viernes, 15 de diciembre de 2017

Chopin (III): La autopsia del corazón







Monumento funerario donde reposa el corazón de Frédéric Chopin


Iglesia de la Santa Cruz. Varsovia




Chopin murió a los 39 años en París, ciudad en la que pasó una gran parte de su vida. En el funeral celebrado en la iglesia de la Magdalena de esta ciudad, fue enterrado en el cementerio del Père Lachaise, a los sones de la Marcha fúnebre que él mismo había compuesto. 


Tumba de Chopin. Cementerio Père Lachaise. Paris. 
Sin embargo, antes de morir, Fréderic Chopin  pidió que su corazón fuese llevado a su Polonia natal. Enterrar el corazón en el lugar de nacimiento era una práctica que era muy frecuente en la época romántica como un símbolo de amor a la patria y de pertenencia a una determinada comunidad. Era una práctica bastante extendida en el s. XIX, y así se hizo con otros ilustres personajes (como por ejemplo el corazón de Mariano Fortuny que yace en la iglesia de St. Pere, de Reus, su ciudad natal). 

El Dr. Jean Cruveilhier había firmado el certificado de defunción de Chopin, declarando como causa de muerte la tuberculosis. Pero cuando el mismo médico poco después realizó la autopsia, no lo tuvo tan claro. Sacó el corazón del cuerpo del compositor, y en el acta de la autopsia, hoy extraviada, parece ser que anotó que la muerte le había sobrevenido por algo que no era tuberculosis sino "una enfermedad no encontrada previamente". 

El corazón de Chopin, extraído ya del resto del cuerpo fue metido en una redoma de cristal posteriormente rellenada con coñac como conservante. Así fue llevado  a Polonia por la hermana del difunto, sorteando de manera clandestina la frontera de este país, que estaba custodiada por guardias rusos. 

Busto de Frederic Chopin por Andrew Szczepaniec
Durante la II Guerra Mundial, en septiembre de 1939, la Luftwaffe bombardeó Varsovia y destruyó muchos edificios de la ciudad, como la iglesia y el pilar donde estaba enterrado el corazón de Chopin. Al parecer fue precisamente un soldado alemán quien sacó el corazón del pilar de la iglesia durante la guerra, antes de que ambas fueran destruidas, y que luego la reliquia pasó por diversas manos antes de ser devuelta al arzobispo de la ciudad. Incluso se asegura que una de esas manos que custodiaron el corazón fue precisamente las del mismo hombre que llevó a cabo tal destrucción: el general de la SS Erich von dem Bach-Zelewki, comandante de las fuerzas alemanas que brutalmente acabaron con el Levantamiento de Varsovia en el verano de 1944. 


Tras todas estas peripecias, el corazón de Chopin fue alojado en un monumento funerario en la iglesia de la Santa Cruz de Varsovia 
en 1945. Lo preside una frase bíblica:  
"Donde está tu tesoro, 
allí está tu corazón'' 
Estatua de Chopin en el  Łazienki Park, Varsovia 
Pero las peripecias que sufrió la preciada reliquia hacen que algunos dudan que el corazón que se puso en el pilar de la iglesia en octubre de 1945, en medio de la celebración patriótica en las ruinas de la devastada ciudad, sea en realidad el de Chopin. Aunque el aspecto de la jarra de cristal, el procedimiento de conservación, y el hilo de cierre nos remiten indudablemente al París de 1850.   

En las últimas décadas se volvió a discutir sobre la causa de la muerte de Chopin. Se lanzó la hipótesis de que tal vez podría haber padecido algún otro proceso, como una mucoviscidosis, enfermedad degenerativa de origen genético que afecta sobre todo a las vías respiratorias con síntomas similares a la tuberculosis y que no era bien conocida en su época. Tras esto surgieron multitud de teorías, unas apuntaban a que la fibrosis quística - que no había sido descrita todavía en 1849 - fue lo que lo puso fin a su vida. También se apuntó que tal vez había heredado un tipo de enfisema (deficiencia de alfa-1 antitripsina). Pero la falta de datos no permitía llegar a ninguna certeza.

