sábado, 24 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!





¡Feliz Navidad a todos 
los seguidores de este blog!

 Domenico di Tommaso Bigordi llamado Ghirlandaio: Natividad (1492 c.)
Temple sobre tabla 45 x 42 cm - Pinacoteca Vaticana, Ciudad del Vaticano



viernes, 23 de diciembre de 2016

La fimosis de Luis XVI (y II): El rey que no quería operarse





Joseph-Siffred Duplessis

Retrato del rey Luis XVI (detalle)
(1777)

Óleo sobre lienzo. 
Musée Carnavalet. Paris.  




La entrada de hoy comienza con este retrato del rey Luis XVI, realizado por Joseph-Siffred Duplessis (1725-1802), un pintor barroco rococó que realizó muchos retratos de la familia real de Luis XVI, en Versalles. Duplessis pintó también retratos de otros personajes célebres de su tiempo, como el compositor Gluck y Benjamin Franklin.  

Retomo el tema, iniciado hace poco, de la ausencia de vida marital de Luis XVI y María Antonieta durante un largo período de tiempo. Como médico se me plantea la cuestión de porqué el monarca tardó siete años en consumar su matrimonio. Siempre se arguye la fimosis como la causa. Este es un problema muy común, que ciertamente puede entorpecer la cópula. Pero cuando se presenta, generalmente no se demora la intervención quirúrgica.  ¿Por qué en este caso se retrasó tanto?

Es cierto que a Luis XVI no le interesaban mucho las mujeres. Ni tampoco el sexo en sí, ya que no se le conocen tampoco relaciones homosexuales. Es posible que su carácter tímido y retraído, junto con una severa educación puritana hubieran influído en retrasar la decisión. También es posible que hubiera tenido alguna mala experiencia sexual previa, aunque este extremo no se ha podido documentar. 


Retrato al pastel de María Antonieta realizado por Joseph Ducreux
por encargo del Delfín, para que pudiera conocer su aspecto
antes de casarse con ella (1769)
Además, Luis y María Antonieta se casaron demasiado jóvenes, y no estaban  en absoluto enamorados. De hecho, como todos los enlaces reales de la época, fue un matrimonio de conveniencia, justificado solamente por la necesidad de una alianza política entre las casas reales de Borbón y los Habsburgo. De hecho, los contrayentes ni siquiera se conocían. Luis vió por primera vez la figura de la que iba a ser su esposa por un retrato de encargo realizado por Ducreux poco antes de las nupcias. 

Los médicos que le reconocieron en diversas ocasiones no parece que dieran mucha importancia a su fimosis. Puede ser que no fuera una fimosis completa, aunque en este caso tampoco debería haber impedido del todo el coito.  

Un dato que tal vez merezca la pena considerar es que en los meses sucesivos a su boda, Luis perdió bastante peso, a pesar de consumir grandes cantidades de carne de caza, actividad que le apasionaba y a la que se dedicaba constantemente. Este dato incluso nos puede plantear la posibilidad de que tuviese una diabetes. Si así fuera, los niveles altos de glucosa podrían haber contribuido a una cierta impotencia. 


Antoine-François Callet: Retrato de Luis XVI (1786)

El aspecto de obesidad fofa de algunos retratos de Luis XVI han inducido a Androutsos a plantear la posibilidad de un retraso puberal de origen adrenogenital. Esto podría explicar la reiterada opinión de los médicos de que Luis XVI era impotente, y la reiterada abulia del monarca.  

Otra posibilidad es que sufriera una progresiva retracción del prepucio a causa de un liquen escleroatrófico, una enfermedad de prepucio y glande que cursa con el endurecimiento de estos tejidos, que aparecen con un aspecto blanquecino, nacarado. Pero en este caso los médicos probablemente hubieran destacado este cambio de color, que suele ser evidente a la inspección. 

Cabe que la decisión se retrasara por el miedo a la cirugía. Tal como se hacían las intervenciones en aquel tiempo, no parece que sea un argumento desdeñable. No se disponía de anestesia, la higiene era muy precaria y las complicaciones infecciosas debían ser muy frecuentes. La hemorragia y el dolor estaban garantizados. Probablemente, Luis era hipocondríaco y timorato. 

