viernes, 14 de octubre de 2016

Los nevus del esbirro




Maestro de Castelsardo

Muerte de San Vicente
(1500-1510) 

Temple, relieves de estuco y pan de oro sobre tabla 
MNAC. Barcelona  


Visitando el MNAC (Museu Nacional d'Art de Catalunya) reparé hace poco en este retablo, que representa la muerte de San Vicente. Procede de Sant Vicenç de Sarrià i fue realizado por el Maestro de Castelsardo, un artista activo en Catalunya i Cerdeña entre los años 1490 y 1495. 

El santo, acostado en un lecho, ha expirado después de su martirio. Según la leyenda, Vicente, tras sufrir varios tipos de tortura, fue arrojado al río Turia atado a una piedra de molino, pero el río devolvió milagrosamente su cuerpo. La tabla representa la escena de la recuperación del cadáver. Su cuerpo exangüe presenta una indiscutible palidez cadavérica y para que no queden dudas de su muerte, se ha representado - según la costumbre de la época - a su alma abandonando el cuerpo en forma de una pequeña reproducción de la persona del difunto vestido con una túnica blanca y que es conducido por dos ángeles de irisadas alas hacia el cielo. 

Presencian la escena algunos personajes. Uno de ellos lleva un cetro en la mano (indicativo de su autoridad) y es sin duda el tirano que lo ha hecho ejecutar. En este caso, según la hagiografía se trataría del prefecto Daciano, que llevó a cabo la persecución de los cristianos en Hispania por orden de Diocleciano. El diácono Vicente fue prendido cerca de Cesaraugusta (Zaragoza) y trasladado a Valencia donde fue martirizado hasta morir a principios del s. IV. Según la leyenda antes de morir convirtió a su verdugo, que tal vez sea otro personaje que aparece en la tabla, con cara contrita. Otro personaje parece querer comprobar la muerte del santo y hace ademán de tocar el cadáver.  


Retablo de la Muerte de Sant Vicente. Vista general de la tabla.


Pero el personaje que llamó mi atención fue el sayón situado en la parte inferior de la tabla. Indiferente a la situación, manipula las cuerdas que sujetan los pies del mártir a la rueda de molino, tal vez intentando desatarlas tras su muerte. Su cara manifiesta que está concentrado y atento a su trabajo, ajeno a todo sentimiento. Se trata pues de uno de los torturadores, de los esbirros que han ejecutado la sentencia. En su cara podemos apreciar la presencia de dos pequeños tumores, dos nevus intradérmicos, que certifican la connotación malvada del personaje. En efecto, como ya hemos señalado otras veces, estos tumores benignos tienen en la iconografía una connotación peyorativa y frecuentemente sirven de marcadores de los personajes "malos" y despreciables. Especialmente como en este caso, en el que el personaje es además pelirrojo (12

Por todo esto, podemos hacernos una idea de las chanzas y vilipendios a los que eran sometidos los personajes reales que tuvieran estas lesiones en lugar visible aquel tiempo. Uff!


jueves, 13 de octubre de 2016

El viejo de los acrocordones




Joan Colomer

De pas per la nit 
(2015)

Óleo y carboncillo sobre lienzo. 70 x 50 cm.


Joan Colomer Valls (Sant Feliu de Pallerols, 1965) aprendió la pintura desde pequeño, ya que nació en una familia de gran tradición artística. Su padre, reconocido pintor guió sus primeros pasos en el mundo del arte. 

Además, la infancia de Joan transcurrió en la localidad gerundense de Sant Feliu de Pallerols, que le había visto nacer. Un entorno idílico, con bosques idílicos de belleza indescriptible y una naturaleza rural y bucólica. Fue precisamente en esta comarca donde nació en el s.XIX una importante escuela de pintores paisajistas, la Escuela de Olot, fundada por Joaquim Vayreda y Josep Berga Boix

Sin abandonar el mundo del arte, Colomer amplió sus estudios en la Universidad de Barcelona, donde se licenció en Filosofía y Filología medieval. Inició más tarde un período de viajes a los Estados Unidos en donde tuvo la oportunidad de visitar numerosos museos y de poder estudiar los grandes maestros de la pintura. 