En el año 2008, un grupo de investigadores polacos partidarios de la teoría de que Chopin padecía mucoviscidosis, solicitaron tomar una muestra del corazón para realizar una determinación de ADN, pero les fue denegado el permiso. 

Molde póstumo de la mano izquierda de Chopin
En 2014 el equipo de investigadores dirigido por Michal Witt de la Academia de Ciencias de Polonia pudo finalmente obtener el permiso para examinar el corazón del compositor. Las conclusiones de su estudio han sido publicadas recientemente en  The Journal of American Medicine.

Los investigadores se encontraron así frente a un corazón cubierto de una fina capa de materia blanca y fibrosa. Un signo de pericarditis, una inflamación de la membrana que rodea al músculo cardíaco (el pericardio), y que es una complicación mortal de la tuberculosis. Las lesiones más visibles eran tres pequeños nódulos de unos pocos milímetros a un centímetro de diámetro. imputables probablemente a la tuberculosisTambién detallan las lesiones debidas a la autopsia que se le hizo tras la muerte o las deformaciones del órgano causadas por las condiciones de conservación.

Hay que tener en cuenta que el corazón no fue sacado de su jarra por la firme oposición de la tataranieta de una de las hermanas de Chopin y que secundaron tanto el antiguo director del Instituto Chopin de Polonia como el cardenal Kazimierz Nycz, arzobispo de Varsovia


Sin embargo, tras el detallado examen macroscópico los investigadores afirman: 
"sobre la base de este análisis visual, se puede afirmar con una probabilidad muy alta que Frédéric Chopin padeció durante mucho tiempo de tuberculosis como enfermedad primaria, lo que causó el deterioro gradual de su estado físico y numerosos síntomas, en particular a nivel de las vías respiratorias. Una pericarditis tuberculosa que evolucionó rápidamente en poco tiempo (...) podría haber sido la causa directa de su muerte. "
Sin embargo, la inspección meramente visual del corazón de Chopin es considerada insuficiente por muchos. Haría falta un estudio histológico y analítico más preciso para poder sacar conclusiones realmente definitivas. No se descarta pues totalmente la preexistencia de una fibrosis quística hereditaria y la de una estenosis mitral. Para ello haría falta un estudio más detallado que, de momento, no está autorizado por la conservadora sociedad polaca. 


Chopin. Marcha fúnebre





Nocturno 20






jueves, 14 de diciembre de 2017

Chopin (II) : El hombre y su enfermedad








Zofia Walska 

Frédéric Chopin
(1998)


Busto de bronce 
Valldemossa. Mallorca




En una entrada anterior nos referíamos al retrato que Delacroix hizo de Chopin . Hoy comenzamos con este busto del famoso compositor polaco realizado por Zofia Walska. Fue donado por Polonia en 1998 y se encuentra junto a la casa de la localidad mallorquina de Valldemossa en la el compositor vivió dos temporadas acompañado de George Sand, y donde compuso la mayor parte de sus Preludios (Op 28). 

Fotografía de Frederic Chopin
La novelista romántica George Sand había conocido a Chopin en 1836, en una reunión organizada por Franz Lizst. En 1838 ella le presentó al pintor Eugène Delacroix que mantuvo con ambos una gran amistad. 

En esta época la escritora había iniciado una relación sentimental estable con el compositor durante diez años (1838-1846). Durante este tiempo - el período creativo más fructífero de Chopin, en el que compuso sus 24 Preludios - el compositor  tuvo graves problemas de salud y la pareja se trasladó temporalmente a Mallorca por consejo de su médico con la esperanza de restablecerse en el dulce clima mediterráneo de las Baleares. Establecidos en la cartuja de Valldemosa, George Sand dejó detallada constancia de esta estancia en la isla en su libro "Un hiver à Majorque".