Por otra parte, la circuncisión no era vista como un procedimiento médico, sino religioso. Era una práctica ritual propia de judíos y musulmanes. Circuncidar a un rey de Francia, la católica Francia, la "hija mayor de la Iglesia" podía plantear un conflicto político-religioso que podría explicar el escaso interés médico en practicarla. En la Encylopédie de Diderot la encontramos definida así: 

"Circuncisión, nombre (Teol). Ceremonia religiosa entre los judíos y musulmanes. Consiste en cortar el prepucio de los varones que profesan o quieren profesar la religión judía o musulmana"

Sea como fuere, no tenemos datos demostrables de la causa del inexplicable retraso de la intervención, aunque todos los factores que apuntamos podrían haber contribuído a ello. 



Bibliografía: 

Androutsos G. Le phimosis de Louis XVI (1754-1793) aurait-il été à l’origine de ses difficultés sexuelles et de sa fécondité retardée? Progrès en Urologie (2002), 12, 132-137
http://www.urofrance.org/fileadmin/documents/data/PU/2002/PU-2002-00120132/TEXF-PU-2002-00120132.PDF

Androutsos G. The truth about Louis XVI's marital difficulties. 

http://www.historyofcircumcision.net/index.php?option=content&task=view&id=78

Fogg RN, Boojian SA. The sexual dysfunction of Louis XVI: A consequence of international politics, Anatomy or naïveté? BJUI 2010, Volume 106, Issue 4, p.457-459. 


History of circumcission: Circumcision and phimosis in eighteenth century France. 

http://www.historyofcircumcision.net/index.php option=content&task=view&id=78 

Gillian. Louis' penis problem. 

http://medicalhistory.blogspot.com.es/2012/02/louis-penis-problem.html  

Tilles G. History of circumcision: A French urologist's perspective. Progrès en Urologie, Vol. 9, No. 6, 1999, pp. 1148-1157. 

http://www.historyofcircumcision.net/index.phpoption=com_content&task=view&id=81&Itemid=48

jueves, 22 de diciembre de 2016

La fimosis de Luis XVI (I): El matrimonio no consumado






Antoine-François Callet

Luis XVI con el atuendo de la consagración (detalle)
(1788)

Óleo sobre lienzo. 278 x 196 cm.
Palacio de Versalles  



Para cualquier persona, tener alguna malformación del pene que dificulte la cópula constituye una cuestión preocupante y que puede dificultar el mantenimiento de una relación sentimental. Pero para un rey además puede tener implicaciones políticas y dinásticas.

Este era el caso de Luis XVI (1754-1793). De carácter tímido y retraído, había sido educado en una estricta moral católica, y veía con cierta aprensión a las mujeres. Por motivos políticos, se casó con una joven pincesa, María Antonieta, hija de Francisco I y María Teresa de Austria. La boda tuvo lugar en 1770. Luis tenía 15 años. María Antonieta, 14. Los testigos señalaron que Luis estuvo nervioso y tembloroso durante toda la ceremonia y que rehuyó la mirada de la novia al entregarle el anillo.


Boda del Delfín (futuro Luis XVI) con María Antonieta, 
archiduquesa de Austria en 1770. Grabado de la época.
Durante el banquete que siguió a la boda, el abuelo del novio, el rey Luis XV, tomó al recién casado en un aparte y le aconsejó, musitándole discretamente al oído: 


 - "Procura no cargar mucho el estómago esta noche"
  - "¿Por qué lo dices? - contestó el joven esposo - Yo duermo mucho mejor cuando he cenado bien!"
Una respuesta ciertamente poco habitual antes de una noche de bodas. Efectivamente, eso es lo que hizo aquella noche el delfín: dormir. Apenas rozó un momento la mano a su mujer. Al día siguiente se levantó muy pronto, para ir a cazar. En su diario, el rey Luis XV, anotó aquel día lacónicamente: 
- "Nada"
A partir del día siguiente, Luis volverá a dormir en sus aposentos. Esporádicamente intentaba cumplir con sus deberes matrimoniales y dinásticos en los siguientes meses. De vez en cuando iba a ver a la princesa e intentaba hacerla su mujer. Tras cuatro caricias inexpertas, intentaba el coito en vano. Luis nunca tuvo una gran inclinación por el sexo. De hecho es el único rey francés a quien no se le conoce ninguna amante. 