Colomer, instalado nuevamente en la bella comarca de la Garrotxa, desarrolló su estilo pictórico, interesándose sobre todo por el paisaje que llega a representar de forma vívida e increíblemente realista. Aristóteles definía el arte como mímesis (μίμησις) cuyo objetivo era la imitación de la Naturaleza, y Joan Colomer cumple hasta el límite esta definición.  Sin embargo, sabe imprimirle su sello personal, especialmente en los efectos de luz, dotando a sus obras de una especial interpretación poética. 


Joan Colomer, ante una de sus obras

En las dos últimas décadas, Colomer ha realizado múltiples exposiciones tanto en Barcelona como en diversas ciudades de los Estados Unidos, donde actualmente pueden encontrarse obras suyas en más de 20 galerías. 

Aunque su pintura está sobre todo dedicada al paisaje, aportamos hoy la pintura de una figura. Se trata del retrato de un hombre desnudo de edad avanzada, cuyo perfil grave y solemne surge de la oscuridad apenas iluminado por una luz azul, tal vez lunar. Podemos ver los efectos del paso del tiempo en su cuerpo. Alopecia androgenética en la cabeza, barba canosa, arrugas de cierta profundidad que son más visibles en su entrecejo fruncido, que le da un cierto aire de preocupación. En el tronco se adivina una cierta flaccidez cutánea. En diversos lugares aparecen algunos tumores benignos, frecuentes en la edad avanzada: una queratosis seborreica en la zona frontoparietal, un probable nevus intradérmico en la zona superciliar izquierda, y sobre todo, algunos acrocordones en la zona clavicular. 

Los acrocordones son pequeños fibromas fláccidos y pediculados, del tamaño aproximado de un grano de arroz, que son frecuentes en la zona del cuello a partir de los 40-50 años. Son tumores benignos más frecuentes en diabéticos, personas con sobrepeso y embarazadas. No suponen ningún riesgo para la vida ni para la salud. Se trata de una pequeña patología banal, exclusivamente estética, aunque es un motivo muy frecuente de consulta dermatológica, ya que los presenta casi un 50% de la población.   







martes, 11 de octubre de 2016

Los últimos Premios Nobel





Erik Lindberg

Medalla del Premio Nobel
de Fisiología o Medicina

Medalla de oro acuñada por 
la casa Myntverket desde 1901 



Recientemente se ha concedido el premio Nobel de Fisiología y Medicina 2016 a Yoshinori Oshumi, lo que pone de actualidad el tema de los Premios Nobel de esta disciplina.  Desde su creación en 1901, el Premio Nobel ha pasado a ser sinónimo del máximo galardón que se puede alcanzar para recompensar una trayectoria científica destacada y que aporte claros beneficios de progreso. Las medallas de los Premios Nobel concedidos cada año por el Instituto Karolinska de Suecia son las de las categorías como Física, Química, Fisiología o Medicina y Literatura. Están acuñadas por la casa sueca Myntverket siguiendo el diseño de Erik Lindberg. Son de oro de 18 quilates con un revestimiento de oro de 24 quilates. En su anverso puede verse un busto de Alfred Nobel, de perfil, con los años de su nacimiento y su muerte en números romanos. El reverso varía según las distintas disciplinas, aunque comparten la misma inscripción en latín: Inventas vitam juvat excoluisse per artes (Descubierto para ayudar a mejorar los conocimientos). El Premio Nobel de la Paz, a diferencia de los demás, se concede en Oslo y su medalla tiene un diseño propio. 