Busto de Chopin en la celda de la 
Cartuja de Valldemossa donde se alojó
Ya en la isla, el joven músico tenía accesos de tos casi a diario. Fue diagnosticado entonces de tuberculosis. Era un diagnóstico muy habitual en aquel tiempo: la alta prevalencia de la enfermedad, la tos persistente, las frecuentes infecciones pulmonares y la progresiva consunción del insigne pianista parecen ir en favor de este diagnóstico. 

Sin embargo, la enfermedad que sufría Chopin no afectó ni a la escritora ni a los hijos de ésta, cosa que sorprende ya que la tuberculosis es muy contagiosa. Este hecho ha hecho que algunos expertos actuales hayan puesto en duda este diagnóstico en las últimas décadas. 

Pero la polémica sobre la enfermedad de Chopin trajo cola, e incluso se ha llegado a exhumar recientemente parte de sus restos mortales para intentar aclarar el diagnóstico correcto. Aunque esto merece un comentario aparte, y le dedicaremos una próxima entrada del blog. 


Chopin. Nocturno op. 9 nº 2




Bibliografía

Goldberg H, The Age of Chopin: Interdisciplinary Inquiries, Indiana University Press, 2004, ISBN 0-253-21628-1

Jalinière H. L'autopsie du cœur de Chopin révèle la cause de la mort du compositeur. Sciences et avenir https://www.sciencesetavenir.fr/sante/l-autopsie-du-coeur-de-chopin-revele-la-cause-de-sa-mort_118143

Néret G, Delacroix, Berlin, Taschen, 2000, ISBN 3-8228-5988-5

Sand G. Un hiver à Majorque. Le livre de poche. Paris, 1996.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Chopin (I): El cuadro de Delacroix







Eugène Delacroix 

Frédéric Chopin
(1838) 


Óleo sobre lienzo 46 x 38 cm 
Museo del Louvre. París




El pintor Eugène Delacroix (1798-1863) realizó este retrato inacabado de su amigo Frédéric Chopin en 1838. 

El retrato de George Sand, actualmente
en el Ordrupgaard Museum de Copenhague
Frédéric Chopin (1810-1848) fue un famoso compositor y pianista polaco (su nombre era originalmente Fryderyk Franciszek Chopin, aunque se le conoce más por la forma afrancesada que usó habitualmente) que alcanzó un alto grado de perfección técnica, de gran elaboración armónica y refinado estilo que lo sitúan en los más altos niveles de la música universal. 

El cuadro que Delacroix pintó representaba al músico tocando el piano mientras su amante, la escritora George Sand (1804–76) lo escuchaba sentada a su lado mientras fumaba un cigarro (cosa que hacía con frecuencia). Esta obra permaneció en el estudio de Chopin hasta su muerte. No se sabe bien si fue un encargo o un regalo de su autor, aunque se trataba de una obra inacabada, en la que curiosamente el piano no estaba terminado. 

Reconstrucción hipotética actual de como debía ser el cuadro original de Delacroix 

Tras su muerte, la tela fue partida para vender por separado los retratos de los dos personajes. Actualmente, el retrato de Chopin (del que solo se conserva la cabeza) forma parte de la pinacoteca del Louvre, en París, mientras que la figura de George Sand se exhibe en el Ordrupgaard Museum de Copenhague. 

En una próxima entrada comentaremos diversos aspectos de la biografía de Chopin y de sus problemas de salud. 



Chopin. Piano Concerto num. 1. Evgene Kissin



martes, 12 de diciembre de 2017

Rilke: el poeta que murió por una rosa






Leonid Pasternak

Rainer Maria Rilke en Moscú
(1928) 

Óleo sobre lienzo
Colección de Bajer. Weimar




Rainer Maria Rilke (1875 - 1926) fue un poeta checo que escribió habitualmente en lengua alemana. Amplió los límites de expresión de la lírica y extendió su influencia a toda la poesía europea, siendo considerado uno de los poetas más importantes de la literatura universal. También escribió varias obras en francés. 