Además de su escaso interés, Luis sufría un problema médico: tenía una importante fimosis que le impedía abatir el prepucio. Por otra parte, María Antonieta, recién salida de la infancia tampoco estaba en condiciones muy favorables: su vagina era demasiado estrecha y la escasa delicadeza e inexperiencia del gélido y huidizo Delfín no era la manera más adecuada para conseguir una buena lubricación vaginal. 

Transcurrieron algunos meses y la joven princesa comenzó a preocuparse. Lo comentó con su madre, la Emperatriz María Teresa de Austria, que solicitó la ayuda del Dr Van Swieten, archimédico de la Corte de Viena (autor de algunas pócimas reputadas en su tiempo para el tratamiento de la sífilis), por si podía administrar alguna droga afrodisíaca. Pero Van Swieten contestó con evasivas. O sea que los consejos de la emperatriz se limitaron a recomendar a su hija ternura, risas y caricias. Pero el delfín seguía durmiéndose como un bendito al lado de su mujer, extenuado por sus interminables partidas de caza.  


Luis XVI y Maria Antonieta no consumaron su matrimonio hasta siete años después de su boda.


El rey Luis XV pidió entonces al cirujano Dr. La Martinière su opinión al respecto. El monarca era conocedor de la fimosis de su nieto y le pidió que lo reconociera para ver si era conveniente plantear una intervención quirúrgica. Pero La Martinière concluyó que el delfín era impotente y que poco había que hacer. Una opinión parecida fue la del Dr. Lassone, dos años más tarde. El matrimonio seguía sin consumarse. 

En 1774 la viruela acabó con la vida de Luis XV y convirtió a Luis y María Antonieta en los nuevos Reyes de Francia y de Navarra. Ahora el problema se volvía acuciante: tras cuatro años de casados, el matrimonio todavía no se había consumado. En una carta, el conde de Aranda comentaba: 

"Unos dicen que el frenillo comprime tanto al prepucio que no se abate en el momento de la introducción y le causa un vivo dolor que obliga a Su Majestad a moderar el impulso necesario para realizar el acto. Otros suponen que el prepucio tiene adherencias y que no permite dejar salir el extremo del pene, lo que impide la erección completa. Si se trata del primer supuesto, algo parecido les sucede a muchas personas e incluso puede pasar habitualmente en los primeros intentos; pero como estas personas tienen un mejor apetito carnal que su Majestad, a causa de su temperamento más apasionado, el frenillo se desgarra por entero o por lo menos de forma suficiente para que pueda ser usado, lo que poco a poco regulariza el acto por completo. Pero cuando los sujetos son tímidos, el cirujano debe intervenir realizando una pequeña incisión y les libra del obstáculo. Si se da el segundo caso, se debe realizar una operación más dolorosa y grave a su edad, ya que requiere una especie de circuncisión, porque si no se realiza una excisión redondeando los labios de la incisión, el acto será imposible". (Besenval: Memorias, 1805)


Dibujo de sátira pornográfica política.
La desdeñosa María Antonieta aparta de su lado a un
fláccido Louis XVI. Bibliothèque Nationale de France
Hacia finales de 1774 se comentó que Luis iba finalmente a acudir a un cirujano, aunque al final no se decidió a hacerlo. La impotencia de Luis XVI era vox populi, tanto en la Corte como en los barrios de París. Las ofensivas coplas satíricas contra los reyes se cantaban ya por doquier. La propia reina Maria Antonieta confesaba sus preocupaciones a su madre, comentando que su falta de actividad sexual con su esposo andaba ya en boca de todos y era motivo de libelos burlescos. También le comentaba que a ella se le atribuían amantes de ambos sexos. 


Libelo satírico sobre los supuestos amores
lésbicos de María Antonieta


Esto plantea la cuestión de las tendencias lesbianas o bisexuales de María Antonieta. Su insatisfacción sexual la empujó a buscar en las relaciones extramaritales la salida a sus libidinosos deseos. 

