin hojas y la cabeza sin pelo”                                                         
(Ovidio, Arte de Amar, 3, 249-250)              
Julio César, dedicaba largas horas de tocador a arreglar sus escasos cabellos y a disimular sus entradas. Según Suetonio, 
“no se resignaba a ser calvo, ya que más de una vez había comprobado que esta desgracia provocaba la irrisión de sus detractores” 
(Suetonio. Vida del Divino Julio, 45) 

Tal era su complejo que solicitó y obtuvo del Senado el permiso para llevar permanentemente la corona de laurel, que disimulaba su escasa abundancia capilar (Con anterioridad las coronas de laurel sólo se llevaban en los juegos y fiestas dedicadas a Apolo, ya que a éste dios estava dedicado el laurel).


Julio César

La calvicie se tendía a asociar con la senilidad, edad en la que aumentaba la prudencia y el sosiego a expensas del valor. Pero en el caso de César no era óbice para una activa vida sexual. Su promiscuidad sexual era proverbial (de él se decía que era el varón de todas las mujeres y la mujer de todos los hombres). Cuando Julio César hacía sus entradas triunfales en Roma, se decía: 

- Romanos, guardad a vuestras mujeres: ahí llega el adúltero calvo”.

En la dinastía Julio-Claudia encontramos diversos casos de alopecia androgenética. Tiberio, por ejemplo, que tuvo un carácter depresivo, que Marañón relacionaba con su prematura calvicie. Según la descripción de Tácito, Tiberio presentaba una alopecia de la zona frontoparietal y el pelo bastante largo por detrás. El emperador disimulaba su calvicie echándose el pelo hacia adelante, en forma de flequillo, como muchos miembros de su familia. Además presentaba la cara llena de eritemas (tal vez una dermatitis seborreica?)  Parece ser que uno de los muchos acusados tras la conspiración de Sejano, un tal L. Cesiano, lo fué por haberse burlado en público de la calva del emperador (Dion Casio, 22, LVIII, 19)

En una moneda  de un denario acuñada en 44 a.n.e. César (que en aquel momento tenía 56 años) aparece peinado hacia adelante intentando cubrir su escaso cabello, con la calva medio cubierta también por la corona de laurel. En cambio, no se ocultan las profundas arrugas de sus mejillas y de su cuello. Las arrugas eran aceptadas por los romanos como un signo de dignidad y solemnidad (gravitas), y en cambio la calvicie era vista como una enfermedad. Plutarco llegó a comparar la calvicie con la ceguera.

Los bustos imperiales de la época claudia tienden a disimular habitualmente la alopecia, en un gesto adulatorio. Los flequillos sobre la frente eran comunes y remedaban la imagen estereotipada (y probablemente idealizada) de Augusto, que se valió repetidamente de las imágenes y de las estatuas como un instrumento de propaganda política. El peinado de los Césares pues, además de disimular la calva constituía también una declaración política.

Como vemos, la costumbre de los calvos de dejarse el cabello largo en las zonas occipitales y temporales para recubrir las áreas alopécicas, estaba muy extendida, no solo entre los emperadores y clases dirigentes sino tambien entre el pueblo. Marcial satirizaba este camuflaje:
“Recoges de aquí y de allí los pocos cabellos que encuentras y velas el amplio espacio de tu pelada con lo que te crece en las sienes: pero vuelven a su sitio movidos por el viento y ciñen aquí y allí con grandes mechones la cabeza desnuda. Confiesa tu edad! No hay nada peor que un calvo con greñas”    
(Marcial. Sátiras, X, 83)
Séneca, por otra parte nos ha legado una descripción de un Calígula hirsuto y calvo, en la que destaca 
la fealdad de su cráneo desértico, que parecía haber llorado para conservar algunos oasis”.  
 A esta plástica descripción, añade que 
"su nuca estaba llena de crines"
Éste parece ser un carácter común a la familia Claudia, que solían presentar una nuca bastante poblada, contrastando con la calvicie general.


Calígula: A pesar de intentar disimular su calvicie con el
flequillo y la corona de laurel, las evidentes entradas
revelan una avanzada alopecia androgenética. 

La combinación de alopecia e hirsutismo (que coincidiría probablemente con lo que hoy conocemos como síndrome SAHA) era tan acusada en Calígula, que delante de él no se podía mencionar a las cabras, ya que el emperador lo consideraba una alusión a la abundante vellosidad de su cuerpo y lo considerada una ofensa capital, que podía acarrear funestas consecuencias y severos castigos a quien se atreviera a hacerlo (Suetonio, Vida de Cayo, 50) 


Cabeza de Tito, con marcadas entradas frontotemporales.
British Museum, Londres.  

Tampoco la dinastía flavia se libró de la alopecia. Vespasiano, general que alcanzó la púrpura de emperador a los sesenta años, presentaba una franca calva. También su hijo Tito presentaba marcadas entradas, que no se oculta del todo en sus bustos. Hay que señalar que mientras en los primeros años del Imperio la representación de los césares estaba claramente idealizada y que se suavizaban algunos detalles como la pérdida de cabello, durante la época flavia, se retorna a un realismo más estricto, de raíz republicana. 
El otro hijo de Vespasiano, Domiciano, presentaba aún una alopecia más acusada. Estaba tan obsesionado por disimular su calva que llegó a escribir un libro sobre el cuidado del cabello (De cura capillorum). Su preocupación por el cabello aumentó mucho tras su subida al poder, ya que parece ser que 

se afeó mucho a causa de su calvicie”   
(Suetonio: Vida de Domiciano, 18)      


Cabeza de Domiciano. Museo Arqueológico, Madrid

Al parecer su aspecto vino también alterado por una importante obesidad y una gran delgadez de piernas. Juvenal se refiería a él como “el Nerón calvo”:

Cuando ya el último Flavio laceraba el orbe medio exprimido y Roma era sierva de un Nerón calvo.. “ 
(Juvenal. Sátiras., IV 37-38).

Domiciano tenía la costumbre de peinarse hacia adelante, disimulando su calva y también sabemos que usaba pelucas, cosa que puede verse en los escasos bustos que de él nos han llegado, y que pudieron sobrevivir a la “damnatio memoriae” decretada tras su muerte.


El emperador Otón, con una ostensible peluca. 

Otros emperadores romanos habían recurrido al uso de pelucas, como por ejemplo Otón, uno de los cuatro emperadores que pugnaron por el poder en el convulso año 69 a.n.e., antes de la instauración de los flavios. Suetonio dice de él: 

tenía el cuerpo totalmente depilado y sobre la cabeza, por la escasez de pelo, llevaba una pequeña peluca, hecha a medida y bien adherida, y así nadie se daba cuenta”  
(Suetonio. Vida de Otón, XII) 

Busto del emperador Galba.
Antikengalerie, Estocolmo.

Otro de los cuatro emperadores, Galba, también era calvo, segun refiere Suetonio en su biografía. 

Los doce césares romanos: