viernes, 18 de agosto de 2017

El médico que escribía en verso: López de Villalobos (III): Tratado de las pestíferas buvas*






Óscar Alvariño

Antonio de Nebrija
(1992) 


 Medallón en piedra. Pabellón de Petrineros.
Plaza Mayor. Salamanca 



Lamentablemente, no nos han llegado imágenes de Francisco López de Villalobos, el médico que escribía de medicina en verso. Por eso encabezamos esta entrada con el medallón de Antonio de Nebrija, que probablemente fue el editor del Sumario de la Medicina. Aunque su nombre no figura en la obra, se ha podido identificar la marca del autor de la primera Gramática Castellana. El Sumario de la Medicina está dedicado a Pedro Álvarez Ossorio, segundo marqués de Astorga, bajo cuyo mecenazgo estaba por entonces, López de Villalobos. 

Intelectualmente, parte de la obra médica de Villalobos permite considerarlo como uno de los primeros médicos humanistas españoles, como señala Granjel. Sin embargo, a diferencia de éstos carece de la formación filológica suficiente para acudir al conocimiento directo de las fuentes del saber médico clásico y tampoco manifiesta el suficiente espíritu crítico para discutir los conocimientos médicos heredados. Su estricta fidelidad a la doctrina de Avicena es patente en su obra. Cabría esperar que en su estudio sobre la sífilis, enfermedad nueva, que describe basándose en su experiencia personal, prescindiera de esta influencia. Pero aún allí recurre una y otra vez a un galenismo arabizado que ya debiera estar superado en aquel tiempo.  Esta tendencia es todavía más patente en su obra Congressiones: vel duodecim principiorum liber nuper editus, publicada en Salamanca en 1514.


La sífilis en Europa a finales del s.XV


En el momento en que Villalobos escribe el Sumario... la medicina europea está marcada por un acontecimiento que la marcó irremisiblemente. La sífilis había irrumpido en Europa de forma brusca en la última década del s. XV. Clásicamente, se le atribuye un origen americano (habría sido traída por los marineros de Colón a su regreso del Nuevo Mundo) y se atribuye su difusión a la guerra de Nápoles

En efecto, el rey francés Carlos VIII pretendía la corona de este reino. Fernando de Aragón, posteriormente llamado "el Católico" se opuso a tal pretensión, considerándola como una usurpación. Se desencadenó entonces una guerra abierta entre franceses y españoles. Por la parte francesa se reunió en Lyon en 1494 un poderoso ejército compuesto por 36.000 hombres. Lo formaban en buena parte mercenarios, que acudieron de los vecinos países: flamencos, gascones, suizos y, sobre todo, italianos y españoles. Es fácil imaginar que algunos de estos últimos podían haber acompañado a Colón en el viaje del Descubrimiento. Cuando el numeroso ejército de Carlos VIII partió hacia Nápoles, le siguió otro, no menos nutrido, de más de 800 prostitutas, para cubrir las necesidades de la tropa, según se acostumbraba en aquel tiempo. El sitio de Nápoles fue largo y la guerra duró más de dos años. Los soldados tomaban y retomaban las plazas vecinas con lo que las posibilidades de contagio se multiplicaron en ambos bandos. Finalmente, un poderoso ejército español, a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, llamado "el Gran Capitán", venció a las huestes francesas, en Fornovo, liberando Nápoles.

Tras la batalla de Fornovo (5 de junio de 1495) empezaron a aparecer casos de una nueva enfermedad, que según Cumano, médico de Carlos VIII comenzaba por:

            "...unas pústulas como granos de mijo, que suelen aparecer en el prepucio o el glande..."

Los desmanes y saqueos de la ciudad de Nápoles, con las múltiples violaciones producidas por la soldadesca, así como el fin de la campaña con la repatriación de las tropas y su dispersión por toda Europa pronto consiguieron la extensión del nuevo mal.

Debido a que aparició acompañando a las tropas francesas, los napolitanos le llamaron "morbo gallico" o "mal francés". Naturalmente los franceses no aceptaron de buen grado esta denominación que les relacionaba con una enfermedad "vergonzosa", por lo que usaron otro nombre, como "mal de Nápoles". El aluvión de novedades que traían los españoles tras el descubrimiento de América levantó pronto sospechas de su posible origen americano, por lo que también se le conoció como "mal español", "mal de Indias" o "sarampión indiano". Lo cierto es que en la Europa renacentista, en pleno surgimiento de los estados, la guerra de los nombres tomó unas evidentes connotaciones nacionalistas. Así, mientras en Castilla se le llamaba "sarna de los portugueses", éstos le llamaron "mal de Castilla". La lúes pasó también a Inglaterra a partir del comercio con la ciudad de Burdeos, por lo que se le denominó "enfermedad de Burdeos".

