miércoles, 22 de junio de 2016

El experimento de física y la dermatomiositis





 Joseph Wright 

Experimento con un pájaro
 en una bomba de aire 
(1768)

Óleo sobre lienzo. 183 x 244

National Gallery. Londres. 



Xurxo Romaní es un médico dermatólogo y además músico, y está muy interesado en la música medieval. Desde hace tiempo nos une una buena amistad y hemos realizado algunos trabajos juntos - tanto escritos como orales - sobre la lírica galaico-portuguesa medieval, que él tan bien interpreta con la zanfoña y otros instrumentos antiguos. Hace poco, me llamó y me comentó un reciente artículo de Ashrafian en la revista Clinical Rheumatology (abril 2016). Se trata de un comentario sobre este cuadro que hoy nos ocupa, y en el que aparece un personaje probablemente afecto de dermatomiositis.  Desde aquí quiero agradecer a mi amigo Xurxo su aportación y el interés que tiene en este blog. 

La pintura de Wright nos muestra el instante de una demostración científica sobre las propiedades del vacío. El cuadro - que ha sido considerado un hito artístico que refleja muy bien la época de la Ilustración y el comienzo de la difusión científica en la sociedad moderna - nos introduce en el ambiente de un experimento de física. El investigador muestra a los asistentes un frasco en el que ha introducido a una cacatúa. Se dispone a extraer el aire de su interior, mediante un aparato de succión. El experimento tiene como objetivo demostrar que con este sistema quedará tan poco oxígeno dentro del frasco, que la cacatúa morirá asfixiada. La escena tiene un cierto dramatismo, considerablemente acentuado por el ambiente creado por la luz de las velas, y captura el momento en el que el ave puede morir o vivir, dependiendo de la acción del científico. 

Los personajes del grupo muestran la máxima atención. A la izquierda aparecen dos jóvenes enamorados, y a la derecha un padre intentando consolar a sus hijas, que no pueden soportar la visión de la muerte del pájaro. Es precisamente este personaje - el padre - el que muestra una erupción cutánea compatibles con las lesiones que afectan a la piel en los casos de dematomiositis. Los párpados presentan un cierto tinte violáceo claro (eritema heliotropo) y son evidentes las lesiones eritematosas de la cara. Incluso en los dedos de la mano, con la que rodea los hombros de una de sus hijas, podemos observar unas protuberancias rojas características. En definitiva, las lesiones cutáneas pueden corresponder al diagnóstico de dermatomiositis, una enfermedad inflamatoria crónica que cursa  con una miopatía (alteración del músculo con pérdida de fuerza muscular) y lesiones cutáneas

Detalle del cuadro con el personaje del cuadro afecto de una presunta dermatomiositis

Lo que llama la atención es precisamente que en la época en la que Wright pintó este cuadro (1768), la dermatomiositis no estaba descrita todavía como una enfermedad, ni era reconocida por los médicos de la época. La dermatomiositis como transtorno sistémico inflamatorio neuromuscular fue descrito por primera vez Heinrich Unverricht, en 1891, más de un siglo más tarde. Las lesiones cutáneas de la dermatomiositis fueron perfiladas por las aportaciones de Jacobi (1906) y Petges y Cléjat (1926). Las lesiones de los nudillos de los dedos fueron descritas por el dermatólogo alemán Heinrich Adolf Gottron en 1931, 163 años después de haberse pintado el cuadro, y son conocidas como pápulas de Gottron.


Posibles pápulas de Gottron en los nudillos de los dedos del personaje
afecto de una enfermedad cutánea compatible con dermatomiositis

Según las conclusiones a las que llega Ashrafian, el autor del estudio ahora publicado, la representación de la enfermedad es tan clara y precisa en la pintura que permite afirmar la existencia de dermatomiositis en el personaje representado.



Bibliografía

Ashrafian H. Dermatomyositis in Joseph Wright's 1768 painting of the air pump experiment. Clin Rheumatol. 2016 Apr 29. 


martes, 21 de junio de 2016

Los ojos de Bayeu: blefarocalasia y madarosis






 Francisco de Goya y Lucientes 

Retrato del pintor Bayeu 
(1768)

Óleo sobre lienzo. 183 x 244

Museo del Prado. Madrid. 