Los despiadados panfletos populares ironizaban sobre la desenfrenada vida sexual de la reina, suponiendo que mantenía relaciones lésbicas con sus inseparables amigas Therèse de Saboya, princesa de Lamballe y con la duquesa Gabrielle de Polignac. La odiada soberana concentraba así todo el odio popular al quebrantar a la vez diversos tabús: al despotismo y derroche económico se unía la infidelidad, la homosexualidad y el desenfreno. La indignación popular desencadenaría más tarde la salvaje violación, linchamiento y descuartizamiento de la princesa de Lamballe en las calles de París. 

Pero la insatisfacción sexual de María Antonieta no se limitó a reflejarse en relaciones homosexuales. También tuvo amantes de sexo masculino, comenzando por su propio cuñado, el conde d'Artois (hermano menor de Luis XVI y que años más tarde, con la Restauración borbónica reinaría con el nombre de Carlos X). Otros amantes destacados fueron el duque de Coigny y el conde sueco Hans Axel von Fersen


Grabado pornográfico antimonárquico, que satiriza sobre 
la relación entre María Antonieta y el conde de Fersen.


En 1777, el hermano de María Antonieta, José II visitó a los monarcas francesas. Sometió a Luis XVI a un auténtico interrogatorio, pero que no incomodó al francés que incluso le solicitó su consejo. La opinión de rey austríaco es tajante: Luis debía someterse de inmediato a una circuncisión, y él incluso se ofrece a sostener al paciente en este trance.


Joseph S. Duplessis: Dr Joseph de Lassone, médico del Rey Luis XVI
Óleo sobre lienzo (1785)
 Aunque el informe del médico real Lassonne se mantuvo en riguroso secreto, podemos deducir que la intervención fue un éxito, aunque no sabemos quien la llevó a cabo ni cómo se realizó la intervención quirúrgica

Tres meses más tarde, la reina María Antonieta escribía una carta a María Teresa de Austria: 
"He llegado a la felicidad más esencial (...) hace más de ocho días que el matrimonio ha sido plenamente consumado. La prueba ha sido repetida ayer todavía de forma más completa que la primera vez (...) Creo que no estoy embarazada todavía, pero por lo menos tengo la esperanza de poder estarlo de un momento a otro" 
Según sugiere el urólogo Androutsos, se puede comprender fácilmente que bajo el eufemismo "He llegado a la felicidad más esencial", María Antonieta revelaba a su madre que por fin había podido conseguir un orgasmo.


Bibliografía:  


ALMA S. Marie-Antoinette et BarnaveCorrespondance secrète. A. Colin, Paris, 1934, p. 23.

D’ALMERAS H. Les amoureux de la reine Marie-Antoinette. D’après les pamphlets. Paris, Albin Michel, 1906, 34-62.

ARNETH A.-R, GEFFROY M.-A. Marie-Antoinette. Correspondance secrète entre Marie- Thérèse et le Cte de Mercy-Argenteau. Avec des lettres de Marie-Antoinette et de Marie Thérèse. T 1er, Paris, Firmin Didot Frères, Fils et Cie, 1874, 35-65.

ARNETH A.-R.: Maria Theresia und Marie-Antoinette. Ihr Briefwechsel während der Jahr. 1770-1780. Leipzig, Köhler, Paris, Jung-Treuttel, Wien, Wilhelm Braumüller, 1866, 19-32.

BESENVAL P.-V. Mémoires. Tomo  1, Paris, F. Buisson, 1805, 12-25.

BRETON G. Histoires d’amour de l’histoire de France, Tomo 5, Paris, Noir et Blanc, 1964, p. 203.

CAMPAN J.L.H. Mémoires sur la vie privée de Marie-Antoinette, reine de France et de Navarre. Suivis de souvenirs et anécdotes historiques sur les regnes de Louis XIV, de Louis XV et de Louis XVI. Tomo 1, Paris, Baudouin Frères, 1823, 123-156.

DELORME PH. Histoire des reines de France: Marie-Antoinette. Paris, Pygmalion/Watelet, 1999, 124-126.

KUNSTKER C. La vie privée de Marie-Antoinette. Paris, Hachette, 1938, 28-68.

De LAMBALLE M.-TH. Memoirs. 2 vols, Tomo 1, Londres, Treuttel & Würtz, Jun. & Richter, 1826, 59-88.