En Cataluña y Aragón se le conocía como "mal de simientes", probablemente por relacionarlo con los órganos de la generación. Por el mismo motivo, Gaspar Torrella se refiere a ella como "pudendagra", por comenzar en las partes pudendas. Finalmente surgieron unos nombres más clínicos y neutrales, que hacían referencia a las lesiones cutáneas de la fase secundaria. Así en Alemania se le llamó "scabies grossa", en Francia "gran viruela" y en España "mal de bubas". Por bubas se entendían lesiones cutáneas papulosas en forma de botón y no los "bubones" o adenopatías como vulgarmente suele creerse.


El “Tratado de las pestíferas buvas”


Ante este importante acontecimiento médico, Villalobos decide complementar El Sumario de la Medicina con una especie de apéndice, titulado El tratado de las pestíferas buvas. Esta segunda parte está dedicada completamente a la sífilis, y es sin duda la parte más conocida. Mucho se ha escrito y comentado sobre esta obra, tal vez la más meritoria por su fino sentido clinico, en el que se describen diversos aspectos de la nueva afección, y sobre todo por ser uno de los primeros tratados sobre ella.

La sífilis había aparecido en Europa a finales del s.XV. Los médicos comenzaron a escribir sobre este tema en 1496, es decir al poco tiempo de la aparición de los primeros casos. El alemán Grünpeck publicó un tratado titulado "De pestilentiali scorra sive mala de Frantzos", en el que habla de:

            "...una enfermedad casi ajena a la naturaleza, que no se había visto todavía y que hasta ahora era absolutamente inaudita"

Poco después el italiano Nicola Leoniceno, profesor de medicina en Ferrara, publicó su libro "De morbo gallico", en el que alude incluso a autopsias de sifilíticos y describe por primera vez la hemiplejía luética y en donde abunda en esta idea de enfermedad desconocida:

            "...me siento obligado a creer (y no puedo persuadirme de que sea de otro modo) que este mal que en nuestros días ha surgido súbitamente no ha aparecido nunca anteriormente".

Parecidas opiniones se encuentran en otras obras primerizas, más eruditas y especulativas que prácticas. Mucho más clínico que los anteriores fue el valenciano Gaspar Torrella, que había sido médico del papa Borgia (o Borja), Alejandro VI. En 1497 escribió un tratado sobre la lúes a pesar de que hacía 10 años que no ejercía la medicina, pues había sido nombrado obispo de Santa Justa, en Cerdeña, a instancias del Sumo Pontífice y de su hijo natural, César Borja, probablemente afectos del nuevo mal.

Al año siguiente Francisco López de Villalobos escribió el "Sumario de la Medicina, con un tratado sobre las pestíferas bubas". Se trata de la primera obra sobre sífilis escrita en España, ya que Torrella, que había desarrollado toda su vida profesional en Roma,  publicó su tratado en esta ciudad.

El estudio de Villalobos es especialmente famoso en algunos de sus pasajes, en donde ya deja clara la forma de contraer la nueva enfermedad:

"Fue una pestilencia non vista jamás 
En metro ni en prosa, ni en ciencia ni estoria, 
muy mala y perversa y cruel sin compás, 
Muy contagiosa y muy sucia en demás 
Muy brava, y con quien no se alcanza victoria. 
La cual hace al hombre indispuesto y gibado; 
La cual en mancar y doler tiene extremos; 
La cual obscurece el color aclarado. 
Es muy gran bellaca y así ha comenzado   
Por el más bellaco lugar que tenemos                                  
...

Algunos dijeron la tal pestilencia 
venir por lujuria, en que hoy peca la gente 
y muestrase propia y muy justa sentencia 
cual es el pecado, tal la penitencia: 
la parte pecante es la parte paciente."

La observación clínica de la nueva enfermedad se hace con detalle:

1)    Señala la topografía de la primera manifestación de la enfermedad. En numerosos pasajes se alude a su comienzo en la zona genital:

es muy gran bellaca y así ha comenzado 
por el más bellaco lugar que tenemos 

ni puso hacer su comienzo primero 
en el sexo viril, o en el que es de mujer 

“...y al principio vienen 
al miembro que hace las generaciones” 

las causas por que esta pasión comenzó 
por aquestos miembros que son vergonçosos

2)    Se describe como primera lesión el chancro (buba o llaguita), destacando sus características clínicas: duro, indoloro y negruzco. Es posible que fuera Villalobos quien primero describió la dureza del chancro y su carácter indoloro. También describe los encordios, palabra con la que se refiere expresivamente a los ganglios, a los que acertadamente alude en plural (lo que más tarde Ricord denominará pléyade ganglionar)

3)    Se señala la aparición de dolores articulares,

“con éstas, dolores muy fuertes provienen 
en todas junturas...”