Francisco Bayeu y Subías (1734-1795) fue miembro de una conocida familia de pintores aragoneses. Su estilo evolucionó desde un rococó inicial (influído por Lucas Giordano y Corrado Giaquinto) a un neoclásico en el que es patente la influencia de Mengs

En 1763, Anton Raphael Mengs (1728-1779) lo lleva a Madrid para realizar algunas pinturas en el Palacio Real de Oriente, convirtiéndose pronto en un pintor muy conocido en Madrid. En 1767 es nombrado pintor real de la corte de Carlos III, cargo que ocupará hasta su muerte en 1795. Realizó diversas decoraciones y pinturas murales, en general alegóricas en el Palacio Real y en los palacios de Aranjuez, La Granja de San Ildefonso, y en el Palacio del Pardo. Asimismo realizó pinturas para iglesias, como las del convento de la Encarnación de Madrid, dos bóvedas de la Basílica del Pilar de Zaragoza (en colaboración con su hermano Ramón Bayeu y con Francisco de Goya) y el claustro de la catedral de Toledo, que tal vez constituye el conjunto más personal del pintor.

También, juntamente con su hermano Ramón, y bajo la dirección de Mengs, pintó un gran número de cartones para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Muchos de estos tapices se usaron para la decoración de los Reales Sitios. Bayeu es considerado, junto con Goya, el mejor cartonista de tapices. En 1783 fue nombrado director de la Real Fábrica de Tapices. En los últimos años de su vida realizó retratos de diversos personajes de la época. 

Bayeu protegió a Goya, aragonés como él, introduciéndolo en la corte. Goya se casaría con Josefa, la hermana de Bayeu (1773). A lo largo de su vida, la relación entre Goya y Bayeu fue bastante irregular, con rupturas y reconciliaciones. Los momentos de tensión venían provocados por la negativa de Goya a someterse a los dictados de su cuñado, ya que quería ser un pintor independiente y libre. A pesar de esa tirantez en sus relaciones, Bayeu siempre favoreció a Goya, siendo nombrado Pintor de Cámara gracias a él. 

Goya pintó este Retrato del pintor Francisco Bayeu, por encargo de su hija y con destino a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de la que Bayeu era Director. Podemos calificar sin duda a esta pintura de Goya como  uno de sus mejores retratos. Los colores empleados son muy limitados, especialmente grises y verdes, aplicados con una soltura magistral como se puede apreciar en el chaleco y en el fajín. Goya juega con las gamas de manera asombrosa, y deja toda la escena levemente desdibujada con suaves pinceladas, resaltando el rostro del anciano pintor.  

Bayeu está sentado en un sillón, sosteniendo un pincel en la mano derecha como símbolo de su profesión; la izquierda está un poco deformada ya que la tenía atrofiada por un traumatismo en una caída. 

Detalle del cuadro, en la que se puede apreciar mejor la blefarocalasia y la madarosis en las pestañas.








El centro del cuadro es el rostro de Bayeu, en la que destaca una mirada penetrante, en la que  se puede apreciar un carácter tozudo e inteligente. Su cara está muy castigada por los infartos que sufrió en los últimos días de su vida. Es apreciable la blefarocalasia (párpados caídos) una enfermedad inflamatoria que degenera los párpados de forma prematura. El párpado se estira y se adelgaza y pierde volumen a través del tiempo, adquiriendo un aspecto envejecido, con la piel más laxa, delgada y débil. Tambien se puede apreciar una cierta madarosis, es decir la pérdida de pelo en las pestañas y en la cola de la ceja. La pérdida de pelo en la cola de la ceja a veces puede verse en ciertos casos de sífilis secundaria.  





lunes, 20 de junio de 2016

La ceguera de los comedores de guisantes






 Georges La Tour

Los comedores de guisantes
(1926) 

Óleo sobre lienzo. 92 x 107 cm

Gemäldegalerie. Staatlische Museen zu Berlin. 