Premios Nobel concedidos en la última década 

2016: Yoshinori Ohsumi (Japón) por sus trabajos sobre la autofagia, proceso por el que nuestras células digieren sus propios residuos para eliminarlos. En caso de acumulación de detritus, puede desencadenar procesos patológicos como la enfermedad de Parkinson o la diabetes.
2015: William Campbell (Irlanda/Estados Unidos), Satoshi Omura (Japón) y Tu Youyou (China) por sus descubrimientos de tratamientos contra las infecciones parasitarias y el paludismo.

2014: John O'Keefe (Gran-Bretaña/Estados-Unidos), May-Britt y Edvard Moser (Noruega), por sus investigaciones sobre el "GPS interno" del cerebro, que podría permitir realizar avances en el conocimiento de la enfermedad de Alzheimer.
2013: James Rothman, Randy Schekman y Thomas Südhof (Estados-Unidos), por sus descubrimientos sobre transportes intracelulares, que permiten conocer mejor enfermedades como la diabetes. 
2012: Shinya Yamanaka (Japón) y John Gurdon (Grand-Bretaña), por sus trabajos sobre la reversibilidad de las células madre, a partir de las que se pueden obtener todos los tejidos del cuerpo humano.
2011: Bruce Beutler (Estados-Unidos), Jules Hoffmann (Francia) y Ralph Steinman (Canadá), por sus investigaciones sobre el sistema inmunitario que permite al organismo humano defenderse contra las infecciones, favoreciendo la vacunación y la lucha contra enfermedades como el cáncer.
2010: Robert Edwards (Gran-Bretaña), el padre de los bebés-probeta.
2009: Elizabeth Blackburn (Australia/Estados-Unidos), Carol Greider y Jack Szostak (Estados-Unidos), por sus descubrimientos sobre los mecanismos de la vida y sus aplicaciones en la lucha contra el envejecimiento.
2008: Harald zur Hausen (Alemania), Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier (Francia) por sus trabajos sobre el cáncer y el sida.

2007: Mario Capecchi (Estados-Unidos), Oliver Smithies (Estados-Unidos) y Martin Evans (Gran-Bretaña), que crearon ratones transgénicos y abrieron así una nueva perspectiva en la investigación de enfermedades como Alzheimer y cáncer.


Creating the Nobel Medal: 





lunes, 10 de octubre de 2016

Autofagia, devorar para prevenir






Francisco de Goya y Lucientes

Saturno devorando a sus hijos 

Óleo sobre lienzo. 
Museo del Prado. Madrid.  


Francisco de Goya pintó esta espeluznante escena en la última época de su vida, para decorar una pared de su casa de Carabanchel, la Quinta del Sordo, que adquirió en 1819. Por este motivo, originariamente estaba pintada al óleo sobre revoco. En 1874 el pintor Salvador Martínez Cubells la trasladó a un lienzo por encargo del barón Émile d'Erlanger, quien la cedió al Estado Español en 1881, pasando a engrosar la colección del Museo del Prado. 


Rubens: Saturno devorando a un hijo. 
La pintura refleja el mito de Cronos - Saturno en la mitología romana - en el acto de devorar uno de sus hijos. Cronos era el dios del tiempo. El desdichado dios, temeroso que alguno de sus hijos le arrebatara su trono, los devoraba a medida que Rea, su mujer, los ponía en el mundo. El mito es un símbolo del paso del tiempo y como Cronos - dios que regía el tiempo - intenta ingenua y terriblemente detener su inexorable marcha que termina por vencernos a todos. 

Cada vez que visito el Museo del Prado no puedo dejar de visitar la sala de las Pinturas Negras de Goya, que ejercen en mí una especial fascinación. Y entre ellas ésta de Saturno, el gigante deformado con los ojos desorbitados y llevándose a la boca, ansioso, el cuerpo sangrante y medio comido de uno de sus hijos. El canibalismo en estado puro, la solución de deglutir aquello que puede suponer una amenaza. Saturno comía a sus propios hijos para sobrevivir, para no ser derrocado, para no envejecer, para no morir.  