También se señalan los dolores osteocopos nocturnos y las exóstosis (durujones) de las tibias.

4)    Se hace referencia a las manifestaciones cutáneas del secundarismo luético en forma de postillas negras, pústulas o costras, destacando que aunque pueden presentarse varias formas clínicas (estrofa XXXIX), el común denominador es la afectación generalizada de todo el cuerpo.

Alude a diversas formas de sifílides:
·     Bermejuras (roseola)
·     Botor  (sifílides papulosas)
·     Pústulas (sifílides pustulosas)
·     Postillas (sifílides papuloescamosas o papulocostrosas)
·     Bubones (sifílides tuberosas)
·     Nodos y durujones (tumores gomosos)

      También señala que entre la primera erupción y el secundarismo transcurre un cierto tiempo.



5)    Aunque especula con diversas etiologías, de acuerdo con su tiempo, no se le escapa su claro carácter de transmisión sexual:

Algunos dijeron: la tal  pestilencia 
venir por lujuria, en que hoy peca la gente 
y muéstrase propia y muy justa sentencia 
cual es el pecado, tal la penitencia: 
la parte pecante es la parte paciente

Cabe señalar que Villalobos insiste en diversas ocasiones en la contagiosidad de la enfermedad. Ya en su inicio, anuncia este concepto:

Del licenciado de Villalobos, sobre las contagiosas y malditas bubas, estoria e medicina

Aunque Fracastor no había publicado todavía su obra De contagione et contagiosis morbis eorunque curatione (1546), el concepto de contagio estaba admitido en la ciencia como una verdad generalmente admitida.




Bibliografía


Cumano: cit. por: Gruner CG: Aphrodisiacus sive de lue venerea. Jena, 1789
Torrella G: Tractus cum consiliis (contra) Pudendagram, seu morbum gallicum. Roma, 1497
Grünpeck J: Tractatus de pestilentiale scorra sive mala de Frantzos, 1496
 Leoniceno N: De morbo gallico. Milán, 1497
Sierra X. Historia de las ETS. En: Vilata JJ. Enfermedades de transmisión sexual. Barcelona JR Prous, 1993.

jueves, 17 de agosto de 2017

El médico que escribía en verso: López de Villalobos (II): El Sumario de la Medicina






Francisco López de Villalobos

El Sumario de la Medicina 
(1498) 


 Libro incunable
Biblioteca Nacional de España 




El “Sumario de la Medicina”

El Sumario... fue la primera obra de Villalobos (Aquí está el enlace al libro completo, que gentilmente nos ha facilitado @FurryLibrarian, via Twitter). La obra fue publicada cuando Villalobos contaba 24 años. No es de extrañar que esté totalmente impregnada de la doctrina del galenismo arabizado bajomedieval. Como hemos visto esta era la doctrina dominante en las facultades de medicina españolas a finales del s.XV, y en donde el Canon de Avicena era la casi exclusiva fuente de conocimiento médico. La mayoría de los capítulos del Sumario siguen exactamente los del Canon de Avicena y su lenguaje está plagado de arabismos tomados de la terminología de esta obra

Villalobos escribió esta obra en castellano, dirigiéndola a aquellos médicos que no tenían un gran conocimiento del latín y para los que era difícil encontrar textos de medicina en lengua romance. En la Baja Edad Media, la implantación del castellano y del catalán en las universidades españolas era considerable y muchos médicos recurrían a una mezcla de lengua romance con un latín desvirtuado. A partir del s.XVI el castellano se implanta progresivamente como lengua de expresión médica, sustituyendo paulatinamente al latín, ya que se favorecía así la difusión de los conocimientos. El propio autor comentaba la razón de escribir la obra en verso castellano:

“porque en su tierra ay muchos físicos bien expertos y letrados en ella que la estudiaron en otra lengua, y como esta fuese destos reynos y prouincias rematada quedaronse los dichos fisicos con la sciencia en la voluntad y en potencia no mas faltandoles el principal instrumento con que la pudiesse manifestar y reduzir en acto”

No obstante, no se le ocultan al autor los peligros de escribir en romance: la obra es así más asequible para cualquier tipo de público, y puede ser leída por profanos, favoreciendo el intrusismo. Para evitarlo, Villalobos se refugia más aún en un avicenismo a ultranza para que solo pueda ser entendida por quien “en la dicha sciencia tenga principios”.