Georges La Tour (1593-1652) fue un pintor barroco francés que a pesar de la importancia de su pintura cayó en un cierto olvido hasta el s. XX cuando fue redescubierto por el historiador del arte Hermann Voss. Su estilo - muy personal, aunque apreciamos una cierta influencia de Caravaggio y Gentileschi - se basa especialmente en los contrastes de luz, tratando escenas religiosas y también temas populares. 

En estas últimas, que abundan en la primera época del autor, se destaca la pobreza, el hambre y la miseria de la Lorena de la época, como en esta obra "Comedores de guisantes", en la que se ve una pareja de viejos alimentándose, de pie y de prisa, con unos guisantes secos. La escena da a entender que es su única alimentación, y por lo apresuradamente que los devoran, parece que tampoco se trata de un manjar que coman en grandes cantidades.


Detalle de uno de los personajes del cuadro, en la que 
pueden observarse las alteraciones oculares y cutáneas, 
especialmente visibles en la mucosa labial y en las 
finas arrugas de una piel seca, rojiza y brillante
La alimentación casi exclusiva con un solo alimento (en este caso, legumbres secas) produce frecuentemente carencias nutritivas como faltas de vitaminas. Así, se dieron abundantes casos de pelagra en Asturias por una dieta basada casi exclusivamente en el maíz, o la alta prevalencia en escorbuto en los barcos por una nutrición monótona falta de fruta y verdura. De igual modo, alimentarse casi exclusivamente de legumbres secas - como lo hacían los menesterosos de Lorena en el s. XVII - producía una carencia en vitamina A, de la que vemos claros síntomas en los personajes de este cuadro.  

La vitamina A es un nutriente esencial para el ser humano, que interviene en la formación y mantenimiento de las células epiteliales, en el crecimiento óseo, el desarrollo, protección y regulación de la piel y de las mucosas. También se le conoce con el nombre de retinol, ya que genera pigmentos necesarios para el funcionamiento de la retina (rodopsina). Por eso desempeña un importante papel para garantizar una buena visión, especialmente con luz tenue. También es un potente antioxidante que retrasa el proceso de envejecimiento. 


Detalle de uno de los personajes del cuadro. Obsérvese la mirada perdida y la turbidez de la córnea. 



La falta de vitamina A puede producir sequedad de los ojos, con queratomalacia (la córnea se seca, se enturbia y se vuelve opaca) produciéndose ceguera nocturna, y también alteraciones cutáneas como piel seca, descamada y deshidratada, así como alopecia por caída y fragilidad del cabello. Las personas con déficit de vitamina A presentan un aspecto prematuramente envejecido

Los personajes del cuadro de George La Tour presentan una clara alteración ocular. Sus ojos se muestran secos y extrañamente opacos, y se abren sin mirar. Su aspecto es envejecido y su piel aparece enrojecida y seca. Además los labios de la mujer, casi desaparecidos, nos sugieren un cierto déficit de otras vitaminas del grupo B (riboflavina), lo que puede asociarse a una nutrición deficitaria. También el dorso las manos del varón aparecen enrojecidas. Aunque puede achacarse a la mera acción del sol, no podemos dejar de pensar - en este contexto - en un eritema pelagroide. 


Georges La Tour: Músico ciego tocando la zanfoña.
Museo del Prado, Madrid.
No es esta la única obra de George La Tour en la que encontramos detalles patológicos. En otras obras de George La Tour podemos ver ciegos tocando la zanfoña. Parece ser que se trata siempre del mismo individuo en diversas obras, y siempre acompañado de este instrumento musical, con el que seguramente obtenía sus ingresos. No eran infrecuentes este tipo de personajes especialmente en los caminos de romería, en los que mendigaban tocando algunas piezas y romances populares . Pero no tenemos datos suficientes para deducir la causa de esta pérdida de visión, por lo que no podemos achacarla a malnutrición como en el caso de los comedores de guisantes. 


George La Tour:





  








domingo, 19 de junio de 2016

Albinos, los hijos de la Luna




 Jean-Joseph Benjamin-Constant 

Retrato de joven barbudo, 
llamado El Albino 

Óleo sobre lienzo. 73,5 x 61

Musée des Augustins. Toulouse. 