LOUGH J. France on the Eve of Revolution: British Travellers’ Observations, 1763–1788. Londres: Croom-Helm, 1987263

MORRIS BJ. Why circumcision is a biomedical imperative for the 21(st) century. Bioessays. 2007 Nov;29(11):1147-58


miércoles, 21 de diciembre de 2016

El baño de Dionisos recién nacido







Infancia de Dionisos

Sarcófago de mármol época imperial
Museos Capitolinos. Roma.




En los Museos Capitolinos de Roma encontramos este sarcófago romano de mármol de época imperial con escenas de la infancia de Dionisos. 


Dionisos niño enseñando a los hombres a plantar viñas
Se trata de un relieve historiado en el que aparecen diversos pasajes del mito de la infancia del dios. Así, en la parte izquierda aparece Dionisos enseñando a plantar las viñas a los hombres, seguido de una escena en la que bebe el vino de un kylix, la copa chata que se usaba en el mundo clásico para beber vino. En el otro extremo aparecen unas muchachas ofreciendo frutos. 


Vista integral del sarcófago con escenas de la infancia de Dionisos 


Dionisos bebiendo, junto a un sátiro 
Pero la escena central es la que capta nuestra atención. Se trata de la escena inmediatamente posterior al nacimiento de Dionisos, en la que se procede al baño del recién nacido. Es fácil colegir que esta debía ser una escena habitual tras los nacimientos en la Antigua Roma. Podemos ver a una sirvienta que vierte agua caliente en un recipiente en donde va a ser bañado el niño, mientras la comadrona, que sostiene al niño desnudo en su regazo, prepara ya un paño para secarlo a continuación. En general es una escena que no difiere mucho de las posteriores representaciones medievales de los baños a los recién nacidos.   


Ofrenda de frutos
Muchas de estas escenas del nacimiento de Dionisos fueron tomadas más tarde por el cristianismo y así podemos encontrar algunos sarcófagos paleocristianos decorados con esta temática. Los pasajes del baño tras el parto fueron continuados por la iconografía cristiana, persistiendo en el arte medieval. Podemos encontrar numerosas escenas de baño de recién nacidos especialmente en las pinturas del Nacimiento de María y en el de San Juan Bautista. Aunque también existen alusiones en algunas en las representaciones del nacimiento de Jesús, son mucho menos frecuentes, ya que el entorno del establo de Belén era menos propicio a estas prácticas de higiene.  


martes, 20 de diciembre de 2016

La dama de los nevus






Ludovico Carracci
 

Retrato de mujer


Óleo sobre lienzo. 
Galleria Nazionale di Arte Antica.
Palazzo Barberini. Roma.




Ludovico Carracci (1555-1619) fue un pintor y grabador boloñés, de familia de artistas (Agostino y Annibale Carracci eran primos suyos, con los que colaboró en algunas ocasiones), y que se formó con Prospero Fontana. Cultivó especialmente la pintura religiosa y algunos retratos. 


El retrato completo de Ludovico Carracci. 
Uno de estos retratos, realizado durante su breve estancia en Roma, es el de esta vieja dama anónima, que observa con mirada seria y algo triste al espectador. Llaman la atención en su rostro surcado por las arrugas algunos prominentes tumores cutáneos, hemisféricos, situados en la nariz y mejillas. Podemos diagnosticarlos fácilmente como nevus intradérmicos, una patología benigna y bastante común. 

La dama presenta también un cierto eritema del borde libre de los párpados (blefaritis) y un leve enrojecimiento en los lados de la nariz, que puede corresponder tal vez a una ligera dermatitis seborreica. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Un niño cardiópata en Palazzo Barberini





Giovanni Lanfranco

San Lucas cura al niño hidrópico


Óleo sobre lienzo. 124 x 178 cm.
Galleria Nazionale di Arte Antica. 
Palazzo Barberini. Roma.  




En una reciente visita a la Galleria Nazionale di Arte Antico, de Roma, ubicada en el Palazzo Barberini de esta ciudad, me encontré con esta obra de Giovanni Lanfranco. Se trata de una adquisición relativamente reciente (fue adquirido por el Estado Italiano en 2011 procedente de la compra realizada a la Galería Alberto di Castro y se incorporó al museo en 2012) por lo que no recuerdo haberla visto antes. La obra me impresionó por representar con todo detalle un evidente caso clínico.  