Lou Andreas-Salomé
Tras un breve intento de carrera militar, estudió historia del arte e historia de la literatura en Praga. Más tarde residió en Munich, donde en 1897 conoció a Lou Andreas-Salomé, una rusa de San Petersburgo, casada con un catedrático de lenguas asiáticas. Lou se dedicaba a enamorar a hombres de gran nivel, a los que luego abandonaba. Por su vida pasaron Nietzsche, Freud y Mahler. Rilke tenía 21 años cuando fue arrastrado por la personalidad de esta mujer libre, casi quince años mayor que él. Entre los dos establecieron una complicidad amorosa, y al mismo tiempo una gran admiración que al final desembocó en una amistad estética. Vivieron y viajaron juntos. Ella le llevó a Italia y también a Rusia, su patria, donde pudo conocer a León Tolstoi. 

En 1900 Rilke se trasladó a Worpswede. Poco después se casó con la escultora Clara Westhoff, con la que tuvo a su única hija, Ruth, y a cuyo lado escribió el Libro de horas. Cuando se separaron, se instaló en París, donde durante ocho meses trabajó como secretario privado de Rodin. Allí escribió Canto de amor y muerte del alférez Cristobal Rilke, y más tarde Los cuadernos de Malte Laurids Brigge

Rainer M. Rilke
Tras una crisis personal, emprendió nuevos viajes: a Egipto y África del Norte (1910-1911) y a España (1912-1913), persiguiendo el misticismo del Greco. En 1911 y 1912, la princesa Marie von Thurn und Taxis, lo invitó a instalarse en el castillo de Duino, en Trieste, donde escribió precisamente las Elegías de Duino.

Durante la I Guerra Mundial fue movilizado, aunque pronto fue licenciado por problemas de salud. De esos años es la intensa relación amorosa con la polaca Baladine Klossowska, madre de P. Klossowski y del pintor Balthus, presuntos hijos naturales nunca reconocidos por el poeta. Tras la guerra residió en Suiza y en 1922 vivió en el castillo de Muzot, donde finalizó las Elegías. 

Rilke gozaba de mala salud y en el último año de su vida (1926) enfermó de leucemia, contra la que intentaba luchar en diversos balnearios. Un día de diciembre, Rilke estaba cortando rosas para hacer un ramo de ellas que regalar a una amiga, cuando se pinchó con una espina del rosal. 


Vidriera modernista con rosas. Museo de Arte de Cerdanyola

Aquella herida aparentemente banal causada por la espina de la rosa tuvo un cuso tórpido, no curaba por más tiempo que pasaba y supuraba continuamente. Las heridas producidas por plantas tienen una alta probabilidad de infectarse, debido a la falta de esterilidad del ambiente en el que viven, lleno de polvo y frecuentado por los insectos. Además suelen quedarse restos vegetales en el interior de la piel. Por otra parte, la inmunidad del escritor no debía ser muy buena, a causa de su leucemia. Así que, la herida, infectada, se complicó, y acabó dando lugar a una septicemia, una infección generalizada que acabó con su vida. Una complicación similar por cierto a la que acabó con la vida del músico Scriabin.

Hay quien se olvida de la leucemia, auténtica causa de la muerte de Rilke y sólo se acuerda de la rosa. Como él mismo escribió en Las elegías del Duino"Lo bello no es sino el comienzo de lo terrible". Hay que reconocer que para un poeta, pocas muertes hay más dignas que morir a causa de una espina de una rosa, cortada para una amiga. Tanto que hasta nos olvidamos de su leucemia de base. 

El epitafio que el propio Rilke creó para su tumba fue:


Rosa, oh contradicción pura, placer, 
ser el sueño de nadie 
bajo tantos párpados.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Simposios de antes y de ahora







Escena de un symposium
(c. 490-480 aC)

Kylix de cerámica de figuras rojas
Hecha en Atenas 
De Vulci. Italia


En los tiempos actuales, si decimos que vamos a asistir a un simposio se sobreentiende que es una reunión, un pequeño congreso, generalmente sobre un tema monográfico. En general los simposios (en plural deberíamos decir symposia) son frecuentes en las diversas especialidades médicas y en otras profesiones sanitarias, como farmacéuticos, veterinarios o enfermeras. 