Es precisamente este concepto el que me recuerda la autofagia, un fenómeno celular por el que la célula fagocita todos los restos de materiales de desecho. Las células devoran sus propios productos cuando ya no les sirven y cuando su acumulación puede suponer una amenaza para ellas: aparición de estados patológicos, envejecimiento y muerte. Algo así como Saturno devorando a sus propios hijos para intentar no ser derrocado en el futuro. 

Precisamente el Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 2016, ha sido concedido hace pocos días al japonés Yoshinori Ohsumi, por sus  investigaciones sobre la autofagia. El descubrimiento del mecanismo de la autofagia, proceso de limpieza y de reciclaje de los detritus celulares podría contribuir a comprender mejor las enfermedades ligadas al envejecimiento y quizás a permitir que algún día se pueda vivir más y a llegar a la vejez con buena salud.  Si la célula es incapaz de limpiar y eliminar la "basura celular", los materiales de desecho se van a acumular, lo que puede comportar numerosas patologías, como enfermedades neurodegenerativas (Parkinson o Alzheimer), enfermedades infecciosas o cáncer.

Del mismo modo, patologías como obesidad o diabetes, ciertas enfermedades cardiovasculares o intestinales e incluso la artrosis podrían tener relación con la falta o disfunción de la autofagia, un proceso que ya se conocía desde los años '60. Pero el Prof. Oshumi  identificó los genes esenciales a la autofagia en levaduras en los años '90 y demostró que este proceso es similar en las células humanas. 



Esquema del proceso de autofagia















El descubrimiento desencadenó una cadena de investigaciones, que por el momento se han realizado sobre plantas y animales. En la mayoría de patologías hay que estimular la autofagia, como por ejemplo en las enfermedades neurodegenerativas, para eliminar los agregados de proteínas que se acumulan en las células enfermas. También en la diabetes, la arteriosclerosis o los procesos infecciosos, en los que se trata de estimular la reacción inmunitaria. 

En cambio, en el cáncer es algo más complejo. Según los casos, puede ser conveniente estimular o por lo contrario inhibir la autofagia, En algunos experimentos realizados en animales han demostrado que los estimuladores de la autofagia podrían mejorar la respuesta anticancerosa, por la vía de la respuesta inmunitaria. Pero por el contrario, otros investigadores se han esforzado en inhibir la autofagia para reducir el estrés celular producido por la quimioterapia.

Otra patología, la artrosis, que afecta sobre todo a personas de edad avanzada puede beneficiarse de estos conocimientos. Los estudios preclínicos realizados sobre ratones han mostrado que la activación de la autofagia retrasaba la aparición de la artrosis y mejoraba la movilidad articular. Entre las moléculas estimuladoras probadas figura la rapamicina, un medicamento anti-rechazo que se usa en los transplantados. Para evitar los efectos secundarios de este potente medicamento, se administra inyectándolo intra-articularmente.  


Caravaggio: Baco (1595)
Óleo sobre tabla 98 x 84 cm
Galería Uffizi, Florencia. 
Mientras que la autofagia no se pueda estudiar en humanos (para lo que quedan todavía algunos años) se puede en cierta forma estimular la autofagia por la alimentación. En efecto, algunas moléculas presentes en los alimentos tienen un ligero efecto estimulante de la autofagia. Es el caso del resveratrol, un antioxidante presente en el vino tinto, ciertas frutas y el chocolate; o la espermidina, contenida en alimentos como el queso de Roquefort.  Y si consumiendo estas sustancias no conseguimos alargar la vida, por lo menos la haremos más placentera y agradable. Por eso, si comenzábamos con la horripilante imagen de Saturno, terminamos con la mucho más amable de Baco, el dios del vino. Eso sí: recomendamos un consumo responsable. 


Henri de Toulouse-Lautrec - “La resaca. Suzanne Valadon (1887-1889)
Óleo sobre lienzo, 47 x 55 cm, Harvard Art Museum, Cambridge)































Autophagy:







'Self-Eating Cell' Research Wins Nobel in Medicine


domingo, 9 de octubre de 2016

Dermatólogos judíos bajo el III Reich (y VI): Huída y emigración





Pasaporte del Dr Félix Pinkus
con el segundo nombre añadido (Israel)
(1939)

Comisaría de Berlín.