El cuadro representa a San Lucas, caracterizado como un hombre de edad avanzada, con el cabello cano y barba. Sostiene unos pinceles en su mano izquierda y está sentado ante un caballete en el que hay un cuadro que representa a la Virgen, todavía por finalizar. Según la tradición, San Lucas pintaba, y fue el autor de un retrato de la Madre de Jesús. 

Hay otros atributos que contribuyen a la clara identificación del santo evangelista. Tras él por ejemplo se adivina, más que se ve, la cornuda testuz de un toro, el animal que representa al santo en el Tetramorfos. El tetramorfos (del griego τετρα, tetra, "cuatro", y μορφη, morfé, "forma") es la representación de los cuatro evangelistas con figuras animales: el león (San Marcos); el águila (San Juan); el ángel (San Mateo) y el toro (San Lucas). Este tipo de representación es antiquísima (por lo menos data del s. VI) y probablemente tiene raíces en la mitología egipcia (los cuatro hijos de Horus) o babilónica (astrología zodiacal). Lo cierto es que es una representación iconográfica que desde entonces ha acompañado a los evangelistas, convirtiéndose en su símbolo inseparable. 

Cerca del santo, yace un libro en cuyo lomo puede leerse "Hipócrates", una alusión a la profesión del evangelista, la medicina. En efecto en la epístola a los Colosenses encontramos: 
"Os saluda Lucas el médico amado, y Demas". (Colosenses 4:14)
Tal vez por esta condición de médico del personaje representado es por lo que Lanfranco pintó el niño del cuadro con una semiología tan detallada.

La figura de San Lucas, ya perfectamente identificado con todos sus atributos, ocupa dos tercios del cuadro. Va recubierto con un manto de color azafrán, que deja el pecho al descubierto, y vuelve sus ojos al cielo, como implorando la ayuda divina para curar al caso que le presentan. El tercio restante del cuadro está ocupado por dos figuras: una mujer joven, que fácilmente se deduce que es la madre del niño enfermo, al que señala preocupada y el niño hidrópico que espera la curación. 

El niño, de 2 o 3 años de edad, está totalmente desnudo, y presenta una coloración oscura, cianótica, y una cara de gran tristeza. Los labios y los párpados aparecen amoratados, intensamente cianóticos. Observa a Lucas con una mirada implorante, subrayada por grandes ojeras. Lo que más destaca es que presenta un vientre muy prominente, claramente hinchado. Al verlo salta a la vista el diagnóstico de ascitis.   

La ascitis o hidropesía (como era más habitual denominarla antes) es la acumulación de líquido seroso en el peritoneo, es decir entre el revestimiento del abdomen y los órganos. Hay muchas enfermedades que pueden cursar con ascitis: como transtornos del hígado (cirrosis, ciertos tipos de hepatitis), pancreatitis, insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, síndrome nefrótico, algunos cánceres y tuberculosis. Menos frecuentemente puede verse en infecciones por Clamydia o gonococo, o en el lupus eritematoso. 

Cuando la ascitis es importante (como en el caso representado en el lienzo) puede cursar con ardor de estómago (pirosis), dificultad al respirar (disnea) y dolor de espalda, en la región lumbar, lo que justificaría la forzada postura del niño. Los tobillos aparecen hinchados, edematosos, aunque no los vemos en este cuadro.  

El santo médico toma el pulso radial del niño con la mano derecha, mientras implora con la vista la ayuda del cielo. La mano del niño pende lánguida, desfibrada. 

Pero ¿cuál es la enfermedad del niño? ¿que le ha producido la hidropesía y la peculiar coloración de su piel? 

No es del todo sencillo contestar a esta pregunta. No tenemos datos anamnésicos, ni tampoco sobre la evolución de la enfermedad. Establecer un diagnóstico en estas condiciones es arriesgado. 

Por eso consulté la opinión de mis compañeros los Dres. Joan Llibre, nefrólogo, Mercedes Cerdeira, dermatóloga y Ahmad Zatarieh, pediatra. Coincidimos todos en que podía tratarse de una insuficiencia cardíaca de causa congénita, debida a la corta edad del niño y la intensa cianosis. Lo más probable es que fuera un defecto del septo ventricular (CIV), como afirma Heyne en un reciente artículo publicado en la revista médica Pediatrics o una transposición de grandes vasos o tetralogía de Fallot. Si así fuera, tal vez sería la primera descripción gráfica de una cardiopatía congénita, mucho antes de que fuera descrita clínicamente, ya que Lanfranco murió en 1647, mientras que la tetralogía de Fallot fue vislumbrada por primera vez en 1673 por Stensen, descrita posteriormente por Hunter en 1784 y no fue diferenciada clínicamente hasta que lo hiciera Étienne-Louis Arthur Fallot en 1888. 

