viernes, 8 de septiembre de 2017

Nistatina, el antifúngico de N.Y.state






Rachel Brown y Elisabeth Hazen
 en su laboratorio

Fotografía en blanco y negro
Schlesinger Library on the History of Women in America. Harvard University



Muchas veces no se divulga lo suficiente el trabajo de las mujeres que han contribuído al progreso científico, que quedan relegadas al silencio de sus laboratorios. Y sin embargo algunas de ellas han  realizado aportaciones muy importantes para la ciencia. 

Rachel Brown en el laboratorio neoyorquino donde
descubrió la nistatina
Es el caso de dos mujeres que trabajaron para desarrollar un fármaco que fuese eficaz frente a las enfermedades producidas por hongos: Rachel Fuller Brown (1898-1980) y Elizabeth Hazen (1885-1975). 

Rachel F. Brown había nacido en Springfield, Massachussets. Era muy estudiosa y trabajadora y se graduó a la vez en historia y química, gracias a la financiación de una amiga de su familia Henrietta Dexter. Antes de doctorarse, trabajó en el Departamento de Salud del Estado de Nueva York (Albany), famoso por sus investigaciones sobre agentes causantes de enfermedades humanas y por la creación de vacunas y anti-sueros. Ayudó a desarrollar una vacuna contra la neumonía que todavía se usa hoy en día. También investigó cómo mejorar las pruebas para el diagnóstico de la sífilis. 

Elizabeth Lee Hazen era natural de Rich, Mississippi y quedó huérfana de padre y madre a muy corta edad, por lo que fue criada por su abuela materna y un tío paterno. Tras licenciarse en Biología en la Universidad de Columbia, especializándose posteriormente en microbiología. En 1931 entra a trabajar en el Departamento de Salud del estado de Nueva York como bacterióloga. Algunos años más tarde, en 1944 se le encomendó estudiar específicamente las micosis, enfermedades producidas por hongos. 

En aquel momento, la aparición de la penicilina, un antibiótico producido por hongos y que era activo frente a diversas bacterias había producido una gran convulsión en el mundo de la microbiología y abría nuevas perspectivas. 

En 1948, Rachel Brown y Elizabeth Hazen a pesar de trabajar en dos laboratorios diferentes y distantes, aunaron esfuerzos en el desarrollo de un fármaco para matar varios tipos de hongos. Brown disponía de las habilidades y capacidades necesarias para identificar, caracterizar, y purificar las diferentes sustancias producidas en los cultivos microbiológicos. En su laboratorio de la Ciudad de Nueva York, Hazen cultivaba organismos encontrados en muestras del suelo y comprobaba su acción in vitro contra dos hongos, Candida albicans y Cryptococcus neoformans. Si encontraba actividad en un cultivo determinado, lo enviaba por correo a Hazen, que trabajaba en Albany en un bote de los utilizados para envasar mermeladas, frutas, etc. Brown, que ya era una reconocida micóloga, aislaba el agente activo en dicho cultivo, en una época en la que las técnicas de separación no eran muy sofisticadas. 



Así, tras meses de investigación e intercambios, llegaron a aislar un nuevo germen. Había sido aislado a partir de una muestra de tierra del solar de una fábrica de un amigo de la Dra. Hazen, Walter B. Nourses, por lo que decidieron llamarlo  Streptomyces noursei

Esta bacteria segregaba una sustancia activa, que inhibía el crecimiento de los hongos Candida. Brown y Hazen la llamaron nistatina, por proceder de la tierra del estado de Nueva York (de N.Y. state = nystatin). 

La nistatina actuaba fijándose al ergosterol de la membrana de estos hongos levaduriformes, destruyéndola y desparramando el contenido citoplasmático. En cambio, no tenía efecto alguno sobre las células eucariotas, por lo que su toxicidad para los humanos era nula. Tampoco se absorbía y no llegaba al torrente sanguíneo. 


La fórmula de la nistatina, uno de los primeros antifúngicos
La nistatina fue aprobada por la FDA en 1954 y patentada  el 25 de junio de 1957. Desde entonces se ha usado para tratar las candidiasis humanas,  en pomadas y para tratar el tubo digestivo (sin absorberse), pero también para tratar la enfermedad del hongo holandés en árboles o para restaurar las obras de arte afectadas por ciertos mohos.  

Elizabeth Hazen y Rachel Brown recibieron varios premios y reconocimientos por su descubrimiento, entre ellos fueron las primeras mujeres en obtener el Chemical Pioneer Award del American Institute of Chemists en 1975 

Los importantes beneficios que obtuvieron por su patente (unos 13 millones de dólares) los invirtieron en Research Corporation, una Fundación de respaldo a la enseñanza e investigación en ciencias biomédicas. Gracias a esta donación se pudo instituir Brown-Hazen Research Fund para subvencionar a las mujeres que querían seguir una carrera científica. Durante más de cincuenta años, Brown participó activamente en la Asociación Americana de Mujeres Universitarias, apoyando la participación de mujeres en la ciencia. Rachel Brown, agradecida, quiso también devolver a Henrietta Dexter, la mujer que la había ayudado en su época de estudiante, el dinero que le había prestado para su formación. 

Poco antes de morir, Rachel F. Brown dejó escrito en un artículo en la revista Chemist
"espero que en el futuro haya igualdad de oportunidades y logros para todas las personas de ciencia, sin que importe su sexo".





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