Jean-Joseph Benjamin-Constant (1845-1902) fue un pintor y grabador francés, muy influído por Delacroix. Sus viajes a España y a Marruecos le hicieron interesarse sobre todo en escenas orientales.  

En el delicioso Musée des Augustins, de Toulouse - un museo que es de mi especial agrado - se conserva este Retrato de un joven con barba, también conocido como El Albino. Se trata de un retrato de un hombre joven de piel muy clara, casi traslúcida y con el pelo y la barba blanca. Mira de frente al espectador, con gesto muy serio. El color de su tez y de sus cabellos es el típico de los albinos. Esta obra es singular y única entre todas las pinturas de Benjamin-Constant.

El albinismo  es un transtorno genético heterogéneo, causado por mutaciones en diferentes genes, que producen una disminución importante o ausencia total de la melanina en la piel, pelo y ojos. Es un transtorno hereditario, que aparece con la combinación de los dos padres portadores del gen recesivo. Se da en los seres humanos y en otros animales.   


En los individuos no-albinos, los melanocitos transforman la tirosina (un aminoácido) en melanina, un pigmento con función protectora frente a las radiaciones solares y que se distribuye en la piel, en el cabello y en el iris del ojo. En los albinos esta sustancia no se produce, o se produce en muy baja proporción (en este último caso se habla de albinoidismo).


Fotografía de Éric Nehr: Carmelle (2010)


Existen diferentes tipos de albinismo y algunos pueden ser rubios o tan solo presentar ojos claros pero no tener pelo rubio. Por eso es incorrecto concluir que una persona albina tenga todas las características en una sola. Hoy en día, está muy extendida esta condición genética en el mundo. Una de cada 17,000 personas presenta algún tipo de albinismo. En algunas zonas, como Puerto Rico, el albinismo tiene una incidencia relativamente elevada. 

En algunos países de África los albinos son considerados hijos de la Luna, seres fantasmales, con poderes mágicos y que pueden acarrear la mala suerte a quien los encuentra. En algunos casos, sus huesos y otras partes de sus cuerpos se usan para la confección de ungüentos usados por los hechiceros, para propiciar "la buena suerte". Esta absurda creencia tradicional ha creado una auténtica marginación y persecución de los albinos, que son frecuentemente asesinados, secuestrados o sometidos a amputaciones. 



Niño albino en Tanzania. Fotografía de Carlo Allegri de Reuters.











En un reciente comunicado (martes 7 de junio de 2016) Amnesty International ha denunciado la situación de la población de albinos en Malawi, que está siendo víctima de "una ola de brutales ataques" sin precedente. Desde noviembre de 2014, el número de asesinatos y secuestros ha ido en constante aumento, con total pasividad de las autoridades, contabilizándose por lo menos 18 muertos y 5 secuestros, a los que hay que añadir la desaparición de un niño de 2 años que no ha podido ser encontrado, según ha comunicado la Organización de los Derechos Humanos. El mes de abril de 2016 fue el mes más sangriento, con 4 asesinatos. En Tanzania, en el período 2012-2014 se asesinaron 70 albinos, uno de ellos a hachazos; mientras que sólo se promulgaron 3 condenas por estos horrendos crímenes.

Un niño albino tanzano, al que le amputaron las manos para fabricar amuletos
y que ha sido atendido médicamente en Nueva York. 

(Fotografia Carlo Allegri, de Reuters).  
También está muy extendida la creencia de que los huesos de los albinos contienen oro. Según la policía de Malawi se han detectado cerca de cuarenta casos de exhumaciones ilegales de albinos y múltiples casos de posesión clandestina de huesos de albinos. 


Los albinos son objeto de discriminación en las escuelas, y en general son víctimas de segregación social, por lo que se ha propuesto una Ley de Protección de los Albinos. 


A todo esto hay que añadir la gran necesidad de realizar una correcta fotoprotección de los albinos, entre los que se detecta una alta incidencia de cáncer cutáneo.


La población de albinos de Malawi se cifra en 7000-10000 personas, que viven en una situación de terror constante, por la inseguridad que supone la alta probabilidad de sufrir secuestros, amputaciones o asesinato.