Etimológicamente la palabra simposio deriva del griego συμπόσιον, transliterado symposion, palabra que a su vez viene de unir συμ (sym = juntos) y πόσιον (posis = beber) es decir encontrarse para beber juntos, para celebrar un banquete. En estas reuniones de amigos se solía beber, comer algo y también departir de diversos temas. Era costumbre entre los griegos que los intelectuales, la gente educada hablara de filosofía o de política mientras tomaban unas copas. 

Una prueba de estas reuniones la hallamos en algunas obras clásicas de la filosofía griega, como "El Banquete" de Platón o de Jenofonte; las "Charlas de mesa" de Plutarco o "El banquete de los eruditos" de Ateneo. 

Aspecto de un banquete griego según una cerámica de figuras rojas

A estas reuniones se asistía por invitación. Los invitados solían bañarse antes de acudir a estos encuentros. Al llegar, la el invitado se descalzaba, para pasar a la sala del banquete. A veces se coronaba a los invitados con guirnaldas de hojas o de flores y otros adornos. 
ÇLos criados les ofrecían a continuación el aguamanil y la jarra para se lavaran las manos, práctica necesaria ya que luego comían casi todos los manjares con los dedos. Vertían agua sobre sus manos y luego les ofrecían una toalla para secarse (Odisea IV, 47-54). 

Solían comer tumbados, o más bien con las piernas extendidas, en un lecho, pero con el torso recto o ligeramente inclinado apoyado en cojines o almohadones, como se ve en tantas pinturas y bajorrelieves. El número y colocación de estos lechos era muy variable. En un mismo lecho podían estar dos e incluso tres invitados. 

Naturalmente, existía un protocolo y una etiqueta. Los lugares más próximos al anfitrión eran los considerados los de mayor preferencia. El anfitrión solía indicar personalmente a cada invitado el sitio que le correspondía.

Las mesas, eran pequeñas y portátiles. Podía haber una por cada comensal o por cada lecho. Podían ser cuadradas, rectangulares o redondas, con tres patas. En ellas se colocaban los platos o cuencos en raciones ya preparadas.

Symposium, beber juntos.

La cena comenzaba a menudo con el propoma, que podríamos traducir por «aperitivo». Se trataba de una copa de vino aromatizado de la que se bebía por turno antes de empezar a comer.

Luego seguía la cena propiamente dicha, dedicada a comer diversos manjares. No siempre había servilletas, se limpiaban los dedos con bolitas de miga de pan que luego tiraban, con los huesos y demás desperdicios a los perros de la casa que circulaban por debajo de las mesas y los lechos. Si había servilletas en todo caso las solía llevar el comensal (eran más un pañuelo que otra cosa)

La segunda parte estaba dedicada sobre todo a la bebida y a la conversación. Algunos asistentes estaban solamente invitados al simposio propiamente dicho, y podían llegar después de la cena.

Aunque ya se había servido algo de vino al comer los diversos platos, esta segunda parte estaba dedicada de forma más monográfica a la bebida. Se empezaba a beber con las libaciones votivas  habituales en honor de los dioses, especialmente de Dioniso, el dios que trajo el vino a los hombres.

La libación consistía en beber una pequeña cantidad de vino puro y en salpicar algunas gotas invocando el nombre del dios. Luego se cantaba un himno a Dioniso, y después se designaba, casi siempre al azar, con los dados, al «rey del banquete» (simposiarca) , cuya función principal consistía en fijar las proporciones de la mezcla del agua y vino en la crátera y decidir cuántas copas debía vaciar cada invitado.

