jueves, 7 de septiembre de 2017

Las luengas barbas de Helena Antonia






Anónimo

Retrato de Helena Antonia de Lieja
(1595) 

Óleo sobre tela 
Museo Nacional de Baviera 




Este retrato es el más antiguo que conocemos de Helena Antonia de Lieja, una dama que fue famosa en su tiempo por presentar una larga barba. En este primer retrato vemos a la joven Helena Antonia presentando ya una marcada vellosidad facial, una barba clara, si bien de dimensiones relativamente pequeñas. 

Retrato de una barbuda Helena Antonia de Lieja (1631)
Museo Nacional Wroclaw
Los posteriores retratos de esta dama que han llegado hasta nosotros permiten observar ya una larga barba, que con el tiempo llegará casi hasta la cintura. Asimismo se aprecia una alopecia androgenética de la zona frontal, que a pesar de estar cubierta por un gorro, evidencia unas marcadas entradas.  

Helena Antonia fue dama de compañía de la corte de Constancia de Habsburgo, reina de Polonia y visitó Wroclaw (Breslau) en 1621. La pintura fue encargada para que formara parte del gabinete de curiosidades de la parroquia protestante de Sta. Maria Magdalena de Wroclaw. 

Helena Antonia era natural de Lieja. La barba le comenzó a crecer a los nueve años de edad. En 1599, la fecha del primer retrato, dejó de menstruar definitivamente. Es conocida la afición por las monstruosidades y por la patología que tenían las cortes barrocas, que coleccionaban estas anomalías como objeto de exhibición.  Así que Helena Antonia pasó primero a la corte episcopal de Ernest, obispo de Lieja, duque de Baviera y arzobispo de Colonia. Más tarde pasó a la corte de la archiduquesa María, madre de la reina de España Margarita de Austria (esposa de Felipe III). Esta vida de corte explica el lujo con el que habitualmente va vestida.

Helena Antonia fue también representada en grabados. Uno de ellos se acompaña de unos versos en latín: 
"Heus cur barba tibi? Capram decet illa virumque: 
Barba vir nunquam, sed potes esse capra 
Saepe tuus Pronomus thalami inter gaudia dixit: 
Uxor amata mea es, capra petulea mea es!"

Agradezco a Antoni Janer, profesor de Lenguas Clásicas en Mallorca y habitual seguidor de este blog la traducción amablemente este poema:   

"Hey ¿por qué llevas barba? Esta es propia de una cabra o de un hombre:
Y hombre no eres, pero puedes ser una cabra
A veces, en medio del placer, tu compañero de tálamo te decía: 
"Tú eres mi amada mujer, tú eres mi petulante cabra"

Llama la atención este poema, escrito con evidente intención sarcástica.  Se introduce la idea de que la barba no convierte a la dama en un hombre (recordemos que en esta época se concedía más valor a los hombres que a las mujeres), sino que se interpreta como algo que la rebaja al nivel animal, en este caso el de una cabra, animal especialmente despectivo. 

En 1602 el filósofo y médico Marcus A. Patavinus escribió un tratado  titulado Phisiologia barbae humanae. Probablemente el interés que tenía en el estudio de las barbas hizo que se interesara por el caso de Helena Antonia, que en aquel momento residía en Brescia, por lo que solicitó información sobre ella a uno de sus amigos Gisbertus Veconius. La respuesta que este le envió fue la siguiente: 


"Nuestra Helena barbuda tiene ahora 20 años y su fisionomía es totalmente viril. Su barba le llega a la cintura, de color castaño oscuro, espesa y completa. Comenzó a salir poco a poco desde que tenía 9 años. Sus padres, asombrados, le hacían al principio afeitarse, pero viendo que volvía a crecer rápidamente de nuevo, la dejaron así. Como que eran pobres, la donaron al serenísimo e ilustrísimo obispo de Lieja, después de Flandes, llamado Ernesto, duque de Baviera y arzobispo de Colonia, el cual la presentó a su hermana, nuestra serenísima archiduquesa María, madre de la reina Margarita de España, en cuya casa vivió Helena algunos años"
(Traducción del original italiano, Xavier Sierra)

Helena Antonia, con otras damas de la corte, en un carruaje
Tras la introducción anterior, Veconius daba una serie de respuestas a las preguntas formuladas por Marcus, sobre las características de la que él denomina orgullosamente "nuestra Helena", como si el fenómeno de la naturaleza constituyera un motivo de satisfacción para los ciudadanos de Brescia. 

Las respuestas de Veconius eran: 

I. Su barba es espesa, completa y fuerte del mismo modo que el bigote, que cae a ambos lados de la boca. El pelo de la barba cubre las mejillas y el mentón 
II. El pecho está poco desarrollado 
III. Hasta ahora la regla no le ha aparecido 
IV. Goza de buena salud y vive bien y sin preocupaciones 
V. Tiene muy buen carácter, muy cariñosa y tranquila. Es bastante lista, aunque no demasiado sutil  
VI. Es de estatura mediana, de complexión atlética y muy bien proporcionada.  
VII. No sabemos muy exactamente la fecha de su nacimiento y no conserva muchos recuerdos. 

Aunque algunos de estos datos son algo contradictorios nos parece que el caso de Helena Antonia podría corresponder o bien a un estado intersexual, o a una patología ovárica o suprarrenal, tal vez un tumor. 






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