Giovanni Lanfranco (1582-1647) fue un pintor italiano del período de transición del clasicismo al barroco pleno. Formado inicialmente con el boloñés Agostino Carracci (hermano de Annibale Carracci) en Parma, su ciudad natal, destacó por la decoración de cúpulas que parecían abrirse paso hacia el cielo. Trabajó posteriormente en Roma, donde compitió con Domenichino en la realización de frescos, con tal rivalidad que llegó a acusarlo de plagio. En la pintura de Lanfranco se hace patente también la influencia del valenciano José de Ribera, que se había establecido en Nápoles. Lanfranco fue un pintor muy inquieto, que exploró diversos estilos (manierismo, barroco, tenebrismo) y que - tal vez sin saberlo - nos legó este auténtico documento clínico.  


Bibliografía:


Heyne TF. Lanfranco’s Dropsical Child: The First Depiction of Congenital Heart Disease? Pediatrics July 2016  138 (2), p. e20154594
http://pediatrics.aappublications.org/content/early/2016/07/14/peds.2015-4594


domingo, 18 de diciembre de 2016

Ungir los pies a la novia





Nova nuptia
(150-170 d.C.)

Relieve de sarcófago con escena nupcial 
Mármol pentélico. 
(Colección Drago Albani)
Museo Nacional Romano. Palazzo Altemps
Roma.




Este relieve representa el rito del lavatorio de los pies que en la tradición romana precedía de forma preceptiva a la boda. Los estudiosos no se ponen de acuerdo si la novia representada es Hipodamia o Electra y aún otros piensan que puede tratarse de Ifigenia. Lo cierto es que antes de los esponsales los pies de la novia eran lavados cuidadosamente, secados y ungidos posteriormente con aceites perfumados que se aplicaban con una esponja. Esta operación era realizada por la madrina o pronuba, que tenía que ser una matrona casada una sola vez, univira

La pronuba también acompañaba y ayudaba a la novia en todos los rituales de boda, que eran muchos. Le recogía el pelo en moños y la cubría con un velo anaranjado, el flammentum, que le cubría la cara. Sobre éste solía ponerse una corona de flores. La novia debía dormir la noche antes vistiendo la túnica blanca de novia que iba recogida delante del pecho con el cingulum herculeum, un cinturón con doble nudo de lana.

El acto de la boda en sí consistía en firmar las tabulae nuptiales, contrato mediante el que se fijaban las cláusulas de restitución de la dote en caso de futuro divorcio, delante de diez testigos. Luego se entregaban los anillos que se ponían en el dedo anular, donde se creía que un nervio los conectaba directamente al corazón. Los anillos ahuyentaban los malos espíritus y eran circulares como símbolo de eternidad. 

La pronuba unía las manos de los contrayentes, que pronunciaban la fórmula nupcial: 
- "Ubi tu Gaius, ego Gaia(donde tu vayas, allí iré yo)

En el convite de bodas, el marido ponía una torta de trigo en la cabeza de la novia, simbolizando la fertilidad. Él comía una parte y los invitados se disputaban las migas. Con el tiempo dió origen a la costumbre de la tarta de boda. 

Después, los novios se dirigían a la casa de la novia donde el cónyuge simulaba arrancar a su esposa de los brazos de su madre. Luego iban a la casa del marido donde los acompañantes levantaban a pulso a la esposa para que entrara en la casa sin tocar el quicio de la puerta y allí se le entregaba agua y una antorcha de espino, símbolos del culto del hogar.  


Grabado neoclásico reproduciendo la unción de los pies de la novia con ungüentos perfumados











     
Este relieve, datado al inicio de la época antonina (150-170 d.C.)  fue uno de los que inspiró a Winckelmann en el s. XVIII el movimiento neoclásico y lo encontramos reproducido en grabados de esta época.