El Sumario de la Medicina está escrito en coplas. Algunas obras médicas de la época fueron escritas en verso, aunque en ningún caso fue un estilo frecuente. Se trata de un resumen del Canon de Avicena, al que sigue con total fidelidad. La obra considera la patología humana según el orden tradicional, comenzando por la cabeza y terminando en los pies (a capite ad calcem). Se aporta una breve definición de cada enfermedad, explicando brevemente su etiología, sus principales síntomas y algunos consejos terapéuticos. La denominación de las enfermedades está por lo general plagada de arabismos tomados directamente de Avicena. 


Dentro de esta obra aparecen también algunos temas dermatológicos, que por poco conocidos tal vez merezcan nuestra atención. Citaremos por ejemplo la definición de erisipela y su diagnóstico diferencial con el furúnculo, descrito inmediatamente antes:

"Erisipela es un apostema causado 
de cólora, y es más caliente y más fuerte, 
y muy más bermejo quel antepasado, 
quell otro es negrito,verde y colorado, 
más hondo y de quien más materia se vierte"

 Se refiere algo más adelante al carbunco:

"Carbúnculo es un apostema y tumor 
de sangre muy gruesa, dañada y maligna, 
es rúbeo y negrillo en mezclada color, 
que da intolerable y terrible dolor 
y haze vexiga royente y dañina"

También describe algunos signos importantes de la lepra :

"La lepra es passión muy maldita y dañada, 
de cólora adusta o de melancolía, 
la cual por los miembros está derramada, 
y no podrescida, mas es conculcada, 
y así les podresce y corrompe y resfría, 
la qual haze luego bermejo el color, 
que tiende haza negro, y la voz enronqueze, 
y hiédele el cuerpo y aliento y sudor, 
y siente en el sueño tristeza y temor; 
su pelo y cabello se pela y peresce"



La parte VII del "Sumario..." se dedica integramente a problemas del cabello y cosmetológicos, como reza su título: "De decoración, que es de la Medicina que toca en la hermosura y belleza, de la generación del cabello y de la depilación dél" La caída del cabello, en aquel tiempo como ahora, ocupa una parte importante en la consulta médica. Villalobos propone tratarla con sangrías y con lavados de determinadas plantas:



"Mas el desraygarse se llama alopicia, 
porque a su rayz van corruptos humores 
que con su maldad se destronca y desquicia, 
y cualquiera humor mostrará su malicia 
nel cuero, que allí dexan sus colores; 
evacua el humor o la sangre que sobra; 
si es nueva alopicia, hazle un lavatorio 
de murta y de yedra, que en esto mucho obra, 
y con linimento el cabello se cobra 
compuesto según el humor accesorio"

La caspa (furfur), que compara con el salvado, también era un tema de interés:

"Es furfur salvado, y es una passión 
que se hace en el cuero, y es que se levanta; 
la cura daquesta tal escoriaciónes 
con mucilages hazer lenición, 
y aceite de almendras es cosa muy santa"

Los modernos peelings para cicatrices y pigmentaciones encuentran su precursor en esta obra, en el pasaje titulado "Para hazer el gesto hermosos y quitar los hoyos de viruelas y las pecas", donde se propone:


"y si de viruelas hay hoyos n'elgesto 
untadle con queso y con miel y con sal, 
y ungüento cetrino es muy bueno para esto; 
si pecas o paño en el rostro está puesto, 
colirio de mirra aprovecha a este mal"

Los panadizos son tratados mediante evacuación de la colección purulenta:


"Es el panarizo apostema calente 
que trae a la uña dolor y congoxa; 
si el cuerpo está lleno, evacuarse consiente, 
y pónganle luego algún repercuciente..."


De muchas otras patologías cutáneas trata el "Sumario...", como morfea, empeines, sarna, sudoración excesiva, verrugas... que no comentaremos por no extendernos demasiado. Terminaremos con un adecuado consejo higiénico:


Del hedor de los sobacos y pies:
"Si hubiese hedor en sobacos y en pies 
la cura es andar limpiamente vestido, 
con murta y alumbre se lave después, 
y cosa olorosa a comer le darés, 
como es casia lígnea y espica molido..."
           



Bibliografía



Granjel LS. Los médicos humanistas españoles. Archivo Iberolatinoamericano de Historia de la Medicina y Antropología médica 1956, 8: 273-284.

Vázquez de Benito, C. La herencia árabe. En: López de Villalobos  F. Sumario de la Medicina (estudios introductorios) Universidad de Salamanca. Salamanca, 1997: 163-170.

Vázquez de Benito, C. Los arabismos. En: López de Villalobos  F. Sumario de la Medicina (estudios introductorios) Universidad de Salamanca. Salamanca, 1997: 171-174.

Cumano: cit. por: Gruner CG: Aphrodisiacus sive de lue venerea. Jena, 1789
Torrella G: Tractus cum consiliis (contra) Pudendagram, seu morbum gallicum. Roma, 1497