Los sirvientes solían mezclar el vino con agua en unos grandes recipientes (crateras). Beber el vino puro era considerado como una costumbre de bárbaros. A veces también se les añadían especias para perfumarlo. Luego se servía en copas (Kylix) muy anchas y bajas, frecuentemente decoradas con escenas de la mitología o de la vida común, como la que encabeza este escrito. 

Bailarina en un simposium
Se acostumbraba a beber por la salud de todos los asistentes. El que desobedecía al rey del banquete debía cumplir una especie de castigo, por ejemplo bailar desnudo o dar tres vueltas a la habitación llevando en brazos a la tañedora de aulos (una especie de oboe), cuya presencia era obligada en todo simposio.

Además de beber, en esta parte tenían lugar toda clase de distracciones en común y muy diversas, según los lugares y las épocas: conversaciones, adivinanzas, audiciones musicales, espectáculos de danza, etc. En las casas ricas los espectáculos eran muy sofisticados y existían algunos empresarios, como el siracusano Céfalos que eran muy famosos, aunque bastante caros.  Durante la conversación o los espectáculos los sirvientes servían pequeños platos (tragémata) para acompañar la bebida : fruta fresca o seca, dulces, habas o garbanzos tostados, etc.

A menudo los banquetes terminaban en medio de la embriaguez general, y las pinturas de los vasos muestran a mujeres que sostienen y llevan con dificultad a sus casas a los bebedores en estado lamentable.

Comensal, haciendo girar el Kylix para lanzarlo
Según muchos creen, en estos banquetes surgió la costumbre del brindis. Las copas se entrechocaban y a veces se vertía el contenido de una en otra, una manera de demostrar que todos bebían lo mismo. Una constatación interesante ya que así se descartaba que se hubiera envenenado la copa de uno de los asistentes. 

Luego era frecuente coger el kylix por una de sus asas y hacerlo girar en el aire, para luego soltarlo bruscamente y estrellarlo en el suelo, como puede verse en algunas decoraciones de cerámica de figuras rojas que han llegado hasta nosotros. Esta práctica era considerada un homenaje a una bailarina o cantante de los espectáculos que se alternaban con la conversación. Aún hoy, en Grecia sigue en cierto modo viva esta costumbre. En algunos de mis viajes a Grecia he asistido a algunos batzoukis, especie de cabarets locales donde una cantante deleita al público que bebe y toma frutos secos en las mesas del local. Una de las camareras vende platos de arcilla con flores encima. Los platos están envueltos en papel de estaño para evitar los cantos cortantes al romperse. Por un precio módico se puede adquirir una docena de estos platos uno encima de otro. Si a los asistentes les gusta la actuación arrojan estos platos como homenaje a los pies de la cantante. Nótese bien que a los pies, aunque algún energúmeno tira a dar. Lo cierto es que en estos casos las vedettes tienen mucha pericia en sortear el tiro malintencionado. Según me contaron, antes de los años 70, también se podían arrojar vasos, platos, sillas e incluso mesas (mientras luego se pagara la factura, claro) 

Hetaira, en un simposio
Tradicionalmente, a los simposios de la Grecia clásica, solamente asistían hombres. El machismo y la segregación sexual eran la norma en aquella antigua civilización patiarcal. Las mujeres quedaban totalmente excluidas de estas reuniones sociales. Como compensación tenían banquetes reservados para ellas, por ejemplo, en Atenas, en las termoforias. 

Sin embargo en el siglo de Pericles algunas mujeres asistían a los banquetes. eran las cortesanas o hetairas, mujeres de gran cultura, capaces de sostener una conversación intelectual. Aunque lo cierto es que luego esta calificación se ha aplicado a prostitutas de cierto nivel. 

Tal vez ahora, cuando asistamos a un simposio médico recordemos aquellas reuniones de alegres bebedores griegos. Y es que a veces, los mejores comentarios científicos tienen lugar cuando ya se sale de la sala de conferencias y se departe amigablemente con algunos colegas, incluso alrededor de una refrescante copa.