A partir de la noche de los cristales rotos, era imposible conservar la más mínima esperanza en el futuro de los judíos en Alemania. La huída, la emigración, era probablemente la única salida. Desde que Hitler subió al poder en 1933 hasta 1938 150.000 judíos (30 % del total de judíos en Alemania) habían dejado el país. Tras los pogroms de 1938, emigraron otros 150.000.

Artículo en la prensa diaria con datos sobre la masiva
emigración de los médicos judíos al extranjero.

Entre los huídos  se contaban muchos dermatólogos, que decidieron buscar una nueva vida en el extranjero. Entre la importante oleada de emigrantes se contaban grandes figuras de la dermatología, personalidades como las de Stephan Rothman, Rudolf Baer, Stephan Epstein, los hermanos Felix y Hermann Pinkus, Walter Lever, Erich Urbach, Alfred Hollander, Erich Kuznitzky, Wilhelm Frei, Emil Meirowski, Max Jessner, Franz Herrmann, Franz Blumenthal, Max Wolf, Moriz Oppenheim y Hans Biberstein. Muchos de ellos pasaron primero a Suiza, donde se organizó un activo grupo de dermatólogos, capitaneados por Marion B. Sulzberger que falsificaban documentación y pasaportes para ayudar a pasar a los compañeros desde Alemania a Zurich y a Breslau. 


Marion Baldur Sulzberger (1895-1983)
               National Library of Medicine
Desde allí, la mayoría de ellos se dirigieron a América. Muchos encontraron trabajo en prestigiosos hospitales y universidades. Franz Herrmann se instaló primero en Nueva York, y más tarde trabajó en la Universidad de Boston. Erich Kuznitzky, en Nueva York, donde describió la afectación de órganos internos en la sarcoidosis. Emil Meirowsky, discípulo de Neisser y Unna, se instaló primero en Guilford (Reino Unido) y más tarde en Indiana, donde desarrolló investigaciones sobre cáncer y virus al microscopio electrónico. Tras una rocambolesca huída que le llevó de Oslo a Siberia, Félix Pinkus llegó al Japón donde pasó a EEUU en el último barco hizo el recorrido antes de que estallara la guerra en el Pacífico. Finalmente se instaló en Monroe, Michigan.

 Muchos de los dermatólogos refugiados dirigieron su nueva vida profesional hacia la investigación dermatológica, probablemente influídos por la obra de Stephen Rothman, Physiology and Biochemistry of the skin (1954). Rothman, había llegado a la Universidad de Chicago procedente de Hungría en 1938 y fue uno de los primeros que puso énfasis en subrayar la importancia de la patofisiología de la piel, es decir, las alteraciones en la bioquímica y en la fisiología de la piel, convirtiendo la dermatología en una dermatociencia. Los inmigrantes que le siguieron constituyeron el primer núcleo de la futura Society for Investigative Dermatology, dando un impulso hasta entonces desconocido a la Dermatología Americana, que llegaría a convertirla en líder indiscutida en todo el mundo en el último tercio del s.XX


Bibliografía


Cuerda E, González-López E, López-Estebaranz JL: Dermatología en la Alemania Nazi. Actas Dermosifiliogr 2011;102:423-8 - Vol. 102 Num.6 DOI: 10.1016/j.adengl.2010.09.002


Holubar K, Wolff K. The genesis of American Investigative Dermatology from its roots in Europe. J Invest Dermatol 1989 (Suppl) 92:14S-21S

Sierra X. Historia de la Dermatología. Mra. Barcelona, 1994.

Sierra X. Dermis y Cronos. La dermatología en la historia. Ed. Planeta de Agostini. Barcelona, 1995

Sierra X. Los dermatólogos judíos en la Alemania Nazi. En: Sierra X (ed): Cien Años de Dermatología 1900-2000, pp. 55-69